Kung Fu Sion (Stephen Chow, 2004)

Después de la flipada a lo Oliver y Benji (Supercampeones) de Shaolin Soccer (2001), Stephen Chow nos deleita esta vez con el frikismo del kung-fu. El resultado: una comedia de artes marciales que sorprende de principio a fin. 
La historia se sitúa en un bloque de casas típico chino, los vecinos hacen su rutinaria vida hasta que un grupo de mafiosos, conocidos como los Hachas, pretenden extorsionarlos. Pero los vecinos del bloque no se lo pondrán fácil, puesto que algunos de ellos son expertos luchadores de artes marciales. Entre medias, Sing (Stephen Chow) y su compañero, un par de delincuentes de poca monta, pretenden formar parte del clan del Hacha ayudándolos a conquistar el barrio. 
A priori nada llama la atención de esta película, parece una más del estilo de Jackie Chan, un poco de humor mezclado con escenas de combate, pero lo absurdo gana enteros cuando ves lo exagerado de algunas escenas. El punto humorístico parece más del estilo de los cómics o dibujos tipo el Correcaminos. Momentos que no te esperas y te dejan descolocado pero que se hacen divertidos, porque el humor rebosa en todas las escenas y en todos los diálogos. Y es aquí donde hay que poner un punto y aparte para hablar del doblaje al castellano. Todos sabemos que el doblaje desvirtúa la actuación del actor y aunque aquí en España, en general, se hace buen doblaje no todas las películas están al mismo nivel. Sin embargo, en la comedia sí que han sabido algunas veces darle un toque especial a los doblajes de película, de esta manera hemos tenido doblajes tan geniales como el de Austin Powers (la dos y al tres), Ali G anda suelto, Las aventuras de Ford Fairlane o algunas películas de animación. Cierto es que estos doblajes no respetan a la voz e incluso a veces al dialogo original, pero bien usados son un plus en cuanto a comicidad, y más cuando estamos hablando de películas de comedia con mucho humor absurdo. Del mismo modo, en Kung Fu Sion han querido darle un estilo peculiar y muy cómico. Y es que oír a chinos hablando con acento andaluz, gallego, catalán, de prácticamente cualquier región de España e incluso extranjeros, como el acento francés, argentino o italiano, pues es tronchante, algo que no te esperas y te choca al principio pero que acabas viendo con buenos ojos al final de la película. Y es que esta peli señores, no es para tomársela en serio, es una peli perfecta para ver con amigos sin pensar en argumentos o interpretaciones trabajadas, es para pasarlo bien y punto. Aun así, como película de artes marciales tiene su encanto y una muy buena realización en cuanto a las coreografías y combates, hay escenas muy bien elaboradas con gran cantidad de efectos visuales, sorprendente para este tipo de películas, se nota que esta película está más enfocada para al mercado occidental, por algo en 2005 se convirtió en la película en lengua extranjera más taquillera en estados unidos, con unos ingresos a nivel mundial de 100 millones de dólares, algo histórico en el cine de Hong Kong. Sin duda más que merecidos para esta gran película de la que al principio no esperas nada.

Logan (James Mangold, 2017)

Estamos en el año 2029, la era de los héroes mutantes ha pasado a la historia y cada vez hay menos, sobre todo porque hace años que no nace ningún mutante. Entre los últimos que quedan se encuentran Logan y Caliban, que un poco contra su voluntad, viven en una nave industrial al otro lado de la frontera, en México, dónde cuidan de un anciano Charles Xavier, que sufre una enfermedad degenerativa. Todo parece indicar que el final se acerca, y que los mutantes no han sido más que un error genético pasajero, sin embargo aparece en sus vidas, Laura, una pequeña niña silenciosa y enfurruñada que, para sorpresa de todos, tiene los mismos poderes que Logan, convirtiéndola, de un modo u otro, en su hija.
Este nuevo halo de esperanza se ve ensombrecido cuando un grupo de mercenarios de una gran empresa americana, empieza hacer todo lo que está en sus manos para atrapar a la pequeña, obligando a Logan a protegerla e impedir que esos hombres la capturen.
Tras diecisiete años y nueve películas, Hugh Jackman se pone en la piel de Lobezno por última vez, y lo hace una de las mejores películas del universo cinematográfico de los X-Men, aunque a la vez es la película menos vinculada a este universo, tanto por su trama como por la manera de enfocarlo. Del mismo modo, Patrick Stewart, con cinco apariciones en el cine como el Profesor Xavier, también decide poner punto y final a una etapa muy importante en su carrera. Ambos actores, que tanta espectáculo han ofrecido, interpretan a unos personajes en el ocaso de sus vidas, y un ocaso bastante cruel, y más teniendo en cuenta los héroes que fueron en sus mejores tiempos.
En este sentido, esta película, salvando todas las diferencias, me recuerda a Sin perdón de Clint Eastwood, en la que unos viejos cowboys están en el final de sus vidas, viendo como las cosas cambian, apartándolos del mundo en el que crecieron y se hicieron hombres. Con Xavier indefenso por su enfermedad, convertido en una bomba de relojería que puede estallar y llevarse por delante centenares de vida, y un Logan que cada vez más le cuesta recuperarse, descubriremos que, aunque nos pese, todos los héroes tienen un final.
Aunque en ningún momento voy a negar que se trata de una excelente peli, seguramente una de las mejores de X-Men, también debo decir que el final que se merecían estos personajes y los actores que les han dado vida, desde mi punto de vista, tendría que haber sido mejor o, al menos, más al estilo Hollywood. Intentando no spoilear, el final de Logan es bastante evidente, y más cuando ambos actores han afirmado que ya no regresaran a sus respectivos papeles icónicos, sin embargo, creo que tendrían que haber puesto un pequeño detalle, algo que nos dijera que, aunque es el final, Lobezno y Xavier son inmortales.
Antes comentaba que, aún siendo de las mejores pelis del universo, también es la que menos parece una peli de mutante y superhéroes, ya que a excepción de las escenas de acción con las cuchillas de Lobezno, los poderes de Xavier son casi inexistentes, y los de Caliban son muy discretos. Además, los villanos no son del estilo de Magneto, sino que son humanos, muy parecidos a William Stryker, y sus planes no son de dominación mundial, sino más a pequeña escala. Todo ello nos lleva a ver esta película más como un thriller de acción que una peli de superhéroes.
La historia bien tramada, los personajes apropiados y un excelente trabajo de reparto y técnico, convierten a Logan en un peliculón, seguramente uno de los mejores del 2017, sin embargo, cuando vayamos a verla, tenemos que tener en cuenta dos cosas: la primera, que no se trata de una película de héroes; y, la segunda, que no es una peli de ciencia ficción, sino un drama de acción bastante serio, no apto para todos los aficionados a Lobezno, X-Men y Marvel.


Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016)

Parece que el cine español últimamente está pegando fuerte por el trhiller, ya lo vimos en pelis como la premiada La isla mínima (2014), El niño (2014), Cien años de perdón (2016) o las más recientes Tarde para la ira (2016) y Que Dios nos perdone. Estas dos últimas compitieron en los Goya de 2017 por el premio a la mejor película (entre otras candidaturas), finalmente se la llevó Tarde para la ira, pero tras haber visto las dos películas casi hubiera preferido que se la llevara Que Dios nos perdone. Y es que estamos hablando de un trhiller de calidad que parece que ha quedado tapado por el reconocimiento y publicidad que se ha llevado su principal rival.
Madrid, verano de 2011. Crisis económica, Movimiento 15-M y millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, los inspectores de policía Alfaro (Roberto Álamo) y Velarde (Antonio de la Torre) deben encontrar al que parece ser un asesino en serie cuanto antes y sin hacer ruido. Esta caza contrarreloj les hará darse cuenta de algo que nunca habían pensado: ninguno de los dos es tan diferente del asesino.
La película no deja de tener un estilo parecido a la de Seven o Zodiac. Tenemos a un asesino en serie algo sórdido y unos protagonistas que deben darle caza. Algo que me gusta del cine español y que siempre han enfocado muy bien es el hecho de que los protagonistas no son héroes, ni siquiera son modelos a seguir en conducta y moralidad. Algo diferente de lo que tenemos acostumbrado de ver en el cine Hollywoodiense. La pareja de protagonistas, cuando los conocemos, nos damos cuenta de que cada uno tiene un trasfondo oscuro y turbio, muy lejos del perfil que debería de ser alguien a quien se supone que está para defender el orden y la ley. De los dos, Roberto Álamo es quien realmente da el punto clave al desarrollo de la película, merecido el Goya al mejor actor, esto sin desmerecer la gran actuación de Antonio de la Torre aunque no llega al nivel de lo visto en Tarde para la ira, que curiosamente este actor la ha protagonizado también. Y es esta naturalidad en los personajes lo que mejor trata la película, que no solo el malo es el único malo, y vemos que cualquiera en cualquier circunstancia puede cruzar esa linea entre lo correcto y lo inmoral, así como que cualquier escena es un vivo retrato de lo que podía ser el día a día, aquí no hay nada heroico, todo es tratado de manera realista. Todo esto además lo ponemos en un contexto temporal, como pudo ser la visita del Papa a Madrid en 2011, en el cual lo importante era aparentar una falsa seguridad y que cualquier noticia que pudiera empañar el evento fuera deliberadamente censurada a los medios para evitar ensuciar la imagen del país. Sin duda un thriller policíaco de los que se disfruta viéndolo, con una buena historia y unos personajes realmente humanos, con todos sus defectos y sus miedos. Un buen camino a seguir en el cine español.

El terror del mar

En el oscuro horizonte de la noche del Caribe, solo iluminado por la luz de la Luna, se distinguía lo que quedaba de una arboladura que se hundía lentamente entre las olas del mar. A su lado, un imponente navío se mecía violentamente al ritmo de la tormenta que se había desencadenado sobre él. No se oía ruido alguno, solo el ulular del viento, los chasquidos de los cabos al golpear contra los mástiles, y el repiquetear de las gotas de lluvia sobre el acero de los cañones. A pesar del silencio, varias decenas de hombres de mirada cruel estaban de pie, sobre la cubierta, sujetándose a lo que tuvieran a mano para evitar caerse por el vaivén de las olas, fijando la mirada a la media docena de desafortunados marineros que habían sobrevivido al abordaje. Arrodillados y harapientos, estos sentían como el temor por lo que pudiera venir crecía en su interior, a la vez que un sudor frío les embargaba la piel, cuyas gotas resbalaban por sus sienes mezclándose con las de la lluvia torrencial que caía sobre sus espaldas. Un fuerte golpe les hizo desviar la mirada, las puertas del castillo de popa se habían abierto de par en par y, del camarote del capitán, había surgido una oscura figura de descomunal tamaño. Al andar, las tablas humedecidas por el agua crujían bajo sus botas, cada paso que daba era como el disparo de sus cañones. La tripulación no decía nada, solo lo observaba, esperando a que aquel ser que parecía haber emergido del infierno les dijera lo que tenían que hacer. Sin que pareciese que sus pies andaban sobre la inestable superficie de un barco en mitad de una tormenta, se encaminó hacia a los presos, demostrando porqué era el capitán. Una densa melena y una espesa barba empapadas en agua salada rodeaban su cara, sumiendo su rostro en las más oscuras tinieblas, en las que solo se podía ver el amenazador brillo de sus ojos, tan vivo como el fuego que brillaba entre los mechones de su cabello, del que emanaba una turbia niebla con olor a pólvora. Nunca nadie había sido capaz de sostenerle aquella mirada, y mucho menos si eras uno de sus míseros prisioneros, superviviente de su última captura… Como yo, que en aquel momento tan solo podía rezar por mi vida. Pero antes de que pudiera encomendarme al hacedor, el más temido de los piratas se acercó y fijó su oscura mirada en nosotros, como si estuviera escogiendo cual sería el primero al que arrojaría por la borda. Sin embargo, se agachó frente a mí y obligándome a mirar a sus negras pupilas, con su retumbante voz dijo: «La Venganza de la Reina Ana no hace prisioneros». Un escalofrío recorrió el espinazo de todos nosotros, nos temíamos lo peor, y como si Barbanegra hubiera podido sentir lo que nosotros, soltó una sonora y diabólica carcajada, haciéndonos temblar de nuevo, y añadió: «Uníos a mí o morid». Parecía que el tiempo se hubiera detenido, nuestros cuerpos, cubiertos de lluvia, sudor y la sangre de nuestros compañeros que ahora yacían en el fondo del mar, temblaban aterrorizados frente a la temible figura del pirata, que parecía ser el único digno de alzar la bandera negra en lo más alto de la arboladura de su navío. Ninguno de nosotros fue capaz de responder, un nudo había surgido en nuestras gargantas ante su presencia. Con una sonrisa suspicaz que nos dejó ver su brillante dentadura con piezas de oro y plata, insistió: «Decidme, caballeros, ¿quién de vosotros abrazara la vida de la hermandad y me seguirá como su capitán hasta los confines del mundo?». Ante tal propuesta, yo no dudé, y te recomiendo que hagas lo mismo si no quieres ser el siguiente en abandonar la cubierta de este barco, solo acompañado por el peso de una bala de cañón atada a tus tobillos, como lo hicieron mis antiguos compañeros en aquella fatídica y tormentosa noche.

El terror del mar © Francesc Marí, 2017.
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