Star Trek: Enterprise (UPN, 2001-2005)

Casi cien años después de que Zefram Cochrane estableciera el primer contacto con los vulcanos, los humanos han avanzado significativamente en cuanto a vuelos espaciales se refieren. Su última creación es la NX-01 Enterprise, con la que pretenden explorar la galaxia, así como otras razas hicieron antes. Sin embargo, los vulcanos, que se han convertido en los principales aliados y protectores de los humanos, siguen oponiéndose a que los humanos crucen la última frontera. Haciendo oídos sordos a las recomendaciones de los embajadores vulcanos, la Flota Estelar encarga a Jonathan Archer que capitanee la Enterprise para cumplir una pequeña misión relacionada con un klingon que ha aparecido en la Tierra. Pero lo que puede parecer una simple misión de prueba, se convertirá en un largo viaje a lo largo del cuadrante alfa guiados por la sabiduría vulcana y la impetuosidad humana.
A pesar de tratarse de una precuela de todas las series anteriores, Star Trek: Enterprise tiene una clara misión de romper con todo lo que había sucedido hasta entonces. No solo se aleja del tiempo de las demás series -impidiendo posibles participaciones de personajes populares-, sino que además el estilo y el concepto del universo se establece como un eslabón entre nuestro tiempo y el futuro. Otro ejemplo de rotura, es la presentación, dejando de lado la habitual música instrumental y las imágenes del espacio, es sustituida por una canción muy pop y con recorrido en imágenes por la historia de la exploración humana. Estos dos elementos, y muchos más que no hace falta mencionar, muestran que la intención de la producción era crear una nueva serie que, si bien se enmarcaba en el universo Star Trek, era lo suficientemente independiente de todas las demás.
Como ocurre en todas las entregas, uno de los elementos, sino el más importante, es la tripulación principal de, en este caso, la NX-01 Enterprise. Esta nave, la primera de su clase y la primera en llegar a 5.0 de warp, está liderada por el capitán Jonathan Archer, hijo de uno de los responsables del impulso warp, es un hombre sensato y atrevido que sabe que sobre sus espaldas recae el peso de las primeras exploraciones llevadas a cabo por humanos. Su primer oficial es T’Pol, la primera vulcana en servir en una nave de la flota, y, como sucede con Spock en TOS, se convierte en el contrapunto más frío y lógico para el valiente capitán Archer. El comandante Charles “Trip” Tucker III se convierte en jefe de ingenieros y segundo oficial; el teniente Malcolm Reed es el responsable de la seguridad y de las armas; el alférez Travis Mayweather ocupa la plaza de timonel, y la alférez Hoshi Sato la de oficial de comunicaciones del puente, como especialista en lingüística. La tripulación se complementa por el doctor Phlox, un denobulano aficionado a los tratamientos poco comunes. Además, la Enterprise cuenta con un destacamento de militares que actúa bajo las órdenes del mayor J. Hayes.


La NX-01 Enterprise, a pesar de contar con la última tecnología terrícola, deberá enfrentarse a todo tipo de enemigos y problemas. No solo tendrá que luchar con los klingon, los romulanos, sulibanes y los oriones, sino también se verá obligado a enfrentarse con los propios vulcanos que todavía no confían en los progresos de los humanos como especie. La tripulación de Jonathan Archer se verá inmersa en una guerra fría temporal, experimentando los primeros viajes en el tiempo, así como en un conflicto abierto con los Xindi, un conjunto de especies -todas ellas descendientes de la misma especie- que creen que los humanos son sus principales enemigos en la galaxia. Sin olvidar las peculiares relaciones que mantendrá con los andorianos, representados por el comandante Shran (que personalmente es mi personaje favorito de la serie), interpretado por Jeffrey Combs, un habitual de la franquicia.
A nivel técnico, a diferencia de las anteriores entregas, ENT se convierte en la primera serie de Star Trek en rodarse en alta definición y wide-screen, ofreciendo al espectador una cualidad mucho más elevada en los elementos de “ciencia-ficción”. Del mismo modo, los efectos digitales y de CGI son llevados a un estado pleno, dándonos personajes completamente digitales, como los xindi-insectoides, y combates espaciales dignos de una serie de la talla de Star Trek.
Enterprise nos desvela secretos que en las series cronológicamente posteriores se daban por sentado, como, por ejemplo, porque en TOS los klingon no lucen sus crestas craneales; de que manera participan los militares en la conquista del espacio; como se convierten los romulanos en enemigos irreconciliables de la Flota y, lo más importante, como se consigue fundar la Federación de Planetas.
A pesar de los avances técnicos y las mejores digitales, la serie no dejaba de ser una precuela de la serie original, y, por lo tanto, algo solo llamativo para los aficionados a Star Trek. Pero, en cambio, para el público general, no dejaba de ser más de lo mismo, más naves, más especies alienígenas y más viajes en el tiempo. Por ello, aún que es palpable una mejora argumental, no hubo una respuesta del público que justificara el mantenimiento de la serie, por lo que, después de cuatro temporadas y con muchas expectativas puestas en el futuro que la enlazaría con la serie original, Star Trek: Enterprise fue cancelada de forma irrevocable. Por primera vez, tras dieciocho emitiendo sin pausa, Star Trek desapareció de la parrilla televisiva.
Supongo que es por este motivo, junto con su eje cronológico dispar, que Enterprise se ha convertido en la serie de menor importancia de la franquicia para el público. Sin embargo, el final que los responsables quisieron darle, deja claro que, si hubiera podido continuar, se hubiera convertido en el tercer pilar de la franquicia junto a TOS y TNG.