80 Days (Inkle, 2014)



Siguiendo los pasos de una de las mejores y más conocidas novelas de Jules Verne, La vuelta al mundo en ochenta días, Inkle nos ofrece una aventura gráfica en la que nuestras decisiones tendrán un peso fundamental en nuestro avance. Siguiendo la estela de aquellas novelas de «escoge tu propia aventura», nos meteremos en la piel del ayudante de Phileas Fogg, el francés Passepartout, que se convertirá en el narrador y cuyas decisiones tomaremos, desde con quién hablar a qué llevar en nuestras maletas. 
A priori no parece nada del otro mundo… pero no es así. En realidad, la trama, en lugar de tomar una única versión del viaje —el ideado por Verne—, tenemos la posibilidad de dirigirnos hacia otras direcciones, como el Polo Norte, África o Suramérica, e, incluso, saltarnos Londres varias veces para recorrer cuanto más rutas mejor, aunque ello nos conlleve perder la apuesta del señor Fogg. En este sentido, podemos intentar superar la apuesta y dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días —algo relativamente fácil—, o bien marcarnos el objetivo de visitar el máximo de ciudades posibles, que ya os advierto que son muchas.
La mecánica del juego es muy sencilla, tal y como debe ser un juego enfocado a iOS y Android, pero a medida que avancemos veremos como Inkle no solo ha tomado las palabras de Verne y las ha convertido en una aventura interactiva, sino que ha añadido situaciones, diálogos y pasajes dignos del autor francés, para hacernos creer que seguimos en su novela, cuando hace mucho tiempo que la hemos abandonado. Además, aunque es un juego basado en la lectura —que desafortunadamente no se ha traducido a nuestra lengua—, todo está envuelto en una ambientación steampunk maravillosa y unas ilustraciones geniales.

Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017)

Marvel sigue con ritmo y ya tenemos la tercera parte de Thor, película que, tras la de Pantera Negra, sirve como punto de partida a la tan esperada Vengadores: La guerra del infinito.  
La historia continua con lo dejado en Thor: El mundo oscuro (2013), con Loki suplantando a Odín, Thor, que lo había dado por muerto en la anterior, regresa a Asgard para descubrir lo que ha hecho su hermano y para enterarse de que el fin del mundo de Asgard (el Ragnarok) esta a punto de comenzar. 
Thor Ragnarok se podría decir que es un nuevo comienzo en la andadura de Thor y el universo Marvel, parece que han querido darle un nuevo look más acorde al estilo actual de las películas de la franquicia, y por que no decirlo, más parecido al estilo Guardianes de la Galaxia (2014), y es que son muchos los elementos que nos recuerdan a la de Star-Lord y compañía. Ya de entrada vemos que el personaje de Thor (Chris Hemsworth) se ha vuelto más graciosillo, no para de hacer bromas y parece menos serio que en las anteriores, el humor vuelve a estar presente en la mayor parte del metraje y la estética recuerda muchísimo a la Guardianes de la Galaxia, quizá sea porque dentro de poco se van juntar todos o porque los productores ven que funciona más este enfoque en las películas. Esto puede tener una parte buena, las pelis son entretenidas, te lo pasas bien, pero la parte mala es que pierde frescura y autenticidad y se convierte en otra peli más de Marvel. Sea como fuere, se nota que han querido darle un nuevo lavado de cara al personaje, no solo en el aspecto físico, adiós a su melena rubia, si no en liquidar literalmente todo lo relacionado con las anteriores películas: adiós a los amigos de Thor, adiós al padre Odín (Anthony Hopkins), hasta adiós al mundo de Asgard, todo eso queda finiquitado y solo se salva algún personaje en concreto como el regreso Heimdall (Idris Elba) o, evidentemente, de Loki (Tom Hiddleston). También se aprovecha para añadir a nuevos personajes como la Valkiria (Tessa Thompson) o a Skurge (Karl Urban), un verdugo totalmente innecesario que no aporta nada a la trama. 
Thor por sí solo no vende lo suficiente como para protagonizar una película completa, por lo que era muy necesario la incursión de otro personaje que también por sí solo no vale para protagonizar una peli completa pero como acompañante cumple de sobras. Hulk es el compañero perfecto de Thor. En Vengadores: La era de Ultrón (2015) ya vimos que Bruce Banner (Mark Ruffalo) se marchaba a bordo de una nave tras la batalla de Sokovia. Desde entonces habíamos perdido la pista de este personaje y no es hasta esta peli en la que lo vemos de nuevo en acción. Por su puesto Hulk cumple con lo que promete, sobretodo en esa primera aparición enfrentándose al propio Thor en esa especie de combate de gladiadores. Y como también pasa con Thor, le han dado un toque más cómico. De todos los personajes secundarios que aparecen el más destacado es el interpretado por el genial Jeff Goldblum, el Gran Maestro, el amo del planeta Sakaar cuya formar de ser en ocasiones ridícula y un aspecto estrambótico le dan un toque original, aunque alejado del aspecto de los cómics. 
Como en casi todas las de Marvel, la peli tiene ritmo y en ningún momento resulta pesada, pero la trama que parte con buen pie se desinfla un poco cuando te das cuenta que le falta más profundidad a la historia, es bastante sencilla y no introduce ningún elemento destacable, de echo la parte final se vuelve algo predecible. La villana de turno, la diosa de la muerte Hela (Cate Blanchet), que al principio puede parecer aterradora se vuelve una villana más en su tramo final sin destacar apenas. Por lo demás tenemos acción, momentos divertidos, buenos efectos especiales, algún que otro cameo y un par de escenas post-créditos made in Marvel. 
En definitiva Thor Ragnarok es una peli entretenida y mejor que la anteriores, con un estilo más cercano a la de Guardianes de Galaxia, pero que no llega a destacar ni a resultar realmente importante. Parece más una precuela de La guerra del infinito que una tercera parte de Thor. Algo que no tiene por que ser realmente malo.


La momia (Karl Freund, 1932)

En 1922, durante una excavación en el antiguo Egipto, el equipo de arqueólogos británicos dirigido por Sir Joseph Whemple dan una momia muy extraña, la de Imhotep. No le han sido extraídas las vísceras y todas las inscripciones para protegerle en el otro mundo, han sido borradas, castigándolo tanto en la vida como en la muerte. Tras un vistazo, el Dr. Muller detecta que fue enterrado con vida, para que sufriera la peor de las torturas. Al mismo tiempo, el ayudante de Whemple, Ralph, está obsesionado en abrir un cofre que les ha entregado un misterioso hombre, y, a pesar de las advertencias de sus superiores de que no lo haga, acaba haciéndolo y descubriendo un pergamino que lee en voz alta, provocando que la momia despierte de su sueño eterno, robe el pergamino y desaparezca. Diez años más tarde, cuando el hijo de Sir Whemple, Frank, está a punto de regresar a El Cairo con las manos vacías tras una excavación, un enigmático egipcio que se presenta como Ardath Bey, le entrega las pistas para que encuentren la tumba de la princesa Ankh-es-en-amon. Tras el exitoso descubrimiento, Ardath Bey reaparece para acercarse a lo que han extraído de la tumba, a lo que los Whemple se muestran más que agradecidos y dispuestos a hacerlo. Pero lo que no saben es que ese egipcio en realidad es la momia de Imhotep, que tiene la intención de devolver a la vida a su amada, Ankh-es-en-amon, a través de su última descendiente, la bella Helen Grosvenor, protegida del Dr. Muller.
Con Boris Karloff como buque insignia del terror de la Universal, el estudio buscó la manera de seguir con el éxito ya cosechado con Drácula y El doctor Frankenstein en 1931. Sin embargo, al intentar repetir la fórmula de hacerse con los derechos de una novela para adaptarla, se dieron cuenta que no había ninguna historia tan potente como para el cine. Así que Nina Wilcox Putnam y Richard Schayer hicieron un tratamiento de nueve páginas inspirado en las aventuras del explorador Alessandro Cagliostro, que satisfizo a Carl Leammle, que le entregó la tarea de escribir un guión a John L. Balderston, que además de haber participado en los guiones de Drácula y Frankenstein, también había cubierto el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon como periodista.
Teniendo una historia original para contar los terroríficos hechos de la maldición de la momia, el director Karl Freund se puso al mando de la dirección contando, además de Boris Karloff, con la participación de Zita Johann como la bella Helen y Edward Van Sloan como el Dr. Muller, un tipo de papel que el actor repetía por tercera vez tras dar vida a Van Helsing y Waldman, en Drácula y Frankenstein respectivamente.
La peor parte del rodaje, como no podía ser de otra manera, se la llevó Karloff, que teniendo que dar vida a la Momia, tuvo que someterse a un largo y tedioso proceso de maquillaje con arcilla, algodón y cola, de manos de Jack Pierce —también responsable del emblemático maquillaje de Frankenstein—, que empezaba a las once de la mañana y acababa a las siete de la tarde, para que el actor pudiera rodar las escenas hasta las dos de la mañana siguiente, antes de someterse a dos horas más para quitarse el maquillaje. Lo curioso es que este proceso solo se produjo durante el primer día de rodaje, cuando se realizaron las míticas escenas en las que la Momia despierta, y todo el equipo decidió no repetirlo por lo doloroso que era para Karloff el proceso de desmaquillado. Así que, durante el resto de la película, el maquillaje se simplificó y se optó para caracterizar al actor como un egipcio contemporáneo con una extraña textura de piel.
Uno de los elementos destacables de la cinta es la escena en la que Imhotep explica a Helen la historia de su antepasada, no solo por lo bien concebida que está la historia, sino por el poder que, aún hoy, puede tener una buena interpretación de cine mudo. A principios de los treinta, cuando el cine sonoro era una novedad, todo la industria aún trabajaba como si fueran películas mudas, por eso siempre hay esa tendencia a sobreactuar y a generar largos silencios. Sin embargo, en este tipo de películas, como La momia, Drácula o El doctor Frankenstein, esta característica contribuye a aumentar la sensación de intriga, haciendo que el espectador se mantenga expectante a la espera de que podrá ver en la siguiente escena.
Aunque los años han pasado, y al igual que sucede con Drácula y El doctor Frankenstein eso conlleva a una depreciación de la película, es inevitable admitir que La momia de Universal sentó las bases de lo que serían las películas de momias y como debían tratarse para que tuvieran el mismo éxito que esta cosechó en los años treinta.

Coherence (James Ward Byrkit, 2013)

Un grupo de amigos celebran una cena en casa de uno de ellos. Todo parece ir bien cuando de pronto se produce un apagón tras ver pasar un cometa. Aprovechando la ocasión, uno de ellos recuerda un suceso ocurrido en Finlandia, en 1923, donde el paso de un cometa hizo que los habitantes de un pueblo quedaran completamente desorientados; incluso una mujer llegó a llamar a la policía denunciando que el hombre que estaba en su casa no era su marido. Una curiosa anécdota que parece tener algo en común con lo que les pasará al grupo de amigos. 
Coherence nos sirve en bandeja de plata un thriller psicológico con toques de ciencia ficción con la paradoja del gato de Schrödinger como telón de fondo. Hay que reconocer que la película tiene un mérito enorme puesto que se ha realizado a lo low-cost. Una sola localización, ocho personajes y cinco días de grabación han sido suficientes para rodar una peli cuyo argumento e interacción entre los personajes son el centro de atención. Da gusto ver como se lleva a cabo una buena idea sin necesidad de ser pretenciosa o sobrecargarlo todo con subtramas o efectos especiales simplemente para llamarla atención del publico, en Coherence no hace falta nada de eso. De hecho, el estilo de grabación tiene ese toque amateur en el que la cámara se mueve mucho y muestra planos desencuadrados generando confusión y despistando al espectador. La película está dentro de ese selecto grupo de películas de las que te hacen estrujar el cerebro, ya sea como en Predestination, Primer, Memento, The Man from Earth o incluso Los Cronocrímenes. Esas pelis que suelen tener en común un bajo presupuesto, escenarios pequeños y un protagonismo absoluto de los personajes. Y también que suelen triunfar en los festivales de cine aunque luego pasan desapercibidas por el público en general. 
Sin "espoilear", la historia se centra en la idea de los universos paralelos o multiversos, sorprendentemente enfocado todo en un único escenario, una simple casa mientras transcurre una cena de amigos. El guión, escrito por el mismo director, nos hace todo el rato pensar en quién dice la verdad y quiénes son los malos, si es que los hay. La tensión avanza conforme las dudas crecen y es aquí donde este tipo de películas suele tener un final de esos que te descolocan o te dejan más confuso. En esta ocasión, a pesar de no ser un mal final quizá le ha faltado un toque transgresor para romper con esa idea y dejarnos literalmente con el culo torcido. De todas maneras si eres fan de este tipo de películas donde se hace funcionar al cerebro, Coherence es una de esas sorpresas agradables dentro del género.