Star Trek: Voyager (UPN, 1995-2001)

La USS Voyager, una de las naves más avanzadas de la Flota Estelar, es enviada a las Tierras Baldías con la misión de localizar una nave Maquis desaparecida. Pero lo que al principio no parecía más que una simple misión no muy lejos del territorio de la Federación, se convierte en el viaje de exploración más largo y más inesperado de la historia. La Voyager es atraída hasta el Cuadrante Delta, al otro extremo de la galaxia por un poderoso alienígena, donde, después de descubrir el poder casi divino de este, es abandonada en un territorio tan hostil como completamente desconocido. Será entonces, cuando la capitana Janeway y su tripulación unirán sus fuerzas con la nave Maquis, al liderada por Chakotay, un antiguo comandante de la Federación, con conseguir la única misión y más difícil misión que se les pueda encomendar… Volver a casa.
Durante el largo viaje que les espera, a una distancia de unos 75 mil años luz, la tripulación improvisada de la Voyager no se quedará ocioso, y, mientras hace todo lo posible para acortar un viaje de unos setenta años, explorará y documentará todas las especies y planetas que se encuentren por el Cuadrante Delta. Una misión que resultará sorprendente pero no fuera de los parámetros habituales, así como afirma la misma Janeway:

“Somos oficiales de la Federación, lo extraño es nuestro trabajo”.

A parte de todos aquellos seres hostiles que se crucen en su camino, la capitana Janeway deberá luchar contra las tensiones que surgen entre su tripulación y los maquis supervivientes, sin olvidarnos de la fuerza de gravedad que afecta a su pelo. El peinado que lleva Janeway durante las tres primeras temporadas es, prácticamente, imposible, y, a pesar de estar a miles de quilómetros de su casa, tuvo laca suficiente para sostener su peculiar peinado durante tres años. En mi opinión, uno de los momentos más importantes de la serie –tanto como cuando Riker se dejó barba– es el cambio de peinado de la capitana.
Bajo las órdenes de la capitana, que actúa como una madre comprensiva y severa para todos, trabaja una tripulación formada por Maquis y oficiales de la Federación. El primer oficial es el comandante Chakotay, un descendiente de nativos norteamericanos y líder los rebeldes Maquis; el oficial de seguridad es el teniente Tuvok, un vulcano chapado a la antigua; el jefe de operaciones es Harry Kim, un humano, al igual que Tom Paris, piloto de la nave; la jefe de ingenieros es una mujer medio klingon y medio humana perteneciente a las fuerzas maquis; al morir el doctor jefe al llegar al Cuadrante Delta, es sustituido por un HME (Holograma Médico de Emergencia) un programa muy complejo que convertirá en un miembro más de la tripulación. La tripulación la completan dos seres del Cuadrante Delta, Neelix, un talaxiano aficionado a la cocina; Kes, una ocampa con ganas de viajar y pareja de Neelix; y Siete de Nueve, una humano asimilada por el colectivo Borg, pero liberada por la tripulación del Voyager, que se convertirá en uno de los personajes más sexys de todo el universo Star Trek –bendita seas, Jeri Ryan–. En pocas palabras, se puede decir que para una misión tan poco habitual como la de esta nave, lo mejor es contar con una tripulación acorde con ella.


A lo largo de su viaje, la Voyager tendrá que enfrentarse a una larga lista de enemigos, como los Kazon o los Hirogen, pero, sin duda, el más temible y fuerte de los enemigos a los que el Voyager deberá plantar cara, es el colectivo Borg. Estos… O este… O… Bueno, los Borg ya fueron presentados en La nueva generación –con momentos tan impactantes como la asimilación de Picard–, será en Voyager en el que los Borg se convertirán en un elemento habitual del universo, como primero hicieron los Klingon y después los Cardasianos… o Q.
No hay lugar a dudas de que el planteamiento inicial de esta serie, al más puro estilo de la Odisea de Homero –aunque a veces abusen de las situaciones de esperanza para regresar a la Tierra–, es más original y se nota que, detrás de ella, hay la intención de, al igual con Deep Space Nine, demostrar que el universo de Star Trek va más allá de la Enterprise. Sin embargo, al tratarse de la tercera serie sobre Star Trek producida en los noventa, y tras dos series de siete temporadas cada una, es muy difícil sorprender al público con nuevas razas o personajes carismáticos. Por mucho que nos gusten los Kazon, siempre estarán los Klingon por delante; y por muy bien que nos caiga Tuvok –que no es mi caso–, Spock siempre estará por encima. Seguramente, si Voyager no formara parte del universo Star Trek sería mucho más llamativa, pero no podría aprovechar el tirón de la serie original o de La nueva generación.
En resumidas cuentas, Voyager es una serie muy digna para el universo Star Trek, y muy apetecible para los más fans de la franquicia; sin embargo, tiene en su contra varios centenares de capítulos, personajes y argumentos que la preceden y, al final, resulta un poco tediosa, a no ser que seas un trekkie de pura sangre.