Trek Nation (Scott Colthorp, 2010). Por Néstor Company

Trek Nation recorre el viaje físico y espiritual de un hijo que trata de descubrir y entender la enorme significación y repercusión de la gran obra de su padre.
No es una obra cualquiera porque se trata de Eugene Roddenberry Jr. en la búsqueda de los elementos más importantes que caracterizaron la vida profesional de su padre, el gran Gene Roddenberry (1921-1991), en la que fue su creación inmortal: la saga Star Trek.
«Rod» Jr. contaba sólo diecisiete años en el momento del fallecimiento y nunca manifestó un gran interés por el trabajo de su padre, más bien lo contrario. Sus largas ausencias del domicilio familiar por las múltiples horas de trabajo, en los diferentes proyectos de la saga, le alejaron de él y su pronta desaparición impidió que pudiera comprender la significación de su obra en boca de su propio padre. Consentido y con mucho dinero a su disposición, Rod Jr. se dedicó a vivir su vida con rebeldía mientras vivía ajeno al legado de su familia. 
Pero, con el paso de los años, fue sintiendo una mayor necesidad de reencontrarse con su padre y comprender sus motivaciones. Y no existía mejor forma que hacer este proceso a través de un viaje inciático por los mundos figurados que él creó, entrevistando a aquellos que fueron sus amigos y sus más estrechos colaboradores. Un viaje que le lleva también a tomar conciencia del vasto impacto mediático cosechado por Star Trek, en todas sus propuestas. La manifestación más evidente de todo ello es el enorme seguimiento de sus incondicionales fans.
El documental nos invita, pues, a acompañar a Roddenberry Jr. en su inmersión en la historia de la saga. Convertido en una especie de detective del tiempo, el hijo reconstruye la biografía del padre desde que, en los años 60, creó una serie de televisión que ya, desde el principio, poseía un nivel de trascendencia que superó a todos las propuestas anteriores de ciencia ficción. Una dedicación que le ocupó durante los 25 últimos años de su vida y que no terminó con su desaparición. Roddenberry fue suficientemente influyente y carismático como para inspirar a otros en la filosofía de lo que él concibió. Y así se ha mantenido en los años posteriores a lo largo de un viaje interminable hacia donde nadie ha llegado hasta ahora...
Hay muchos momentos memorables en el documental dirigido por Scott Colthorp y conducido, con inusitada solvencia, por el heredero del imperio. Las entrevistas a los actores, a los creativos, y a los fans consiguen equilibrar una propuesta que combina historia, creación audiovisual, pero también ramificaciones políticas, situaciones emotivas, y también unas notas acertadas de humor.
Además, Trek Nation consigue hilvanar un retrato sincero del patriarca Roddenberry. Un relato en el que están presentes las luces y las sombras de su compleja personalidad. No estamos ante una hagiografía donde todo es positivo y goza de brillantez absoluta. Podemos conocer cómo Gene vivió, la pasión por su trabajo, y también algunas de sus mayores debilidades. Tampoco se oculta un cierto sentimiento de reproche hacia un padre demasiado ausente y quizá excesivamente autoritario siempre que estaba en casa. En este sentido, resulta interesante la conversación que mantienen Rod Jr. y Wil Wheaton (el alférez Wesley Crusher en Star Trek: The Next Generation). El hijo real y el hijo de ficción se reúnen para compartir experiencias y Wheaton reconoce que tuvo en Roddenberry a una figura paterna dentro y fuera del plató.
También querría destacar las palabras de Nichelle Nichols (Uhura) al explicar su intención de volver a los escenarios teatrales tras la primera temporada de la serie original, en 1967. Y cómo optó por continuar cuando el propio Martin Luther King la exhortó a seguir con estas palabras:

«Por primera vez, estás interpretando un papel que no cumple una cuota. Trabajas en un proyecto como una igual, y eso tiene una gran importancia para todos nosotros. Te has convertido en un ejemplo a seguir».

Y es que este es uno de los grandes valores que aportó Roddenberry a sus creaciones. Nos habló de un mundo que había superado los conflictos y enterrado sus estigmas. Nos introdujo a una tripulación multiracial y multinacional en el marco de una Federación Unida de Planetas donde el fundamento principal era la defensa de la paz y la justicia. En los años 60, fue tremendamente innovador ver a una tripulación en la que convivían norteamericanos, rusos, afroamericanos, y orientales. Una imagen de conciliación que debería presidir los actos de una sociedad evolucionada en el siglo XXIII. Quien sabe si el sueño de Roddenberry llegará a cumplirse.
Cambiando completamente de época, querría también resaltar el momento en que Rod visita el Skywalker Ranch para entrevistarse con George Lucas. Este confiesa que la repercusión y expansión del género de ciencia ficción, conseguido por Star Trek, le dio pábulo para pensar que su primer borrador de una extraña «space-opera» podría ser de interés para el gran público.
Por último, me gustaría también hacerme eco de la visita a Paramount Pictures para entrevistarse con J. J. Abrams, sobre cuyos hombros descansa ahora el futuro de la franquicia Star Trek en el cine. Rod le muestra un video donde el mismísimo Roddenberry comenta, en 1986, su idea de volver algún día a los orígenes y contar la historia de cómo se formó la primera tripulación del Enterprise. Hablaba, ya por entonces, de reunir a un nuevo reparto de jóvenes talentosos que explicaran como Kirk, Spock, McCoy, Scotty... se embarcaron en su primera misión conjunta a bordo de la nave insignia de la Federación. Y apostilla algo importante porque llega a afirmar que si alguien se atreviera a hacerlo, le gustaría que la gente pensara que lo había hecho mejor que él mismo.
Así pues, creo que Trek Nation es una experiencia muy inspiradora y consigue, desde el escepticismo inicial, hacernos ver lo excelsa que ha sido la saga Star Trek a lo largo de casi cinco décadas.

Escrito por Néstor Company para El Cine de Hollywood.

Dunkerque (Christopher Nolan, 2017)

Christopher Nolan se ha convertido, por nombre propio, en uno de los grandes directores de cine que tenemos actualmente, la cantidad de seguidores y de "haters" que tiene son tantos como los debates que se ocasionan en las redes sociales. Lo ames o lo odies, Nolan no deja indiferente a nadie.
Tras la genial Interstellar (2014), Nolan cambia de aires y opta por un film ambientado en la segunda guerra mundial y basado en un echo real. Es la primera vez que el director británico abandona el tono sci-fi y de misterios para ofrecernos algo más real.
La historia se basa en la Operación Dinamo. En 1940 en plena Segunda Guerra Mundial un grupo de soldados británicos y franceses quedan rodeados por las lineas enemigas en Dunkerque, Francia. Atrapados en la playa, con el mar cortándoles el paso, las tropas se enfrentaban a una situación angustiosa que empeoraba a medida que el enemigo se acercaba y los pocos recursos que el ejercito británico ofrecía parecían escasos.
Nolan ha vuelto a hacer de la suyas y nos ha ofrecido algo totalmente distinto a lo esperado, Dunkerque no es una película bélica clásica como estamos acostumbrados a ver, con muchas explosiones, muertes, escenas de acción, grandes diálogos, etc. Tampoco se trata de una peli heroica inflada de patriotismo donde los soldados del bando aliado derrotan a las tropas alemanas, nada de eso, simplemente vamos a ver un momento intenso en el que un grupo de soldados intentan salvarse, donde intentan salir de allí, volver a casa. Y es aquí donde nos sorprende con el estilo de la narración.
La historia de Dunkerque se divide en tres partes, tres líneas temporales diferentes que se van intercalando hasta que terminan por encontrarse. Para los soldados embarcados en el conflicto, los eventos tuvieron lugar en diferentes temporalidades. En la tierra, algunos quedaron atrapados una semana en la playa. En el agua, los acontecimientos duraban mas o menos un día. Para los eventos en el aire, los cazas británicos llevaban una hora de combustible.
Esta mezcla de escenas requiere un buen montaje para que todo encaje bien, pero sabemos que Nolan no es la primera vez que nos desmonta las tramas. Memento (2000) es el claro ejemplo de peli desordenada donde lo que vemos no sigue una misma dirección. Este es el principal atractivo de la película.
En el apartado sonoro es donde se encuentra la otra gran clave de la película. El sonido es increíble, tanto el de los efectos especiales, los (pocos) disparos y explosiones que hay, o los sonidos de los cazas, si hasta les tiembla la voz cuando hablan desde la cabina, como la otra vez genial banda sonora de Hans Zimmer. Si en Interstellar la banda sonora cobraba una especial importancia, aquí es prácticamente el cincuenta por ciento de la película. No dejamos de percibir un sonido que no deja de elevarse, basado en la escala de Shepard, el ritmo sube en función de la escena y el tempo tipo tic-tac del reloj hacen que se genere una sensación constante de angustia y tensión.
Sin duda el aspecto audiovisual es la clave de la película, es una película pensada para ver y oír, parece algo absurdo, al fin y al cabo todas las películas son así, pero aquí tienen mucha más importancia porque justamente la otra parte importante de una película, el guión, está reducido a la mínima expresión. Los diálogos son escasos, contando lo básico sin necesidad de informarnos sobre lo que pasa, a fin de cuentas ya lo estamos viendo. De esta manera, la sensación de inmersión y realismo es mayor, como si estuviéramos viéndolo realmente, como si eso fuera justamente lo que pasó, como si viésemos un documental histórico ultrarealista de alto presupuesto. Es por eso que esta parte es la que más le puede chocar a la gente, ya que no estamos acostumbrados a ver una película narrada de esta manera, para algunos les puede parecer confuso.
Al tener un guión muy reducido, se pierde también la profundidad de los personajes, prácticamente podemos destacar a tres: Fionn Whitehead que protagoniza el tramo dedicado a los soldados en la playa, Mark Rylance el de los civiles en el mar y Tom Hardy el del combate aéreo. A pesar de que lo hacen muy bien, su peso argumental es muy pobre, perdiendo interés en la trama llegando al punto en el que te da igual lo que les pase. Ese podría ser el único punto débil de la película, pero al fin y al cabo es el sacrificio necesario para desarrollar una peli así. Lo mismo le pasa a la duración la cual no llega a una hora y cincuenta minutos, siendo una de las más cortas de Nolan. Ya saben el dicho, lo bueno si breve...
En definitiva Nolan vuelve a ofrecernos un peliculón, un drama bélico angustioso y trepidante donde la tensión va in crescendo, lejos de lo que tenemos acostumbrado al genero bélico. Aunque eso sí, desde mi punto de vista no es la mejor película de Nolan pero sí que creo que es la que mejor está rodada, pero es que hay que reconocer que todas las pelis de Nolan son todas de nota alta.


Bienvenidos al fin del mundo (Edgar Wright, 2013)

22 de junio de 1990, el último día de instituto la pandilla de Andy, Steven, Oliver, Peter y su autoproclamado líder, Gary King, también conocido como «el Rey» —por lo del apellido y eso—, una fecha importante que celebrar para una panda de adolescentes descontrolados como esta. Así que deciden recorrer la «Milla de Oro» de los pubs de su pequeño pueblecito, Newton Haven, para coger la borrachera más increíble de la historia. Sin embargo, allá por el sexto bar empiezan a perder miembros de su pandilla y, al final, acaban pedos en una colina a las afueras de su pueblo.
Veinte años después, todos ellos han madurado y se han convertido en personas respetables y trabajadoras. Todos excepto uno, Gary. Tras años de alcohol y drogas, Gary es un hombre de mediana edad que vive anclado en el pasado, sigue vistiendo igual, sigue conduciendo el mismo coche, sigue escuchando la misma cinta de cassette, como si el tiempo no hubiera pasado. Después de una terapia en grupo de rehabilitación, Gary decide reunir a sus viejos, que no lo quieren ni ver, para emborracharse una vez más y revivir la que fuera su mayor noche. Al principio parece que será la noche más aburrida de sus vidas, excepto para Gary, que está pletórico, pero, en el cuarto pub, todo cambia. Gary y sus amigos tienen una pelea con un grupo de chicos que, al desmembrarlos, se desmontan como «madelmans» y chorrean una extraña plasta azul. Después de este encontronazo, el grupo de amigos decide seguir la ruta por las pubs, fingiendo pasárselo bien y no saber nada acerca de los robots, simples o hombres-huevo chafi-chafi. Así, lo que empezó siendo un aburrido paseo por su antigua ciudad, se convertirá en una alocada carrera por la supervivencia… Y para lograr lo más importante, conquistar El primer correo, El viejo conocido, El gallo famoso, Las manos cruzadas, Los buenos compañeros, El sirviente fiel, El perro de dos cabezas, La sirena, La colmena, La cabeza del rey, El agujero en la pared y El fin del mundo, los doce pubs que conforman la «Milla de Oro».
Bienvenidos al fin del mundo demuestra que han pasado diez años desde que Edgar Wright y Simon Pegg se unieran para rodar Zombies Party. La historia tiene elementos más maduros, más propios de la edad de sus creadores y, en consecuencia, de sus personajes. El ejemplo más claro es la desgracia que rodea a Gary King, si bien en las anteriores películas había personajes pringados, estos eran felices con su forma de vivir, sin embargo Gary se nos presenta como un enfermo, un alcohólico y un drogadicto que no consigue seguir adelante con su vida. A pesar de ello, los creadores no olvidan su estilo tan característico, en que una pequeña historia de intriga, aliens y supervivencia se convierte en todo un espectáculo digno de las mayores súper-producciones.
Uno de los elementos más interesantes de esta película, dejando de lado su doble faceta de espectáculo y de madurez, es como los elementos habituales de la ciencia ficción son introducidos en una historia que, a priori, no parezca ser el mejor contexto para ello. En Bienvenidos al fin del mundo podremos disfrutar de una invasión extraterrestre en toda regla, en la que la humanidad deberá luchar por su supervivencia. Pero lo hará de una forma muy peculiar, ya que si en otras películas, como en Independence Day (Roland Emmerich, 1996) o Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), se prima la valentía y el heroísmo, en este caso predomina más la rebeldía y la mala ostia. Tal y como dice el propio personaje de Gary King:

«¡Eh! Es nuestro derecho humano básico ser unos paquetes. Esta civilización se fundó gracias a los paquetes. ¿Y sabes qué? Me llena de orgullo».

Aunque ello no deja de lado algo tan esencial para este tipo de películas como es que los humanos somos muy peligrosos para los invasores del espacio:

«Somos más beligerantes, más cabezotas y más paquetes de lo que os podríais imaginar».

Como es costumbre en las películas de esta trilogía, Edgar Wright se hace cargo de la dirección, mientras que escribe el guión junto a Simon Pegg, que también protagoniza la cinta. El reparto está formado por los habituales Nick Frost y Martin Freeman —que obtiene un papel más importante y menos testimonial que en anteriores ocasiones—, Paddy Considine —que ya participó en Arma fatal—, y las nuevas incorporaciones de Eddie Marsan, Pierce Brosnan y Rosamund Pike. Además, la película cuenta con un gran número de cameos y colaboraciones de actores que habían aparecido en las anteriores películas, como Bill Nighy, Julia Deakin, Rafe Spall, David Bradley, Michael Smiley, Alice Lowe, Reece Shearsmith o Mark Donovan —uno de los primeros zombies que aparecen en Zombies Party—, entre muchos otros.
A diferencia de en Zombies Party y Arma fatal, los papeles se intercambian entre Simon Pegg y Nick Frost. En esta ocasión, Frost deja atrás sus papeles de pringado y de tontaina, para ser un hombre de negocios responsable, mientras que Pegg, que en las anteriores películas era el chico con trabajo o el poli súper-eficiente, se convierte en Gary King, un auténtico paria, que no deja de ser una suma de lo peor de los anteriores personajes de Frost.
Bienvenidos al fin del mundo tiene todos los elementos clásicos de la trilogía: la ambientación en el campo inglés, los pubs, el gag de la valla, la sangre —aunque sea azul—, y, sobre todo, los cornettos. Pero, en esta ocasión, estos helados solo aparecen representados por un envase verde —un color muy relacionado con los aliens y la ciencia ficción— revoloteando en el aire, cuyo sabor es la menta con chocolate.
Puede que Bienvenidos al fin del mundo no sea tan novedosa como Zombies Party, o tan delirantemente trepidante como Arma fatal, pero es el broche de oro perfecto para la Three Flavours Cornetto Trilogy de Edgar Wright, Simon Pegg y Nick Frost.

Castlevania T.1 (Netflix, 2017)

De la mano de Netflix nos llega esta serie basada en una de las más populares sagas de videojuegos. Castlevania ha tenido un amplia trayectoria en el entretenimiento digital y desde su primer juego, allá por el año 1986, se ha convertido en uno de los clásicos del mundo de los videojuegos. La serie de Netflix coge de base al juego Castlevania III Dracula’s Curse publicado por Konami en 1989 para la plataforma Nintendo Entertainment System (NES), por lo que la historia viene a ser la misma. 
Es el año 1476 y el conde Drácula ha empezado a devastar Europa con un ejército de monstruos. La historia sigue los pasos de Trevor Belmont, el último miembro de un largo linaje dedicado a capturar y erradicar cualquier peligro sobrenatural que amenace a los humanos. A Trevor no le quedará mas remedio que poner rumbo a Valaquia para derrotar al mismísimo Drácula, por suerte no estará solo y por el camino se encontrará con personajes que le ayudarán en tan arriesgada tarea.
Normalmente siempre que se hace alguna peli o serie basada en un videojuego nos encontramos en que la calidad no suele ser muy elevada, vamos que nos acaba decepcionando, casos hay miles pero en esta ocasión podríamos encontrarnos con una excepción, la verdad es que tampoco se puede decir que sea una pedazo serie puesto que de momento esta primera temporada consta solamente de cuatro capítulos, sí cuatro capítulos de veinte minutos por lo que no deja de ser como una película de hora y veinte. Y ese es el principal problema, no deja de ser un inicio, una introducción a una futurible historia que de momento ha empezado muy bien. Estos escasos capítulos nos dejan ver como se desarrolla la serie, hay una trama interesante, ambientada con un folklore clásico de la literatura y el cine, con vampiros, hombres lobo y demás, el protagonista principal tiene carisma, con un estilo chulesco y pasota muy propio de los cómics. En cuanto al nivel visual, no es que sea nada del otro mundo pero se deja ver. El estilo de dibujo es realista y adulto, no es una serie para un publico infantil aunque tampoco es ultraviolenta. 
En general la serie pinta muy bien aunque sabe a poco, demasiado a poco, no te da tiempo a poder valorarla correctamente, la historia no deja de ser una introducción a su mundo, supongo que el escaso numero de capítulos hacían entrever un miedo por parte de la productora a que no funcionara. Por suerte la acogida ha sido buena y Netflix ya ha dado el visto bueno para una segunda temporada con el doble de capítulos. Esta vez quizá tengamos una adaptación digna de un clásico de los videojuegos.