Cuaderno de Bitácora de un Trekkie. Fecha Estelar 1513.7

Hoy, tras un largo pero provechoso e interesante año y medio, he llegado al final del periplo que supone convertirse en un trekkie de pleno derecho. Tampoco quiero decir que haya sido fácil, al contrario, ha habido momentos realmente duros, como las temporadas intermedias de Deep Space Nine o Voyager, en las que la acción y los momentos trascendentales brillan por su ausencia. Recuerdo con cierto humor la primera entrega de este Cuaderno, en la que mostraba mi temor por las primeras temporadas de la serie original, sin embargo al final resultaron las más entretenidas.
La verdad sea dicha, mi percepción del Universo Star Trek ha cambiado mucho desde que empecé en esta aventura, sinceramente hablando, como aficionado a Star Wars de toda la vida, tenía cierto respeto a una serie televisiva cuya fama de ser extremadamente “friki”; sin embargo, ahora, tras tantas horas y aventuras he llegado a comprender el motivo por el que hay millones de personas aficionadas a esta franquicia. Detrás de Star Trek hay algo más –puede que haya momentos un poco tediosos, pero es normal con tantas horas de metraje–, hay toda una interpretación del mundo, la sociedad y la cultura contemporánea, llevada a una forma de entretenimiento, para que todos lo vean y comprendan.
A parte de esta faceta más cultural de la franquicia, el legado de Star Trek es mucho más amplio, sobre todo en el mundo de la ciencia ficción. Tanto en la televisión como en el cine, el mundo creado por Gene Roddenberry se ha convertido en todo un precedente, tanto por el gran número de temáticas que toca, como las formas de concebir el futuro del universo. Alguien podría decir que Star Wars es mucho más relevante en este aspecto, pero debemos tener en cuenta la premisa de ambos universos, en el caso del de George Lucas, las historias transcurren en una galaxia “muy, muy lejana”, mientras que el de Roddenberry es una hipótesis de lo que le depara a la humanidad en un futuro no muy lejano.
Puede parecer que tan solo once entregas del Cuaderno de Bitácora de un Trekkie es poco para una serie de tal envergadura como es Star Trek; la intención inicial era hacer un seguimiento más periódico de mis vivencias en el camino de convertirme en un trekkie, sin embargo, llegados a un punto ciertos elementos eran repetitivos y no quería ser redundante en cada entrega, por lo que me decanté por centrarme en elementos esenciales del universo –como la barba de Riker o el peinado de Janeway–, en lugar de intentar hablar en detalle de todos y cada uno de los elementos de la serie. Con esto no pretendo justificarme por no hacer decenas de entregas, sin embargo es el principal motivo que me llevo a simplificar un poco más este proyecto.
Ver la mayor franquicia de la ciencia ficción empezó siendo un reto para mi, algo a lo que enfrentarme después de haber visto y disfrutado de centenares películas y series, pero con el paso del tiempo, capítulos, historias y personajes, Star Trek ha dejado de ser un reto para convertirse en una afición. Con ello no quiero decir que me haya convertirme en el mayor trekkie de la historia, seguramente estoy a años luz del más pequeño de los trekkies, sin embargo si algo puedo asegurar es que me he convertido en un aficionado de pleno derecho de Star Trek. Puedo nombrar a mi capitán favorito, admito que me gustaría vestirme con un uniforme de la Flota y enfrentarme a alguna de las especies más terroríficas de la franquicia, desde los borg a los cardasianos, pasando por los klingon o romulianos. Al más puro estilo del capitán Kirk en La ira de Khan, puedo lanzar un grito al espacio y que este resuene por todos los cuadrantes: ¡He acabado con Star Trek!
Star Trek, la última frontera. Estas han sido las experiencias de un trekkie, ya no tan advenedizo, en una misión dedicada a la exploración de capítulos desconocidos, al descubrimiento de nuevos personajes, de nuevas películas, hasta alcanzar lugares donde ningún friki ha llegado antes…