Training Day (Antoine Fuqua, 2001)

Jake Hoyt (Ethan Hawke) un joven policía con mucha ambición y entusiasmo es asignado a la unidad de narcóticos del departamento de policía de Los Ángeles. Estará a cargo de Alonzo Harris (Denzel Washington), un agente de narcóticos con más de trece años de experiencia y cuyos métodos cuestionables hacen difusa la línea entre la legalidad y la corrupción. Pronto Jake descubrirá que no seguir las órdenes de Alonzo le puede costar la vida.
Denzel se mete en el bolsillo al público con este papelón. Su interpretación como Alonzo es de las que dejan huella, estamos hablando de un poli duro, curtido en la calle y con una dudosa “legalidad" en sus actos. Pero es su forma de ser, su dureza, sus diálogos los que te enganchan. Cuando metes a un buen actor en un buen papel tienes un personaje que sobresale del resto. Sin duda uno de los clásicos ya del cine. Y si además su compañero Ethan Hawke lo borda en el papel de poli novato, humilde e incorruptible, pues tenemos a una de las mejores parejas que ha dado el cine. Y es que ya desde el inicio de la película vemos que la relación va a ser un tira y afloja, con esa primera conversación en el café hasta el desenlace del final. Las escenas son directas y ya de por sí hablan solas, en ningún momento se va por las ramas ni las adornan con relleno. El director sabe que tiene que ir al grano con escenas con garra y fuerza. Mostrando un mundo en el que cuesta distinguir los policías de los criminales, los buenos de los malos. Es por ello que en la película tenemos grandes momentos que no quedan en el olvido.
Y es que poco se le puede achacar a la película ya que en general su objetivo es claro y no da pie a grande incongruencias o fallos. El ritmo siempre es alto y en ningún momento decae ni deja de ser interesante, quizá en el tramo final baja un poco la intensidad pero no es nada destacable. El guión es sólido y la ambientación es realista, de hecho, el director Fuqua quería que la película pareciera lo más auténtica posible, así que eligió varias localizaciones en algunos de los barrios más problemáticos de Los Ángeles, incluso obtuvo permiso para rodar en uno de los barrios más peligrosos de la ciudad, Imperial Courts. Sin duda son buenos elementos para este thriller policíaco. 
Training Day se ha convertido ya en un clásico del cine donde el temperamento y la gran actuación de Denzel Washington ponen en bandeja un thriller de los que disfrutas viéndolo, por algo se llevó el Oscar al mejor actor principal en 2001, además Hawke también fue nominado como mejor actor secundario. En definitiva, un film muy recomendado.


 Una frase de Alonzo:

-¡En este barrio mando yo! Nunca volveréis a ver la luz del día. ¿Con quién creéis que estáis jugando? Yo soy la ley, ¡¡¡aquí mando yo!!!¡¡¡Vosotros solo vivís aquí!!!
¡¡¡king kong es una mierda comparado conmigo!!!

Dirty Laundry (Phil Joanou, 2012)

Un hombre anónimo baja de su furgoneta cargando una cesta con la ropa sucia y se encamina sin titubeos hacia la lavandería. No muy lejos de él, unos pandilleros están acosando y agrediendo a unas chicas, aparentemente prostitutas. A pesar de que no puede evitar fijarse en ello, el hombre sigue su camino hacia la lavandería. Más tarde, mientras espera que termine su colada, ve como el grupo de delincuentes le ofrecen traficar con droga a un chico y, al negarse este, no dudan en empezar a sacudirle. Mientras observa la escena desde un puesto de bebidas, el propietario de este, que va en silla de ruedas, le advierte que si se mete con ellos puede acabar como él, ya que eso fue lo que le pasó. A pesar de la advertencia, el hombre compra una botella de Jack Daniel's y va de frente contra los pandilleros. Solo armado con la botella de whiskey, el hombre mata, hiere o deja moribundo a todos los pandilleros, dejando para el final a su líder, al que rompe piernas y brazos y lo empapa con el contenido de la botella. Mientras el delincuente implora compasión, el hombre deja un mechero encendido a sus pies y le pregunta: «¿Sabes la diferencia entre justicia y castigo?», y se va. Instantes después, mientras recoge la colada, una de las chicas arroja el mechero sobre el pandillero y este arde entre horribles exclamaciones de dolor. Con la ropa limpia, el héroe anónimo regresa a su furgoneta, mientras recoge sus cosas, el chaval que acaba de salvar, se acerca a él y le dice que se ha dejado una camiseta. El hombre le dice que se la quede, total, tiene un agujero y se va. Mientras la furgoneta se aleja, el chico la desdobla descubriendo el símbolo de The Punisher, revelándonos que el héroe anónimo no era otro que Frank Castle haciendo la colada.
Ocho años después de estrenar la que, de momento, es la mejor película que se ha hecho del Castigador —y cuatro años después de la horrible adaptación del personaje, que es mejor olvidar—, Thomas Jane retoma el papel de Frank Castle para participar en este fan film.

«Quería hacer un fan film de un personaje que siempre he querido y he creído en él. [Dirty Laundry] es una carta de amor a Frank Castle y a sus fans. Ha sido una experiencia increíble ver como todos participábamos solo por diversión. Ha sido asombroso formar parte de esto de principio a fin; esperamos que los amigos de Frank Castlelo disfruten tanto viéndolo como nosotros haciéndolo».

Afirmó el actor en la San Diego Comic-Con de 2012, en la que fue presentado este cortometraje producido por Adi Shankar, uno de los referentes en el mundo de los fan film y los «bootleg», responsable también del sorprendente corto ambientado en el universo de los Power Rangers.
Además de contar la inestimable y necesaria participación de Thomas Jane en el papel de Frank Castle, los responsables de este cortometraje pudieron con la ayuda de Sammi Rotibi —que participó en películas como El señor de la guerra (Andrew Niccol, 2005) y Django Desencadenado (Quentin Tarantino, 2013), y que también está previsto que forme parte del elenco de Batman vs Superman: Dawn of Justice (Zack Snyder, 2016)—, para el papel de líder de los pandilleros; y, lo que es aún más increíble, la participación de uno de los grandes del cine de género, Ron Perlman —al que no le hace falta presentación—, como el tullido Big Mike.
Si nadie nos lo dijera, al tener ante nosotros Dirty Laundry creeríamos estar viendo un producto oficial de Marvel, no solo por contar con actores importantes, sino también por la calidad de la grabación. En muchas ocasiones, los fan film pecan de que se nota demasiado que son fan film, bien por la falta de medios, por la sobreactuación de sus actores o, simplemente, por la simpleza de la trama; en cambio, Dirty Laundry, no tiene ninguno de estos defectos, llegando a ser tremendamente realista, tanto como ficción como fan film. El único defecto, en este sentido, es la sangre, y no por exceso —hoy en día ya estamos acostumbrados eso—, sino porque se nota que es digital, tanto por su extraño comportamiento físico, como la cantidad. Del mismo modo, si bien los huesos de los pandilleros parecen de cristal cuando los toca Frank Castle —que por muy Castigador que sea, no tiene superpoderes—, mientras que la botella de whiskey que usa como arma es excesivamente resistente... Y antes de que nadie proteste, no pienso gastarme los cuartos en una de Jack Daniel's para descubrir su resistencia.
A pesar de ello, este cortometraje, tanto por su factura como por su protagonista, sirve de un epílogo perfecto para la película de 2004, ayudándonos a pasar por alto otras versiones cinematográficas del Castigador. En este sentido, este corto, así como la mencionada película, junto otras cintas basadas en Marvel, podrían formar parte de lo que podríamos llamar, la Fase 0 del Universo Cinemático de Marvel. Ya que si lo que ahora esta haciendo Marvel es increíble, en muchas ocasiones sería bueno tener en cuenta películas que se hicieron antes de la locura de Los Vengadores y compañía, y que valieron mucho la pena.


Yoga Hosers (Kevin Smith, 2016). Por Mr. Xungar

Antes era un ser gris y taciturno, las cochinillas se comían los ficus benjamin que tenía plantados en el balcón, pero desde que descubrí Yoga Hosers mi vida ha cambiado. Saco la tele por la ventana y les pongo a mis plantas la película en un loop infinito, las cochinillas han huido despavoridas, los ficus se han transformado en frondosas plantas de marihuana y yo ya no soy gris y taciturno, me he vuelto directamente chalado.
Este es el problema con Yoga Hosers, que la gente la quiere valorar como película de cine y no es una película de cine, antes de eso es un tarro de pepinillos, un globo aerostático o incluso ese remedio contra las plagas de cochinilla que azotan a la humanidad. Mucha gente cree que Kevin Smith nos la coló, hizo tres pelis buenas en los noventa y desde entonces los fans están esperando su nueva película para ver si es —otra vez— la buena. Yo no estoy de acuerdo, Kevin Smith siempre ha estado haciendo más o menos el imbécil, a diferencia de los otros realizadores que «parecían buenos… pero no». Pensemos en Ridley Scott, gran repartidor de sepias a domicilio, que nos la ha colado tanto que aún hay gente con cojones de gustarle Exodus. Sin embargo Kevin Smith es Kevin Smith, hace cosas de frikis y por tanto se le puede criticar impunemente, porque no tiene pelis de qualité.
Yoga Hosers va de un par de adolescentes que trabajan en un almacén cutre y en su turno de noche deberán combatir el ataque de unas salchichas nazis asesinas «porculadoras» y rellenas de chucrut, además de a su líder, un Mad Doctor que quiere acabar con todos los críticos de arte del mundo. Que al bueno de Kevin se le haya ido la mano con las pastillitas de la mañana no justifica semejante despiporre, hay algo más, se trata de una iconodulia de paridas tan bestial que ha tenido que exprimirse las sienes al máximo para engarzar este mosaico, esta fascinante Capilla Sixtina de las animaladas. Estoy completamente seguro de que se ha quedado tan vacío como si se hubiera hecho un millón de pajas seguidas.
Para que te guste la película debes ser Kevin Smith, compartir parte de su genoma o haberte trasplantado parte de su masa cerebral —algo que muchos fans estarían dispuestos a hacer sin duda— puesto que un 50% de los chistes solo los puede entender el. Aquí se profundiza en el microcosmos de Tusk, una película que yo cuando la ví se fue la luz en el cine y creí que era parte de la película. En Tusk valía casi cualquier paja mental, yo salí de verla con la sorpresa en el rostro: «Rediós, pero todo esto puede hacerse en el cine». Pues si, y Yoga Hosers es igual que Tusk pero con colorines y chiquillas gritando mucho. 
La apariencia naïf y hiper-hortera del filme castigará vuestras retinas como si hubieseis usado acido de batería como colirio. El bueno de Kevin acabó con las existencias de filtros de colores para lograr ese puticlub fílmico, tan de serie b, con luces rosas y azules por todas partes. Las sobreimpresiones con presets chungos de After Effects y la música chillona de 8 bits redondean un apartado técnico inmejorable para el correcto sufrimiento físico y mental.


Ahora bien, la película transmite muy buen rollo. Todos hacen el imbécil impunemente como si no hubiera nadie al volante y nos agarraremos a esto —como salvavidas en un maremoto— para reivindicar Yoga Hosers. Un hurra por los santos cojones que tiene Kevin Smith para obtener y dar libertad; Las chicas, que no son otras que la hija de Kevin Smith y la hija de Johnny Deep, se pasan el rato partiéndose el culo delante de la cámara y papá no las corta. Todo vale. Se lo deben haber pasado pipa haciendo la pel·lícula y eso le da al conjunto una energía bestial. A destacar el papelón del otro papá, Johnny Deep, con un sentido del ridículo cercano a cero, haciendo de viejo feo, chocho y pasado de rosca, es decir, de sí mismo.
¿Que no es una película buena? Nos ha jodido, ¡pues claro que no!. Pero tampoco es una pedrada en la cabeza. Por mi parte, solo me dormí unos diez minutos, lo justo para no enterarme de quiénes eran las salchichas y de que querían, desconozco si esto se explica en la película —algún flipado que haya estudiado guión de cine dirá que es básico para la trama— pero la verdad es que no importa demasiado, es Kevin Smith.

La llegada (Denis Villeneuve, 2016)

Doce naves alienígenas de más de 450 metros de altura han llegado a la Tierra, situándose en diversos puntos del planeta, los altos mandos militares piden ayuda a una experta lingüista para intentar averiguar si estos extraterrestres vienen en son de paz o suponen una amenaza. Poco a poco la mujer intentará aprender a comunicarse con los extraños invasores, poseedores de un lenguaje propio, para dar con la verdadera y misteriosa razón de su visita a la Tierra.
Esta basada en el relato corto "The Story of Your Life" del escritor Ted Chiang, ganador de los reconocidos premios de ciencia ficción Hugo y Nebula.
La llegada (The Arrival) es de esas pelis que creemos que va por un camino pero en realidad va por otro lado. Aunque parezca una película de ciencia ficción, es solo un envoltorio, muy bien recubierto, para mostrarnos lo que realmente trata la película. Todo el film se centra en la protagonista, lo descubrimos en una historia que nosotros creemos que sigue una trama lineal pero que en realidad está desarrollada de tal forma que nos hace creer algo que luego no es. Este juego es esencial para entender el recurso que en este caso nos muestran estas criaturas extraterrestres con las que los humanos hacen contacto. Al parecer dichas criaturas se relacionan con un lenguaje realmente complejo, nuestra protagonista será la encargada de intentar descifrarlo y conseguir comunicarse con esos seres. Una tarea a priori imposible, ¿cómo se podría entender un lenguaje que ni siquiera es parecido al nuestro?, probablemente su forma de pensar y de concebir la realidad, serían radicalmente distinta a la nuestra. Lo interesante respecto a otra películas de este tipo es que no se nos presentan como un ataque a la raza humana o una invasión apocalíptica. Todo es muy sencillo, minimalista, incluso las naves que aparecen en la tierra son muy simples. El aspecto visual que el director ha querido transmitir es eso. Aquí no hay grandes pretensiones ni alardes de efectos especiales. Es una peli sencilla pero con una trama potencial, mucho mas profunda y filosófica de lo que parece.
La interpretación creíble de Amy Adams resulta fundamental, ya que es ella la que carga con el peso de todo el argumento. Es la protagonista absoluta, y el resto de personajes son en realidad secundarios que giran en torno a su historia.
Hay que reconocer que la película está bien hecha en todos los aspectos. Quizá el aspecto negativo es el de siempre en este tipo de películas. Ya que como no, los Estados Unidos de América son siempre los “salvadores”, los que consiguen arreglar la situación, mientras que los “malos” son Rusia o China intentando liarla siempre. Pero bueno, estas “americanadas” no creo que cambien nunca, al fin y al cabo la película la han hecho ellos.
En definitiva una de las mejores películas del 2016 cuyo éxito le ha valido para estar nominada en los Oscars. Cuenta con ocho nominaciones incluyendo la de mejor película y mejor director.