Harry, el sucio (Don Siegel, 1971)

Clint Eastwood es una leyenda del cine, es un hecho, no hay duda. No solo por su carrera como actor, sino también por su brillante trayectoria como director. Sin embargo, todas las leyendas tienen un principio, y en el caso de Eastwood, fue como uno de los primeros «tipos duros». Tras darse a conocer como uno de los forajidos más fríos del Viejo Oeste en los spaghetti western de Sergio Leone a mediados de los sesenta, la carrera de Eastwood fue hacia arriba con títulos como La jungla humana (Don Siegel, 1968) y Los violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970). Pero alcanzaría lo más alto de la industria cinematográfica de su California natal, cuando se metió en la piel del detective de la policía de San Francisco, Harry Callahan, más conocido como Dirty Harry o Harry el sucio.
Una mujer es asesinada en un ático de San Francisco por un misterioso francotirador que, para horror de la ciudad, deja una nota, firmada con el sobrenombre de Scorpio, amenazando en seguir matando cada día si no se le paga un rescate. Aunque al principio las autoridades no aceptan, la muerte de un niño y el posterior secuestro de una joven, los llevan a aceptar el dinero con la esperanza de conseguir detenerlo, pero no es así. Sin embargo, con lo que no cuenta el asesino, es que el agente responsable de la investigación no es otro que el detective Harry Callahan, más conocido como Harry, el sucio, que no dudará en hacer todo lo que esté en sus manos —sea legal o no— para detener a este maníaco que aterroriza las calles de San Francisco.
Lo curioso de la icónica —y ya casi legendaria— relación entre Clint Eastwood y Dirty Harry, es que en un principio el actor no había sido el elegido para el papel. El personaje, que estaba pensado para un hombre de más de cincuenta años, en concreto se había pensado en Frank Sinatra, que rechazó el papel por no poder sostener el mítico revólver Magnum del calibre 44 de Smith & Wesson. Sin embargo, Eastwood no fue ni la segunda ni la tercera opción, ya que después de Sinatra se sondeó a John Wayne, Burt Lancaster, Robert Mitchum, Steve McQueen y Paul Newman, que también renunciaron al personaje, pero fue el último de ellos que recomendó que se lo ofrecieran a Eastwood, que si bien apenas tenía cuarenta años, supo meterse en la piel de este mítico icono de la cultura mundial. A pesar de su juventud y de no ser, todavía, una gran estrella, Eastwood solo puso una condición para aceptar el papel, que el escenario dejara de ser Nueva York para serlo su ciudad natal, San Francisco. Pero, por casualidades del azar, resultó que el actor que, en teoría, no encajaba en el papel y el rodaje en una ciudad que no era la original, convirtió esta cinta policíaca y a su protagonista en dos referentes, no solo del cine, sino también de la cultura pop.

«Sé lo que estás pensando: si dispare las seis balas o solo cinco. La verdad es que, con todo este ajetreo, también yo he perdido la cuenta. Pero siendo este un Magnum 44, el mejor revólver del mundo, capaz de volarte los sesos de un tiro, ¿no crees que debieras pensar que eres afortunado? ¿Verdad que sí, vago?»

Imaginemos, por un segundo, como hubiera sonado esta celebre frase de Dirty Harry interpretada por cualquiera de los candidatos anteriores a Eastwood. Por suerte, no fue así.
A pesar de la brillante interpretación de Eastwood del detective Harry Callahan —que le valió para llevar a cabo cuatro secuelas—, Harry, el sucio no se sustenta solo en ella, sino que hay dos elementos más que juegan a favor de la película: el villano y la idoneidad de la trama. Scorpio fue interpretado por un desconocido Andrew Robinson, consiguiendo una personaje realista de un psicópata y asesino en serio, que incluso lo llevó a recibir amenazas de muerte y, eso, cuando el actor era un declarado pacifista y hacía una mueca de desagradado cada vez que tenía que sostener una arma, aunque eso le da un cierto toque más de locura a Scorpio.
Además, la película se inspiró en el asesino del Zodiaco que actuaba en la zona de San Francisco a finales de los sesenta, y supo captar la atención del público que necesitaba ver como ese temido asesino —que no fue capturado— recibía un severo castigo, aunque solo fuera en la ficción.
Dirty Harry es, además de una gran película, un auténtico tributo a la ciudad de San Francisco. Solo a excepción de la famosa escena del tiroteo frente al banco, toda la película fue rodada en los exteriores de la ciudad californiana, seguramente cumpliendo la petición de Eastwood, que, además de actor, ejercía como productor ejecutivo con The Malpaso Company.
En pocas palabras, Harry, el sucio fue importante —y sigue siéndolo— por que, por un lado, supo contar una historia realista a la vez que daba a luz a un icono del cine y la cultura; y, por el otro, estableció las bases de un género tan relevante hoy en día como es el policíaco, en el que un duro agente de la ley, a pesar de sus métodos bastante expeditivos, se convierte en el mejor policía de la ciudad y al que todos recurren. Además, con Harry, el sucio, Clint Eastwood se convirtió el tipo duro original, dando forma a un papel que iría perfilando a través de los años, con películas como El sargento de hierro (1986) o, incluso, Gran Torino (2008).

Rambo: Acorralado - Parte II (George P. Cosmatos, 1985)

Tras unos años picando piedra por lo sucedido en Acorralado, John Rambo recibe la visita de un viejo conocido, el único hombre en el que confía, el coronel Samuel Trautman. El coronel es el responsable de una importante misión para salvar presos en Vietnam y, como no podía ser de otro modo, el único hombre que puede llevarla a cabo no es otro que Rambo. Así que tras un rápido papeleo burocrático, el veterano de guerra más duro de la historia salta sobre territorio enemigo para cumplir una simple misión… Hacer fotografías a un campo de prisioneros. Como no podía ser de otra manera, la cosa se tuerce cuando Rambo se pasa por el forro las órdenes y decide rescatar a los presos, mientras acaba con todos los «malos» que se cruzan en su camino. Eso sin olvidarnos de la extraña relación sentimental que surge con su hermoso contacto local, una chica llamada Co. Sin embargo, lo que no saben Trautman y Rambo es que todo es una pantomima para acabar una guerra que hace demasiados años que dura, por lo que John será capturado los vietnamitas y los rusos, y no tendrá más remedio que fugarse, sin olvidarse acabar con cuantos se lo quieran impedir.
Para cortar de raíz con la seriedad de la primera parte de la trilogía y convertir está película en la que todos conocemos, los realizadores se bastaron con cuatro líneas de dialogo de lo más profundas. ¿Cómo justificar que Rambo sude durante toda la película? Fácil, uno de los jefes suelta: «Aquí el calor es insoportable, nunca he visto nada igual», y ya está. ¿Cómo hacer que Rambo se lie a hostias? Aún más fácil, alguien dice: «Solo fotografías, en ningún caso deberá enfrentarse al enemigo», normal siendo un hombre que ha dedicado al combate toda su vida solo se dedicará hacer el hipster en territorio enemigo. ¿Cómo hacer borrón y cuenta nueva sobre el trauma vivido en la primera parte? Todavía más fácil, alguien duda: «¿Está seguro que no está desequilibrado por la guerra? No podemos designar esta misión a alguien que puede derrumbarse bajo presión en aquel infierno», a lo que el coronel Trautman responde: «¿Presión? Le diré que Rambo es el mejor veterano de combate que he visto. Es una máquina de lucha con un solo deseo, ganar una guerra que otros perdieron. Y si para ganar debe morir, morirá. Sin miedo, sin lamentarse. Y otra cosa, a lo que usted llama infierno, él lo llama hogar». Toma ya, olvidémonos del sufrimiento de Acorralado y dejemos que Rambo haga aquello para lo que ha sido entrenado… ¡Matar! ¡Matar! ¡MATAR!
Sylvester Stallone retoma uno de sus papeles más míticos para llevarlo un paso más allá y hacerlo aún más legendario. Incluso cuando se le ofreció a John Travolta como compañero, Stallone se negó, Rambo se valía solo. A pesar de que Clint Eastwood con su Harry el Sucio siempre se ha considerado como el primer tipo duro del cine, hablando en propiedad, el concepto de «tipo duro» nacería realmente con esta película y el personaje interpretado por Sylvester Stallone. Sino, ¿cómo se explica que haya sido el único capaz de reunir en una misma película a Schwarzenegger, Norris, Willis, Van Damme y Statham? ¡Claro está! Por que Stallone / Rambo es el tipo duro original, el fue el primer «prescindible», que para aquellos que no lo sepan en inglés es «expendable». Además dejó el listón muy alto, ya que a lo largo de toda la película llega a matar a más de sesenta personas, sin contar las víctimas derivadas de la explosión del campo de prisioneros. Y lo que es aún mejor es que se vale de un cuchillo, un arco y unas flechas… Aunque bueno, no sé yo si unas flechas con puntas explosivas se pueden considerar o no armas de fuego. Sin olvidarnos de la ametralladora del helicóptero que utiliza como si fuera un arma de asalto ligera… Pero da igual, es Rambo.
A parte de Stallone, Richard Crenna vuelve en el papel de coronel Trautman, convirtiéndose en el máximo valedor de Rambo mientras no hace más que soltar las lapidarias que Rambo no suelta. Además, el director, George P. Cosmatos, contó con actores de cierto valor como Charles Napier, Julia Nickson, George Cheung y uno de los grandes villanos del cine, Steven Berkoff.
En el apartado técnico, dos nombres propios brillan por encima de todos los demás, primero el gran compositor Jerry Goldsmith se hace cargo de la banda sonora; mientras que el guión está firmado por James Cameron, aunque, por lo que se sabe, la historia del creador de Terminator era muy diferente de la que se vio en el cine, habiendo pasado por las manos del propio Stallone.
Rambo: Acorralado - Parte II marcó un antes y un después en la historia del cine de acción, hasta entonces todas las muertes debían ser justificadas. Pero esta película demostró que, si por el bien del espectáculo, se debe causar el caos a lo largo y ancho de un país, dejando un reguero de sangre y cadáveres, pues se hace y listo, da igual que más de la mitad de las víctimas sean irrelevantes. La verdad es que con Rambo se reinventó el cine de acción, a la vez que se creaba un nuevo género que daría tanto de que hablar.

Lapidaria:
Trautman: Usted ha cometido un error.
Murdock: ¿Ah, sí? Dígame cual.
Trautman: Rambo.

Cien años de perdón (Daniel Calparsoro, 2016)

Después de la bochornosa Combustión (2013), parece que el director Daniel Calparsoro se ha puesto las pilas y nos ha mostrado algo digno de visionado, lejos de la vergüenza ajena que fue su anterior película. En Cien años de perdón nos encontraremos con un buen thriller de robos y atracos.
En una mañana cualquiera, seis hombres irrumpen en un banco de Valencia. Su plan parece perfecto y da la sensación que lo tienen todo controlado. Lo que parecía un robo limpio y fácil pronto se complica, y nada saldrá como estaba planeado. Esto provoca desconfianza y enfrentamiento entre los dos líderes de la banda, “El Uruguayo” y “El Gallego”. Sobretodo cuando se descubre que en una de las cajas del banco hay datos que implican a un importante partido político del país.
La cinta comienza con ritmo ya desde el primer momento, enseguida vemos como los atracadores asaltan el banco y toman rehenes, todo de una manera muy organizada y profesional. Algo que dura muy poco ya que el plan que tenían no sale como estaba previsto y deben buscar una alternativa.
A priori nada destacable en comparación a cualquier otro film de atracos, pero donde realmente la hace interesante a la película es esa subtrama política que se descubre por el hecho de guardar en el banco un disco duro con datos “sensibles” sobre un partido político, datos que si salieran a la luz pública podrían comprometer al partido en cuestión. En ese momento se inicia una investigación de evaluación y riesgo por parte de los responsables del partido junto con algunos miembros de la policía para deshacerse o evitar que esos datos caigan en malas malos. Evidentemente esto es España y enseguida nos viene a la mente los partidos que podrían encajar en dicho perfil. Valencia, corrupción, en fin, son elementos que nos tocan de cerca. Siempre he pensado que el cine español debería tirar más por lo hechos que podemos sacar de aquí en lugar de intentar emular siempre lo que hacen los americanos. Al fin y al cabo tenemos mucho donde basarnos. Y eso es lo bueno que tiene la peli, aquí no aparece el típico ladrón superinteligente que lo tiene planeado todo al milímetro o al inspector de policía experto en estas situaciones capaz de detener a los ladrones antes de que puedan escapar. Aquí los delincuentes también tienen problemas y no les salen las cosas como habían planeado, aunque es verdad que en ese aspecto quizá esté algo exagerado ya que en ciertos momentos sus acciones resultan cómicas. El plantel es el de siempre, Luís Tosar no necesita esforzarse para dar siempre una buena interpretación, donde haya un thriller pon un Tosar, y donde hayan polis pon un José Coronado, otro que va a piñón fijo y poco necesita para destacar, por lo demás resaltar a Raúl Arévalo como contacto del partido político y a al argentino Rodrigo De la Serna como el “Uruguayo” cuyo acento e interpretación te sacarán de quicio.
En definitiva Cien años de perdón no deja de ser un buen thriller de atracos, entretenido, con ritmo y con una trama interesante y muy cercana, en este tipo de pelis siempre acabamos empatizando con los delincuentes e incluso queremos que se salgan con la suya, pero es que en este caso más, al fin y al cabo quien roba a un ladrón...

Una compañía de héroes. Capítulo 3


—Cariño, ven —exclamó su esposa des del comedor.
Nesty abandonó la cocina y salió corriendo hacia el comedor. En la radio se podía escuchar la voz del Presidente Roosevelt.
—… Ayer, 7 de diciembre de 1941, una fecha que pervivirá en la infamia, los Estados Unidos de América fueron sorpresiva y deliberadamente atacados por fuerzas navales y aéreas de Japón…
La esposa de Nesty se estremeció de pánico. Al igual que él, no quería vivir otra guerra. Mientras su esposa cogía en brazos a su pequeño hijo, como si tuviera que huir con él en ese mismo instante, Nesty escuchó detenidamente las palabras del Presidente, hasta que oyó lo que no deseaba oír.
—… Le pido al Congreso declarar que, debido al cobarde ataque no provocado efectuado por Japón el domingo 7 de diciembre, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos y el Imperio de Japón.
Muchos fueron los que se alistaron para formar parte de los marines, y así poder entrar en combate contra los «japos». Muchos de los compañeros de Nesty no dudaron ni un segundo en alistarse para vengar a los hombres caídos en Pearl Harbor. Él ya había vivido una guerra, no quería meterse en otra. Además su pequeño hijo seguía creciendo y no quería dejarlo sin padre.
Pero la cosa cambió cuando se dijo que los muchachos americanos serían enviados al teatro de operaciones europeo. ¡Por fin iban a liberar Europa! Pensaron todos los americanos de origen europeo. Fue entonces cuando un brillo de esperanza apareció en todos sus corazones. Veían que el regreso a casa era más que probable. Bueno, todos no. Nesty era pesimista, y no porqué los nazis vencieran, sino porqué no creía que los Aliados invadieran España y eliminaran el yugo fascista.
—Nesty ¿has oído? —preguntó a gritos Peppe, uno de los pocos compañeros que le quedaban—. Nos vamos a Europa. Volveremos a casa.
A pesar de haberse criado en Estados Unidos, había nacido en Turín, pero su familia, de ideología comunista, tuvo que huir de Italia años atrás.
—Sabes que no podremos regresa a casa nunca.
—¿No me digas que piensas así? —preguntó decepcionado Peppe.
—Creo que una vez liberada Francia y derrotado Hitler, no irán mucho más lejos.
—Piensa en una Barcelona libre.
—Con suerte llegarán a los Pirineos —bromeó irónicamente Nesty.
Pero incluso pensando eso, el entusiasmo general, que preveía una clara victoria de Estados Unidos, tocó el corazón de Nesty. Así que, en 1942, no dudó en alistarse al ejército, aunque nunca pudiera regresar a su antigua ciudad, lucharía por la nueva. No quería que el fascismo se adueñara del mundo.
—¿Puedo alistarme? —preguntó Nesty a su esposa una noche mientras cenaban.
—Pero no dices que no va a servir para nada.
—Ya —respondió Nesty—, pero puede que me equivoque.
—¿Tú crees que si te sacrificas por nuestro país, estarás haciendo lo correcto?
—Sí —respondió Nesty sin dudarlo.
—En ese caso, no lo dudes, pero prométeme una cosa.
—¿El qué?
—Regresa con vida.
Inicialmente se alistó en la infantería, pero su determinación y su buen estado físico lo llevaron a enrolarse en la Infantería Aerotransportada, y tras un par de traslados acabó en la Compañía E, del 2º Batallón, del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista, de la 101ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos.
Poco después de su traslado, su esposa no dudo en dejar el trabajo que tenía en Long Island para entrar a trabajar en una fábrica de armamento y equipamiento de las afueras de Nueva York.
—Aún estás a tiempo de pedir de nuevo el empleo —le dijo Nesty cuando supo lo que había hecho—, necesitamos el dinero.
—Lo sé, pero igual que tú te tiras de un avión para hacer lo que es debido, yo debo fabricar las balas con las que te defenderás.
Nesty la miró y la abrazó dándole un profundo y sentido beso.

Continuará...

Una compañía de héroes © Francesc Marí, 2016.
Imagen: War Soldiers © ThePixelman, 2014.
Próximamente disponible en Issuu.