’Allo ’Allo! (BBC, 1982-1992)

Durante la Segunda Guerra Mundial en el pequeño pueblecito de Nouvion, en la costa normanda de Francia, todo transcurre con total normalidad. El amo del café, René Artois vive plácidamente con su esposa, Edith, y la madre de esta, Fanny, sirve a los conquistadores alemanes y evita meterse en líos. Pero no todo es tan tranquilo como parece, René se entiende a escondidas con Yvette, una de las camareras, con la que se ve cuando su mujer esta comprando la carne o limpiando las mesas, pero debe procurar que Maria, la otra camarera, tampoco se entere ya que también se entiende con ella. Además la escurridiza muchacha, Michelle Dubois, líder de la resistencia local (la de De Gaulle... ¡el de la nápia!, no la comunista) no hace más que encargar-le misiones suicidas, ocultar aviadores ingleses, comunicarse con Londres, explotar vías de tren, atacar a los alemanes, etcétera, etcétera; hechos que lo convierten en "el hombre más valiente de Francia", aunque él solo querría ser el humilde propietario de un café. Por otro lado el jefe alemán de la zona, el Coronel Von Strohm, confía a René el cuidado de ciertos objetos de valor que pretende venderse tras la guerra, un reloj de cu-cu y el cuadro de "la Madona pecadora del par de melones de Van Klompt", para que lo oculte lejos de las miradas de la Gestapo, liderada por Herr Otto Flick. Por ello, René debe mantener en secreto que es un miembro de la resistencia a los alemanes, y que es un colaboracionista a la resistencia, mientras que intenta sacar adelante su negocio.
Aunque parezca sorprendente este resumen -sí, sí, es un resumen- tan solo es el planteamiento de la primera y de la segunda temporada de esta serie, ya que durante las nueve temporadas que duró la tuerca fue girando y girando haciendo aparecer y desaparecer personajes, tesoros, longanizas, y demás, para que al final, incluso los propios personajes no saben que se traen entre manos.
Estamos ante una brillante serie de la BBC, donde el clásico humor británico se presta a ridiculizar a todo el mundo, incluso en situación de guerra. En ’Allo! ’Allo!, los británicos, con su peculiar estilo de comedia, se ríen de los franceses, de los alemanes, de los italianos, de los españoles, de los belgas, e, incluso, de ellos mismos, haciendo que nadie quede en pie.
A pesar de ser un serie coral, en la que todos sus protagonistas tienen su momento de gloria, es René el que lleva el hilo argumental y el que prácticamente nunca abandona la escena. Este peculiar, bizco, sudoroso y extrañamente popular entre las mujeres barman hará nuestras delicias, luchando contra los alemanes, con ayuda de la resistencia y de los alemanes, contra la resistencia (comunista, por supuesto), con ayuda de los alemanes. Pero no lo haría de la forma heroica que se le puede atribuir a un hombre de acción como “el hombre más valiente de Francia”, sino que esconderá a los aviadores británicos en diversas partes de su café como el sótano, el armario de su suegra, el gallinero o las propias paredes, sin olvidarnos que el par de aviadores llega a Nouvion ataviados como vendedores de cebollas franceses en bicicleta… Conduciendo por el lado equivocado de la carretera. En los planes que tiene que llevar a cabo siempre estarán involucradas las cuatro mujeres de su vida: su mujer, su suegra y sus dos apreciadísimas camareras. Las dos a las que está obligado a aguantar, fueron en sus mejores tiempos -es decir, en la edad media- artistas de cabaret en París, algo que pretenden emular día sí y día también amenizando -en este caso sinónimo de horrorizando- las veladas del café. En cuanto a sus camareras, bueno, las tiene para alegrarse la vista, la suya y la de los alemanes, ya que gracias a sus encantos -y a saberlos utilizar- consiguen petróleo, gasolina, queso, café, y demás productos muy cotizados en época de guerra.
La que realmente amarga la vida de René es Michelle, la líder de la resistencia local, que le encarga -sin que lo acepté- las misiones que debería hacer ella. Por ello, René se ha convertido en el Halcón Nocturno, el enlace con los británicos, con los que se comunica con una radio instalada debajo la cama de su suegra, cuyo altavoz es su orinal. En realidad, la vida también se la amargan los alemanes, ya que le “piden” muy amablemente obligándolo a aceptar, a esconder un cuadro -cuyo paradero se pierde en los capítulos-, mientras que el oficial de la Gestapo lo presiona constantemente para que cante. Si es que los alemanes le arruinan la vida, incluso después de matarle y obligarlo a hacerse pasar por su hermano gemelo, su mujer se cree propietaria del café y flirtea con el enterrador del pueblo. Pero eso ya es otra cosa. Para llevar a cabo los planes de la resistencia, que siempre coinciden en sentido opuesto a los de los alemanes, René contará con la ayuda de un teniente de artillería alemán que pierde aceite y que está coladito por él, un falsificador que no sabe falsificar, y un gendarme de origen británico que cree que habla bien francés, sin olvidarnos de su mujer, su suegra, las dos camareras, los aviadores, el general, el ayudante y la secretaria de este. Vamos, lo que se dice un locura.
La serie fue creada por Jeremy Lloyd y David Croft, dos guionistas británicos especialistas en sitcoms, y fue la BBC la que se encargó de producirla y emitirla, y a los pocos capítulos se convirtió en uno de los mayores éxitos de la cadena, y triunfando en toda Europa, tanto Alemania, como Francia recibieron con buenos ojos esta comedia inspirada en momentos oscuros de la historia. Fue tal su éxito, que llegó hasta nuestro país donde fue emitida por las televisiones autonómicas, cosechando importantes audiencias en Televisió de Catalunya. Si bien tuvo mucho éxito, también recibió duras críticas por parte de ciertos sectores de la sociedad británica, que consideraban inoportuno e inapropiado el tema de la serie, a pesar de ello, las audiencias y el público en general estaban de su parte.
A pesar del éxito, que los llevó incluso a adaptar la serie para convertirla en una obra de teatro, su continuidad peligró en 1990, cuando durante unas tormentas que asolaron el noroeste de Europa, Gorden Kaye -el actor que da vida a René Artois- sufrió serias heridas al golpearle una madera en la cabeza, llegando incluso a peligrar su vida. Jeremy Lloyd y David Croft, ante tal situación, no dudaron en parar la serie y se plantearon acabarla si Kaye no se recuperaba. Pero finalmente, el actor se recuperó al cien por cien y regresó a la serie tan solo con una considerable herida en la frente.
Como ya hemos comentado más arriba, se trata de una serie coral que gira en torno a un personaje central que sirve como hilo conductor del argumento. La dura tarea de ser el centro de atención la llevó a cabo Gorden Kaye, quien cogió el papel de René y lo convirtió en el personaje mítico que ahora conocemos. Cada episodio empieza con un monólogo del personaje que cruza la cuarta pared y se dirige directamente con el espectador, algo que sin que se note te hace conectar con este simpático personaje. Además de Kaye, aparecen Carmen Silvera como su esposa Edith, Rose Hill como su suegra Madame Fanny, Vicki Michelle como la camarera Yvette, Francesca Gonshaw como la camarera Maria, Sue Hodge como Mimi -la camarera que sustituirá a Maria tras la desaparición de esta-, Kirsten Cooke como Michelle “de la resistencia”, Jack Haig como Ernest LeClerc -cuando Haig murió el personaje fue sustituido por su hermano gemelo, Roger LeClerc, interpretado por dos actores Derek Royle y Robin Parkinson-, Kenneth Connor como Monsieur Alfonse el enterrador, Hilary Minster como General Von Klinkerhoffen, Richard Marner como Coronel Von Strohm, Guy Siner como el afeminado Teniente Gruber, Sam Kelly como el Capitán Geering, Gavin Richards como Capitán Alberto Bertorelli -un personaje magnífico que se malogró y desapareció de la serie tras ser sustituido el actor que lo interpretaba-, Richard Gibson como Herr Flick de la Gestapo -cuyo actor también fue sustituido en la última temporada-, Kim Hartman como la soldado Helga, John Luis Mansi como Herr Von Smallhausen, Arthur Bostrom como Oficial Crabtree -el británico que se hace pasar por gendarme-, y John D. Collins y Nicholas Frankau como los aviadores Fairfax y Carstairs.
A todos estos actores, se les debe unir unos creadores brillantes que consiguieron con un humor muy sencillo, ya que ocultar cuadros en longanizas falsas no es nada del otro mundo pero si es una genialidad, explicarnos como era la vida de los franceses bajo el dominio alemán, y hacerlo de tal modo que después de ver la serie no te sumes en un episodio dramático de depresión, al contrario, descubres la historia a través del humor, algo que facilita su aprendizaje. Estoy de acuerdo en que no es una serie de alto nivel histórico, ya que hay situaciones demasiado rocambolescas en ella, pero es verdad que en toda Francia -igual en Bélgica y Holanda- que la resistencia tomó formas de actuar y de esconderse bastante peculiares, haciendo que las mostradas en la serie no resulten tan extrañas. Del mismo modo, no todos los conquistadores alemanes nazis eran malvados, al contrario, se conoce el caso de alemanes que tras la guerra se casaron y tuvieron hijos en Francia, con mujeres que habían “conquistado”. Y como situaciones de estas miles, haciendo que lo realmente peculiar de la serie no sean tanto las situaciones, sino que todas se hallan en un pequeño pueblecito del norte de Normandía.
El humor punzante hace de esta serie un clásico de la televisión, que no hace más que hacernos reír escena tras escena del tal manera que, hoy en día que tan solo se puede ver en DVD, veamos capítulos y capítulos sin parar, haciendo que sus nueve temporadas nos resulten fugaces y tengamos ganas de más. Para aquellos que se queden con ganas de más ’Allo ’Allo! después de ver la serie, les recomiendo que busquen dos especiales que se realizaron después del último episodio de la serie… Escuchen con atención, solo lo diré una vez: The Best of ’Allo ’Allo! (1994) y The Return of ’Allo ’Allo! (2007).