Walter el lobo (José Luis Munuera, 2009-2010)

Walter es un lobo humanizado -al más puro estilo de Disney o, en una versión más adulta, de Blacksad-, piensa, poco pero piensa, anda a dos patas, y tiene manos, pero no habla. Este pequeño detalle marca el carácter de todas sus aventuras, en las que el humor no proviene del chiste hablado, sino de un humor más gráfico, mucho más visual. El autor, José Luis Munuera, del que hablaremos más adelante, deja claro que dibuja lo que le gustaría leer a él, y Walter el lobo es el mejor ejemplo. Es rápido, divertido, y nunca te cansas de él. El personaje de Walter, al pasar unas pocas páginas, te enamora, te atrae, te encandila, te domina por completo. Su bondad y bonachería combinada con su peculiar habilidad por meterse en problemas, hace que cada página sea un goce y un disfrute para nuestros ojos. Al leer sus páginas es imposible no recordar los cortos animados de Goofy, en los que el personaje apenas habla, y no hace más que denotar su patosidad en todo aquello que hace, y, como veremos, las consecuencias de ser un desastre no siempre las recibe él.
Tres son las aventuras, o desventuras, protagonizadas por este simpático lobo. La primera de ellas es La noche del Bebé-Lobo, en la que por los avatares de la vida se ve encadenado a un bebé que por las noches se convierte en un monstruo, y en su intento de huir del monstruo llega a un pequeño pueblo medieval, cuyos habitantes se unen a la persecución, dando lugar a una grotesca carrera sin final, en la que unos plebeyos persiguen a un noble, que a la vez sigue al monstruo, que no deja respirar al pobre Walter. Después de esta aventura a alta velocidad, Walter deja el papel protagonista a un zorro, Fairbanks -claramente inspirado por el actor de cine Douglas Fairbanks-, que convierte esta segunda aventura, Hambre de zorro, en una historia digna de los mejores enfrentamientos entre el Coyote y el Correcaminos. Fairbanks es un zorro hambriento que descubre que Walter es un experto cocinero y sibarita, y hará cualquier cosa para robarle alguno de sus platos. La última aventura, El anillo mágico, es tal vez la más elaborada de todas, en la que Walter se ve en mitad de un épico viaje, muy similar al que podemos leer en El Señor de los Anillos, junto a unas pequeñas criaturas, los menudillos, que llevan la pesada carga del anillo mágico, cuyo anterior propietario, San Román, es un coleccionista obsesionado con todo tipo de objetos, hacia su destrucción.
Como ya hemos dicho un poco más arriba, José Luis Munuera es uno de esos autores que escribe y dibujan aquello que ellos les gustaría leer, algo que han afirmado grandes autores como André Franquin, y eso se nota, ya que da lugar a relatos mucho menos forzados, más dinámicos, y, por supuesto, más entretenidos. Este dibujante español, como muchos otros, a falta de un mercado nacional, se ha trasladado a uno de los mercados más prolíficos del cómic, el franco-belga. Ha sido entre Bélgica y Francia donde ha crecido dando lugar a verdaderas obras de arte como las series de Merlin, El juego de la Luna o Fraternity -este último junto a otro autor español, Juan Díaz Canales, creador de Blacksad-, labrándose una fama de dibujante prolífico. Su estilo gràfico, una mezcla entre la vieja escuela franco-belga y el cómic de aventuras moderno, lo ha llevado a hacerse cargo, juanto a Morvan, de Las aventuras de Spirou y Fantasio, donde renovó la serie -pérdida desde La máquina que piensa de Tome y Janry- en París bajo el Sena, El hombre que no quería morir, Spirou y Fantasio en Tokyo y A los orígenes de Z. Personalmente, considerándome un gran lector de cómic franco-belga, siento debilidad por la obra de Munuera, su estilo gráfico y el dinamismo de sus viñetas llega a cautivar des del principio, consigue dar una impronta de velocidad increíble que pocos dibujantes logran alcanzar. A día de hoy, para mi Munuera es uno de los mejores dibujantes del cómic franco-belga, y que sea compatriota no hace más que denotar el talento comiquero de los españoles, tan desaprovechado por las editoriales.
Volviendo al tema que nos ha traído hasta aquí, Walter el lobo es una de esas pequeñas obras de arte que muchas veces pasan desapercibidas para el gran público, pero que recomiendo encarecidamente que se lea. Además, en este caso, contamos con la versión española de la editorial Dibbuks, que ha reunido las tres aventuras que fueron originalmente publicadas en francés por Dargaud. Seguramente Munuera será recordado por su participación en series como Spirou, pero son en estas pequeñas joyas, como Walter el lobo o Les Campbell, que demuestra su talento y nos da envidia, ya que se nota que disfruta con lo que hace.