Maverick (Richard Donner, 1994)

Muchos años después de El bueno, el feo y el malo, y muchos antes de Django desencadenado, en una época en que el western era un género anticuado, Richard Donner, responsable de la saga Arma Letal y Los Goonies, y William Goldman, guionista de Dos hombres y un destino, decidieron recuperar la historia de una antigua serie de televisión, y adaptarla a tiempos más modernos, en jugada que, si hubiera salido mal, hubiera podido ser un auténtico desastre.
Bret Maverick no es el típico cowboy, no es un pistolero, ni un aventurero, ni nada por el estilo, incluso se le podría llamar cobarde, pero como su padre solía decir: “el que pela y luego huye, vivirá para huir otro día”. Sin embargo Maverick es uno de los mejores tahúres del viejo oeste y hará cualquier cosa para reunir los 25.000$ que cuesta inscribirse en el torneo de póker de Old River. A falta de 3.000$, recurrirá a viejos amigos que le deben dinero, que, curiosamente, están sin blanca, y por ello deberá intentar conseguir el dinero de cualquier otra forma, como disfrazarse de nativo enfermo para que un archiduque ruso lo cace. Pero si no tuviera suficiente con que sus amigos le den la espalda cuando más los necesita, deberá aguantar a la cargante Annabelle Bransford, una mujer que también quiere entrar en el campeonato, y Zane Cooper, un marshal de dudoso valor obsesionado con forjarle el carácter a base de meterlo en situaciones peligrosas. Y para colmo, un misterioso forajido mejicano hará lo imposible para que no llegue al torneo. No ha sido la mejor semana para Bert… ¡Perdón! Para Bret.
Para el papel protagonista Richard Donner no se la jugó y escogió a Mel Gibson, un tipo duro donde los haya que encaja a la perfección en el papel de este “valiente” tahúr un poco neurótico. Y es que Gibson demuestra que además de saber golpear y saltar entre los caballos de una diligencia a galope tendido, también sabe guardar la tensión de la escena y soltar alguna que otra frase con gancho para sacarnos una sonrisa. Debemos admitir que el papel de Maverick se adapta al estilo de los noventa, ya que en más de una ocasión nos damos cuenta que tanto podría ser Maverick como Martin Riggs de Arma Letal. A su lado está una increíble Jodie Foster que, a pesar de interpretar uno de los papeles a los que nos tiene acostumbrados, demuestra todo su talento metiéndose en la piel de la enigmática Annabelle Bransford.
Y para que la película de Maverick sea redonda, que mejor que contar con el Maverick original, James Garner, ya que además de un guiño al origen del personaje, es una apuesta segura al contar con un actor de este calibre. Además de Gibson, Foster y Garner, el reparto cuenta con muchos nombre propios como Alfred Molina, Graham Greene y James Coburn, sin olvidarnos la lista de cameos como Hal Ketchum, Corey Feldman, Dub Taylor, Art LaFleur, Leo Gordon o Dan Hedaya. Pero es el cameo de Danny Glover el que arrancará más de una sonrisa, cuando este, como atracador, cruza un par de miradas con Gibson, como si se conocieran de algo, pero ambos niegan con la cabeza, y Glover se va quejándose: “Soy demasiado viejo para esto”, recordando una de las míticas frases de la saga Arma Letal.
La película, en gran parte narrada por el propio Maverick, se articula en diversos episodios con elementos típicos de los mejores westerns. Como es de esperar de una película de tahúres, uno de los platos fuertes son las partidas de póker, que son brillantemente rodadas, aún así solo son dos. Pero además, Maverick también tiene escenas con grandes acrobacias, tiroteos, peleas nocturnas, atracos, ataques de los indios y un largo etcétera, pero todos ellos en su justa medida, dando lugar a un cóctel perfecto de tópicos del oeste.
Puede que no sea el clásico del western, ni tampoco la recreación más fidedigna del oeste americano de finales del siglo XIX, sin embargo Maverick cumple como lo que es, una película de aventuras, tiene acción, tiene humor y romanticismo, unos protagonistas con los que te sientes identificado a la primera y, sobre todo, una gran historia.