Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000)

Al amanecer del nuevo milenio, Japón está al borde del colapso, el desempleo está en su punto más alto y los estudiantes amenazan con boicots al sistema educativo del país. Debido a esto, el gobierno crea una nueva ley conocida como “BR”, cada año una clase de un instituto cualquiera es escogida al azar para enfrentarse, en una isla abandonada, a un cruel juego de supervivencia extrema. 
Los japoneses en el cine siempre van más pasados de vuelta –y más si vienen del manga-, no se cortan un pelo, si tienen que poner a un grupo de chavales para matarse mutuamente pues no pasada nada, se hace y ya está, se les encierra en una isla y se le obliga a ello. Y si no quieren les ponemos collares bomba y un límite de tiempo para que se motiven más y se lo pasen mejor. Puede que alguno le resulta familiar esta premisa, sí, tenemos algo parecido en la película La isla de los condenados (The Condemned, 2007) solo que aquí en lugar de estudiantes son presidiarios condenados a muerte –mucho más ético donde va a parar-, pero la idea es la misma, están en una isla, hay cámaras para seguir el espectáculo, hay armas de todo tipo, y la idea es que solo puede quedar uno. Seguramente algunos de esos aspectos os recuerden también a una saga más de moda actualmente. Los Juegos del Hambre (2012) se ha convertido en una película muy popular y conocida por la gente, es una peli entretenida y fácil de ver, pero como está basada en un libro dirigido mayoritariamente al sector juvenil, no es tan violenta ni tan cruda a pesar de tener una trama bastante fuerte (en el sentido de que la base de la peli son peleas a muerte entre jóvenes por la supervivencia), tampoco esa es la idea, la historia se decanta más por el tema político y romántico. Por eso para los que queremos violencia gratuita sin sentido y nada mas Battle Royale nos viene como anillo al dedo, de hecho es lo único que se puede valorar positivamente. La trama es absurda, para controlar a los estudiantes los matamos entre ellos –en lugar de elegir a los que sean más inteligentes o estén más preparados para los estudios o la vida laboral- porque no hay discriminación, seas chico o chica, buena persona o un cabronazo todos están metidos en el mismo saco y tienen las mismas oportunidades, o no, ya que a la hora de repartir armamento te puede tocar desde un triste boomerang a una ametralladora –suerte chaval-. Las interpretaciones están al nivel de primero de curso, no te transmiten emociones y no te sientes identificado (bueno puede que sea porque son japoneses), pero por lo menos lo compensan con frikismo y humor absurdo. 
Y eso es lo divertido, te ríes viendo la película porque sabes que no es seria y esta echa más a cachondeo. No es una peli dirigida para todos los públicos ni pretende dar lecciones de moralidad o crítica social, tampoco pasará a la historia por contar con las mejores interpretaciones ni por los efectos especiales, que prácticamente no hay, por eso en lo general no se puede calificar de peliculón, pero si tienes una mente coja y desequilibrada como la mía te gustará.Tiene una segunda parte pero como es habitual, no está a la altura de la primera.