Star Wars. Episodio IV: Una nueva esperanza (George Lucas, 1977)

Tras cinco años de duro trabajo, centenares de borradores, enfrentamientos con los productores, rodajes imposibles, efectos especiales casi imposibles y un montaje que por poco le cuesta la vida, George Lucas había logrado su objetivo, producir su space-opera. Por fin, la calurosa tarde californiana del 25 de mayo de 1977, en el Teatro Chino Grauman de Hollywood, una masa de gente —entre los que se encuentra Samuel L. Jackson— espera poder entrar en el estreno más esperado y desconocido del año: La Guerra de las Galaxias. Las luces se apagan súbitamente y empieza el espectáculo…

“Nos encontramos en un perídoo de guerra civil. Las naves espaciales rebeldes, atacando desde una base oculta, han logrado su primera victoria contra el malvado Imperio Galáctico. Durante la batalla, los espías rebeldes han conseguido apoderarse de los planos secretos del arma total y definitiva del Imperio, la Estrella de la Muerte, una estación espacial acorazada, llevando en sí potencia suficiente para destruir a un planeta entero. Perseguida por los siniestra agentes del Imperio, la Princesa Leia vuela hacia su patria, a bordo de su nave espacial, llevando consigo los planos robados, que podrán salvar a su pueblo y devolver la libertad a la galaxia….”.

Argumentalmente han pasado veinte años desde el fin de las Guerras Clon y el exterminio de los Jedi, pero, en 1977, todo eso no se sabía, solo eran apuntes en las libretas de Lucas, ante los ojos del público se abría todo un nuevo universo repleto de personajes sorprendentes, originales culturas y un sinfín de tramas en las que los protagonistas podían verse sumergidos. Pero, ¿qué hubiera pasado si George Lucas hubiera podido hacer la película que, en un principio, tenía en mente? Pues que en lugar de tener Star Wars tendríamos una versión de Flash Gordon en la que, muy probablemente, no sonaría la música de Queen. Por que, para aquellos que no lo sepan, en un principio Lucas quería adaptar la historia de este personaje, sin embargo, al saber que los derechos pertenecían al productor italiano Dino De Laurentiis, decidió inventarse su propia saga espacial.
Partiendo de un solo tratamiento de catorce páginas, Lucas escribió un guión que sufrió un sinfín de cambios —sin ir más lejos, el protagonista pasó de llamarse Starkiller a Skywlaker—, pero siempre manteniendo la esencia de la trama, la lucha de un grupo de rebeldes contra un malvado Imperio Galáctico.
Para protagonizar su película, George Lucas quería a un reparto joven y desconocido, que se implicara en el proyecto y que encajara a la perfección con los tres personajes que había visionado. En primer lugar, la chica, Leia Organa, una poco habitual princesa, para la que escogió a Carrie Fisher —aunque también se postularon para papel Cindy Williams o Jodie Foster—; un chico joven, un idealista que desea poner su granito de arena, papel que recayó en los hombros de Mark Hamill; y finalmente, un aventurero contrabandista un poco cara dura, para el que Lucas escogió a Harrison Ford entre actores de la talla de Kurt Russell, Nick Nolte o Christopher Walken.
Además de las tres caras jóvenes, el reparto lo completaron David Prowse que se puso el traje de Darth Vader, pero no le dio la voz, tarea que se hizo cargo James Earl Jones —aunque también se había barajado a Orson Welles—; Anthony Daniels y Kenny Baker como C-3PO y R2-D2; Peter Cushing como el malvado Moff Tarkin; y el inigualable Sir Alec Guinness que se convirtió en Obi-Wan Kenobi, a pesar de que Lucas quería a Toshiro Mifune, sin embargo el británico le agradó el papel y cumplía el deseo de la productora, tener el pedigrí suficiente para que hubiera alguna cara conocida en el cartel.
A pesar de todos sus esfuerzos, parecía como si todo estuviera en contra de la película. El primer día de rodaje en Túnez cayeron las precipitaciones más importantes en el Sáhara en cincuenta años. Durante el día se llegaba a los cuarenta grados centígrados, haciendo que Anthony Daniels perdiera dos quilos diarios al meterse dentro la armadura de C-3PO, si hablar que, al final del rodaje, la mayor parte del equipo acabó con disentería.
La cosa no mejoró cuando se trasladó el rodaje a los estudios Elstree de Londres, donde los actores se tomaban a cachondeo las escenas, creyendo que estaban en una película para niños. Además, la productor apremiaba a Lucas para acabar el rodaje, obligándole a dividir el rodaje en diversas unidades, y a ir de una a otra en bicicleta.
En una película de ciencia ficción como La Guerra de las Galaxias, un de los elementos más importantes y esenciales son los efectos especiales. Hoy en día todos los estudios y productoras tienen su división de efectos especiales, pero a finales de la década de los setenta la mayoría de ellos se habían desprendido de estos especialistas, debido, entre otros motivos, por que la mayoría de producciones iban en otro sentido mucho más realista. Por ese motivo, Georges Lucas se vio obligado a crear ILM (Industrial Light & Magic) para que dotaran de elementos fantásticos a esta película, ya que sin ellos no serían más que un grupo de actores simulando luchar en el espacio o con balas invisibles. Pero, incluso así, La Guerra de las Galaxias por poco mata a Lucas, llevándolo a una subida de tensión que al ser diabético se agravó, pasando una noche en el hospital, donde presentó hipertensión y agotamiento. Aunque la cosa había empezado en Túnez, lo que provocó este altibajo fue el hecho de que de los más de trescientos efectos, solo se habían hecho tres con más de la mitad del presupuesto.
Tras un durísimo montaje, en el que Lucas se vio obligado una vez más a intervenir por el bien de la película, la cinta estaba lista para ser estrenada en mayo de 1977, y se hizo sin pases previos, sin avances para la prensa, todo aquel que quisiera descubrir que era Star Wars debía ir a las salas de cine. Solo un pequeño grupo de afortunados, entre los que se encontraban Brian De Palma y Steven Spielberg, tuvieron la oportunidad de ver una versión preliminar de la película en marzo de 1977, que los dejó sin palabras. La idea era buena, el trabajo perfecto pero, aquello sería el gran éxito en el que confiaba que se convirtiera Lucas, la mayoría lo dudaron, solo Spielberg le dio la razón a su amigo.
En un magnífica operación comercial, Lucas y el departamento de marketing decidieron explotar su mayor baza, los seguidores de la ciencia ficción. A estos se les promocionó la película de tal forma que, como sucede hoy en día, todo un gran séquito de fans esperaban el estreno con ansia, asegurando que las salas se llenaran de sector del público, y con las esperanzas puestas de que no fuera el único. Y, como ya hemos dicho, no lo fue.
Una de las múltiples genialidades de esta película es la conceptualización de sus personajes que, si bien era la primera película, todos sus protagonistas eran presentados con un trasfondo muy bien definido, de tal forma que en seguida tienes la sensación de conocerlos, como si hiciera años que sigues sus aventuras. En este mismo sentido, no solo los personajes parecen tener un pasado, sino todo el entorno, los escenarios, las naves y los uniformes, como si fueran algo que hace décadas y siglos que ha sido así, otorgándole al universo un pasado histórico más que convincente. Desde el usado traje de Darth Vader, al destartalado aspecto del Halcón Milenario, pasando por la pierna de otro material de C-3PO, todo nos indica que esta galaxia “muy, muy lejana” no ha nacido de la noche a la mañana, sino que también tiene un pasado, como el nuestro.
Sin duda alguna, La Guerra de las Galaxias o Una nueva esperanza, como prefiramos llamarla, es una de las mejores películas de la historia, a que, a día de hoy, unos cuarenta años después de su estreno, sigue teniendo todos los elementos para que millones de personas sigan disfrutando con ella como si fuera el estreno de la última semana. Y con ello no nos referimos solo a los efectos especiales y a las explosiones, sino el carácter del argumento, que sigue teniendo vigencia todavía hoy, ya que es una clara exposición de la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, entre los buenos y los malos, caracterizada en personajes muy bien perfilados en un bando y otro, ya que incluso Han Solo, que empieza como un mero contrabandista, acaba siendo uno de los héroes.
Tal vez es difícil predecir que sucederá en el estreno del Episodio VII, pero si que sabemos lo que supuso el del Episodio IV, ya que no solo abrió un género de una minoría al gran público, sino que cambió el concepto de las grandes productoras y de su fuerte control creativo sobre las películas. Star Wars. Episodio IV: Una nueva esperanza trastocó la manera de hacer cine, cambiando el curso de la historia.