xXx: Reactivado (D.J. Caruso, 2017)

Regresó como Riddick en Las crónicas de Riddick (2004), regresó como Toretto en Fast & Furious 4 (2009), y sucesoras. Era de esperar que regresara también como Xander Cage. Y es que hubo una época en que nuestro querido Vin no quería hacer segundas partes de sus pelis de acción, algo que por lo que vemos ha cambiado mucho de opinión.
La primera xXx (2002) fue una sorpresa, un nuevo enfoque chulesco y gamberro al género de acción y espías, una alternativa al tan serio James Bond, cierto que no era una película de las que marquen época pero lo poco que ofrecía, lo ofrecía bien. Era de esperar que no tardara en salir una segunda parte. xXx2: Estado de emergencia (2005) contaba con Ice Cube en lugar de Vin Diesel y fue una peli bastante mala, perdió toda la esencia de la original. La saga se podría haber quedado así, pero Vin Diesel está, como ya hemos dicho, en modo de hacer todas las secuelas que no hizo en su momento, de esta manera, Vin en modo productor y Dj Caruso como director tenemos, doce años después de la segunda, una tercera parte xXx: Reactivated.
La historia pierde toda el estilo de la primera. Comienza en una escena con Gibbons (Samuel L. Jackson) y Neymar, sí Neymar el jugador de fútbol, Gibbons  quiere contratarle como agente Triple X pero en ese momento cae un satélite en el café en el que están y se supone que mueren. Con esta premisa sabes que la peli no va ir en serio. Ya ves que no se va a parecer en nada a la primera. Y es que como historia la primera al menos era interesante, Xander tenia que infiltrarse en una banda anarcoterrorista que pretendía poner en jaque al mundo mediante armas biológicas. En esta ocasión, el guión es el más visto y más tópico del género. La NSA contrata a Xander (que supuestamente estaba muerto en la anterior) para que atrape a un grupo de delincuentes que han robado un aparato mágico capaz de destruir el mundo. En esta ocasión, el aparato mágico es una tablet capaz de hacer que caigan satélites como meteoritos, por supuesto este aparato pertenece a la misma NSA. Con esto ya sabes que la agente que ficha a Xander va ser en realidad la mala de la peli y que los delincuentes en realidad no son los malos. Sí, ya sé que esto es un "espoiler" pero es que lo adivinas en el minuto uno de la peli, y sí, la trama podría ser una cualquiera de las últimas de Fast & Furious. Así que lo único que nos queda por ver son secuencias de acción exageradas, música cañera y comentarios de tipo duro graciosillo del protagonista. Ni siquiera el resto del reparto está a la altura, Donnie Yen y Tony Jaa, dos pedazo de expertos en artes marciales están totalmente desubicados en la película. El resto de personajes no destacan, el único en el que te fijarás será en Rory McCann, cuyo personaje es bastante estrafalario, y porque el actor es "el Perro" de Juego de Tronos. El resto: algunas chicas guapas, un luchador de UFC, un asiático un cantante de reggueton por medio, etc.
En definitiva la película no te ofrece nada interesante. Todo lo que ves ya lo has visto en otras pelis por lo que la única gracia es ver de nuevo al personaje de Xander Cage, cosa que no es suficiente. Al menos la primera ofrecía algo que te podía interesar, esta es tan innecesaria como mala.

Battleship (Peter Berg, 2012)

Battleship, una producción de Universal Pictures y Hasbro… ¿Qué? Espera, espera. ¡Rebobina! ¿Una producción de Hasbro, en serio? Eso fue lo que muchos pensaron alarmados llevándose las manos a la cabeza, pero la verdad no sé por qué lo hicieron, no era la primera ni la última película basada en un juguete… ¿G.I. Joe? ¿Transformers? Bueno, vale, no son los mejores ejemplos, sin embargo la gente tampoco se alarma mucho cada vez que Michael Bay se regodea con sus explosiones digitales en medio de robots alienígenas. Pero bueno, esta película no engaña a nadie… ¿Queréis explosiones? ¿Queréis acción? ¿Queréis una amenaza alienígena? ¿Queréis chicas guapas y tíos macizos? Pues Battleship cumplirá todas vuestras expectativas, a la vez que enaltece vuestro espíritu de patriota norteamericano. Si buscáis otra cosa en esta película, mejor os leéis un libro.

«En 2005, los científicos descubrieron un distante planeta con un clima cas idéntico al de la Tierra. En 2006 la NASA construyó un transmisor cinco veces más potente que los existentes e inició un programa para contactar con el planeta. Se bautizó como Proyecto Beacon».

Mientras la NASA está entretenida con cosas tan importantes, Alex Hooper, un desastre personificado y una carga para su hermano, es detenido por intentar robar un burrito para impresionar a una chica y alistado a la fuerza por su hermano en la Marina, donde él es capitán. Un año después, Hooper se ha convertido en un teniente de artillería y la chica del burrito, Sam, se ha convertido en su pareja. A pesar de ello, sigue teniendo un carácter voluble y competitivo, algo que no gusta al almirante Shane, el padre de Sam. Justo cuando está preparándose para pedirle permiso a Shane para casarse con su hija, en mitad de unos juegos navales, se mete en un lío al enfrentarse con un oficial japonés, provocando que lo echen al regresar a la base tras los juegos. No obstante, lo que tenían que ser unos ejercicios rutinarios, se convierten en una auténtica batalla por la supervivencia cuando unos extraños objetos alienígenas americen entre destructores y acorazados. Será en ese momento, que la peculiar forma de operar de Hooper conseguirá que un pequeño grupo de humanos plante cara a una peligrosa y poderosa amenaza extraterrestre.
Aunque parezca mentira, la trama de Battleship se basó el conocido juego de mesa «Hundir la flota», aunque solo en una ocasión parece haber una similitud entre juego y película, y, en ningún momento, se cita la tan célebre frase que todos usamos al jugar «tocado y hundido». Si dejamos de lado la sutil referencia a este juego de mesa, esta película no deja de ser una película de invasión alienígena al uso, en la que un grupo de humanos en inferioridad numérica y tecnológica respecto a unos belicosos alienígenas, les plantará cara hasta el final.
De la mano del director de Hancock (2008), Peter Berg, Battleship nos brinda un sinfín de tensión trepidante. Durante toda la película no paran de suceder cosas, buenas o malas, haciendo que el público no tenga tiempo de pensar en lo que sucede, viéndose inmerso en la acción, teniendo la sensación de ser un protagonista más de la increíble invasión alien.
Como ya os podéis imaginar, en una película de estas características, que no es, para nada, ni cine alternativo ni de bajo coste, en la que, por encima de todo, se busca dar el mayor espectáculo, el reparto está formado por una colección de actores populares que tengan el poder de atraer a la gente. El protagonista es el guaperas de turno, en este caso, Taylor Kitsch que, a pesar de no ser un mal actor, el poco éxito de sus películas —como John Carter o X-Men Orígenes: Lobezno— lo ha llevado a quedarse en un segundo plano. Sam, la chica de guapa de la peli es Brooklyn Decker, en un convincente papel de chica en apuros que se convierte en heroína. Además, el reparto se completa por la cantante Rihanna, que no decepciona aunque resulte un poco sorprendente en el papel de marinero; Alexander Skarsgård, como el hermano responsable de Hooper; Tadanobu Asano como el oficial japonés rival, que acaba siendo el mejor aliado del prota; Peter MacNicol, conocido por ser «Bizcochito» en Ally McBeal, se convierte en un singular secretario de defensa; y, finalmente, Liam Neeson da vida, una vez más, al personaje sabio y paternal, que, en este caso, es el padre de Sam y líder de toda la flota.
Battleship repite la fórmula «Independence Day» —aunque con la Marina en lugar de las Fuerzas Aéreas—, unos aliens infinitamente superiores, unos humanos muy valientes y un happy end al estilo americano, todo ello aderezado con una buena dosis de rock de la vieja escuela de la mano de AC/DC y otros clásicos. Como resultado tenemos una peli trepidante que te pondrá la piel de gallina a la vez que te ofrece el mejor espectáculo de ciencia ficción.

Piratas del Caribe: La venganza de Salazar (Joachim Rønning, Espen Sandberg, 2017)

Está claro que una saga que ha sido un éxito en taquilla no se iba a quedar sin una nueva entrega, y Piratas del Caribe es de esas sagas que hay que estrujar hasta sacarle todo el jugo. La primera La maldición de la Perla Negra (2003) fue genial y un soplo de aire fresco a un género poco explotado en el cine moderno. Sus secuelas: El cofre del hombre muerto (2006) y En el fin del mundo (2007) supieron mantener el nivel de la anterior expandiendo su universo, eso sí, sin superar a la primera en calidad. Si los productores lo hubieran dejado aquí, La trilogía Piratas del Caribe hubiera sido una de las mejores sagas del género de acción y aventuras (y la mejor relacionada con los piratas). Por desgracia, la premisa de Hollywood es: si algo funciona exprímelo al máximo hasta que no sea rentable. Y de esta manera llegamos a la cuarta parte En mareas misteriosas (2011), que aprovechó el tirón mediático de las anteriores pero ofreciendo una película con un nivel más bajo de lo esperado. Han pasado seis años y ya estaban tardando en ofrecernos una nueva entrega.
Lo primero vamos a hablar del título de la película: Piratas del Caribe: La venganza de Salazar. Por algún motivo misterioso aquí en Europa se tradujo de esta manera, siendo su título original Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales, que vendría a ser Los muertos no cuentan cuentos, un título mucho más misterioso y más propio de la saga y de las anteriores entregas. Supongo que algún iluminado le pareció buena idea cambiarlo, no vaya a ser que no entendiéramos lo que íbamos a ver. Pero bueno no vamos a criticar una película solo por su titulo, simplemente un dato curioso que no acabo de entender.
La venganza de Salazar se remonta cinco años después de lo ocurrido en la cuarta entrega. En esta ocasión el capitán Jack Sparrow se enfrentará a un grupo de piratas-fantasma comandados por el maldito capitán Salazar, recién escapado del Triángulo del Diablo y del cual el propio Jack lo condenó a no poder salir en la posteridad. La única posibilidad de Sparrow para salir con vida es encontrar el legendario Tridente de Poseidón, un poderoso artefacto con el que controlar los mares.
Lo único que esperaba de esta película era que fuera mejor que la anterior. Tras verla no sabría decir si realmente es, al menos, igual de buena/mala que la cuarta. Y es que la película tiene todos los fallos que no tuvieron sus anteriores entregas. Para empezar la historia es simplísima, un refrito de lo que ya hemos visto, de nuevo con una tripulación maldita y un malvado capitán, El capitán Salazar, que prometía mucho y se ha quedado en nada, y eso que Javier Bardem se esfuerza por hacerlo bien, pero si el guión no ayuda y tu personaje no tiene más, por muy buen actor que seas nos vas a rascar nada. La nueva pareja de jóvenes (Brenton Thwaites y Kaya Scodelario) no distan mucho de lo visto con Keira Knightley y Orlando Bloom, sosos y sin chispa, aunque al menos Kaya ofrece algo de frescura. Pero todo esto no sería un problema si los dos grandes pesos pesados estuvieran al nivel, me refiero a Sparrow y Barbossa. Los dos están muy desafortunados, por un lado Jack Sparrow parece un caricatura de él mismo, Johnny Depp funciona en piloto automático y si destaca en la peli es porque no hay nadie más que destaque, porque hasta el propio Hector Barbossa ha quedado muy desfavorecido, no tiene la fuerza de las anteriores ni esa ironía propia, y mira que Geoffrey Rush es un actorazo de categoría y su personaje es uno de los mejores de la saga, aquí se lo “cargan”. También volvemos a ver a personajes secundarios sacados de las anteriores como Gibbs, incluso hay un cameo de Paul McCartney al estilo Keith Richards, un pequeño detalle divertido que no aporta nada a la película.
Si a eso le añadimos unas escenas más absurdas e infantiles, momentos de acción que se alargan en el tiempo y una perdida de identidad propia, nos encontramos con una película que se siente innecesaria y forzada, si hasta hay momentos en los que pierde la coherencia respecto a las anteriores películas, parece que los guionistas no se vieron la saga completa.
La verdad es que salí del cine muy disgustado. Buscaba entretenimiento y el que me han ofrecido ha sido muy justo, es difícil destacar algún momento bueno de película, hasta la escena post-créditos te deja con un sabor agridulce, porque la idea es buena pero no encaja con lo mostrado en la película.
Aún así, la película está batiendo récords en taquilla por lo que no sería de extrañar encontrarnos con una nueva entrega en los siguientes años. Pero tras lo visto en Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, mucho tiene que mejorar las siguientes, porque esta se ha convertido en una de la peores películas en lo que va de año, muy a mi pesar.


Invádeme si te atreves. Por Francesc Marí

Mars Attacks! (Tim Burton, 1996), Independence Day (Roland Emmerich, 1996), Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011), Battleship (Peter Berg, 2012), Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), Bienvenidos al fin del Mundo (Edgar Wright, 2013), Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), Al filo del mañana (Doug Liman, 2014) o Falling Skies (Robert Rodat, 2011-2015) son algunas de las películas y series de televisión de un género tan habitual de la ciencia ficción como son las invasiones de alienígenas. Sin embargo, todas estas películas —y muchas otras que se me deben escapar— se caracterizan por mostrarnos una forma un tanto peculiar de la habitual trama de invasión y conquista típica de La guerra de los mundos. En estas películas, si bien siempre los aliens empiezan con un fuerte ataque que pone contra las cuerdas a la humanidad, esta coge fuerzas y valor de cualquier parte para plantar cara y enfrentarse a los invasores, aunque que termine en derrota. Ya que, como bien dice Tony Stark/Iron Man en Los Vengadores:

«Si no podemos salvar la Tierra, sin duda la vengaremos».

Y esta no es una amenaza vacía. ¡Qué va! Porque los humanos tenemos unos co***es como un toro, y puede que al final acabemos derrotados, esclavizados o muertos, pero no nos quedaremos con los brazos cruzados mientras unos recién llegados vienen a conquistarnos sin nuestro permiso.
Todas las películas que muestran esta clase de resistencia por parte de los humanos a ser conquistados por invasores del espacio, tienen tres elementos que son indispensables para que funcione bien: la poca probabilidad de victoria, el discurso patriótico y el sacrificio humano.
La trama siempre empieza con una invasión sin previo aviso —aunque es normal, nadie invade a otro avisándole antes de que va a hacerlo— con todo un armamento superior al nuestro, y ello deriva en toda una oleada de muerte y destrucción. Destruyen nuestros símbolos más queridos —o los más queridos de los americanos—, como la Casa Blanca, Nueva York o la Torre Eiffel, es decir, nos golpean donde más duele, y nos obligan a recluirnos en nuestras madrigueras aterrorizados.
Puede que ellos tengan las armas más grandes, las naves más peligrosas, pero sin duda, no los tienen tan bien puestos como nosotros. Ya que literalmente nos la suda si son pequeños hombrecillos verdes o monstruos titánicos, la naturaleza del ser humano es plantarles cara hasta el último respiro.
Sin embargo, y ahora viene la segunda fase, siempre tenemos a un líder político o militar que es consciente del peligro que corremos, pero que sabe que somos capaces de enfrentarnos a él. En ese instante, en un momento de sentimiento patriótico altísimo mezclado con una sensación de auto-conservación de la especie, ese hombre suelta un gran discurso en pos de enaltecer los corazones todos los que lo oigan, para llenarlos de valor y enfrentarse a ese foráneo. En este sentido, el discurso más clásico es el que se marca el presidente Thomas J. Whitmore, interpretado por Bill Pullman, en Independence Day:

«En menos de una hora, estos aviones se unirán a otros de todo el Mundo, para lanzar la mayor batalla aérea en la historia de la humanidad. La humanidad, esa palabra adquiere hoy un nuevo significado. Tenemos que dejar a un lado nuestras insignificantes diferencias, estaremos unidos por un interés común. Tal vez, el azar ha querido que hoy sea 4 de Julio, y que de nuevo vayáis a luchar por vuestra libertad. No para evitar tiranía, opresión o persecución, sino la aniquilación. Luchamos por nuestro derecho a vivir, a existir. Y si vencemos hoy, el 4 de Julio ya no será únicamente una fiesta norteamericana, sino el día en que el Mundo declaró al unísono: No desapareceremos en silencio y en la oscuridad. No nos desvaneceremos sin luchar. Vamos a vivir, vamos a sobrevivir. Hoy celebramos nuestro día de la Independencia».

Si es que los humanos somos como la típica clase de alumnos rebeldes, entre nosotros estamos a matar, siempre peleándonos por tonterías, pero si viene alguien de fuera y amenaza a alguno de nosotros, que se prepare, porque le vamos a dar tal somanta de palos que le va a dar igual de que planeta proceda, ya que le vamos a echar del nuestro volando.
Y lo daremos y lo sacrificaremos todo para hacerlo. A pesar de las pobres armas de las que dispongamos, a pesar de estar acorralados y medio exterminados, cogeremos cualquier cosa que tengamos al alcance, sea un avión de hace veinte años, un acorazado de la Segunda Guerra Mundial o un viejo tocadiscos, y nos meteremos en la boca del lobo —o del alien— para patearle el culo. Puede que perdamos al vida, pero nos dará absolutamente igual siempre que, con ello, logremos vencer al invasor.
Porque una cosa que no saben los aliens es que estamos como auténticas regaderas. Cuando estamos entre la espada y la pared, siempre recurrimos a alocados planes que, a priori, son impracticables, pero con la adrenalina, el cabreo y un poco de alcohol somos capaces de cualquier cosa.
Es por todo esto que, si alguna vez, algún alien se atreviera a pisar la Tierra, antes de presentarse como un temible invasor, le recomiendo que se mire detenidamente todas estas películas, ya que sabría de lo que somos capaces los humanos y se lo pensaría dos veces antes de poner un pie en nuestra querido planeta. Porque puede que nosotros nos lo carguemos antes, pero no vamos a permitir que unos extraterrestres del tres al cuarto lo hagan en nuestro lugar… ¿No?