Kung Fury (David Sandberg, 2015)

Seguramente, si os digo las palabras Kung Fury no haría falta que dijera nada más, sin embargo… Tampoco es plan de tener una web para hablar de cine y limitar a escribir dos palabras de algo que daría para millones de millares bueno, eso tal vez es mucho, pero ya me entendéis. 
Esta película que, técnicamente, debería ser tratada de mediometraje, si siguiéramos los estándares oficiales —ya que dura exactamente 31 minutos, uno de más de lo que se considera un cortometraje— es la amalgama de todas aquellas cosas que hacían que las pelis de los ochenta, por muy malas que fueran, fueran, en realidad, las mejores del mundo. Tenemos una historia de polis dramática plagada de sentimentalismo barato y venganza, dinosaurios, vikingos, nazis, ninjas, deportivos horteras, robots y violencia gratuito a porrillo, amén de muchísimas referencias a la cultura popular de la época… Como David Hasselhoff. Pero ya llegaremos a ello. 
Como no podía ser de otra manera, la acción empieza en Miami en 1985, una ciudad llena de violencia, disparos, música disco, trajes color pastel con mangas arremangadas y neones, muchos neones. De repente, una máquina arcade rebelde se convierte en un robot armado y empieza a sembrar el caos en el centro de la ciudad —sobre todo reventando cabezas de un solo disparo—, y solo existe un hombre que pueda detener esta amenaza… Kung Fury, una policía un poco peculiar, ya que es, según sus propias palabras, «un portento kung-fu de la naturaleza», algo así como un súper-elegido del kung-fu, vamos, la re-hostia en patinete. 
Tras acabar con la recreativa rebelde y tras contarnos su origen, un misterioso atacante llega a la ciudad acabando con medio cuerpo de policía disparando a través de los primeros móviles de la historia, un Motorola DynaTAC. Cuando Kung Fury descubre que el atacante es Hitler —un tanto diferente del que recordamos de los libros de historia, habiéndose cambiado el nombre por el de Kung Führer— que ha regresado del pasado, solo puede recurrir al mejor hacker de todos los tiempos… Hackerman. Este informático pionero, conseguirá hackear el tiempo para que nuestro protagonista viaje a la Alemania de los años cuarenta y así poder acabar con el peligroso delincuente. Aunque un error de cálculo lo llevará a la era de los vikingos, poblada por laserraptors, por suerte ahí estará Thor para devolverlo al buen camino. 
A pesar del buen trabajo de todo el equipo, sobre todo de post-producción, sería un poco tonto intentar hablar sobre actores y resto del equipo, ya que no los conoce ni su madre, puede que su abuela sí, pero ya está. Simplemente mencionar que el director, guionista y protagonista, David Sandberg, consiguió tirar adelante el proyecto, no solo a su esfuerzo y el apoyo de algunas instituciones suecas —porque recordemos que esta película es de origen completamente sueco—, sino también gracias la participación de un gran número de mecenas que lo ayudaron vía crowdfunding, séase, micro-mecenazgo. Y la verdad, si fuera uno de ellos, me sentiría orgulloso de haber ayudado a crear esta locura. 
La verdad sea dicha es que parece como si Sandberg hubiera llevado a cabo la película que todos los adictos al cine hubiésemos querido hacer cuando éramos pequeños, con todo un batiburrillo de elementos, estupideces y personajes pasados de vueltas que nuestras mentes hubieran podido imaginar. 
Por ejemplo, y solo para empezar, el protagonista, Kung Fury, es el típico tipo duro que destrozará media ciudad para cumplir con lo que él llama, «su trabajo», y aún así, la bronca de su jefe por el despilfarro acabará convirtiéndose en una alabanza. Como no podía ser de otro modo, tiene chascarrillos para todos los momentos —aunque algunos parezcan forzados… pero ¿no lo eran en los ochenta?—, y todo tiende a explotar a sus espaldas mientras se marca un auténtico postureo. Siguiendo el estilo de los ochenta, sus orígenes están cargados de venganza y drama, en su caso, él era un policía que, años atrás, durante el cumplimiento del deber, mientras perseguía a un maestro del kung-fu que acabará con la vida su estimado compañero —al que consideraba como un padre, por supuesto—, le cayó un rayo al mismo momento que le mordió una cobra... Vamos, lo habitual para cualquier policía, ¿o no? 
Pero esto no se acaba aquí, para empezar el informático que le ayuda, Hackerman, es el estereotipo de cuando ser informático era cool, no como ahora, y en el que se daba rienda suelta con el... ¡Hacking time! Que es lo mismo que vamos a pulsar botones a lo loco a ver si algo funciona. Pero, espera, que incluso E=mc2 puede ser E=mc3, si nadie lo va a notar, y si funciona, no pasa nada. 
En su viaje al pasado, Kung Fury conseguirá nuevos aliados en las figuras de dos vikingas de lo más normales, la primera, Barbarianna —clara referencia a Conan— se pasea a lomos de un lobo gigante armada con una Gatling, mientras que su compañera, Katana, lleva una arma más pequeña pero monta a un auténtico dinosaurio. Además, Kung Fury contará con la ayuda del dios nórdico, Thor, que además de ser increíblemente grande es un todo un culturista, cuyos músculos chirrian al fruncirse, y cuyas primeras palabras son: «¡Fijaos en mis pectorales!». 
Y ya, para terminar, y rizar el rizo por completo, el nuevo compañero de Kung Fury no es otro que Triceracops, un triceratops parlante humanizado vestido con el típico uniforme de poli, toda una genialidad, pero no se dice aquello de que si quieres hacer algo todavía más incréible, pongas más dinosaurios, pues aquí está la prueba viviente. 
Dejando a parte unos más que aceptables efectos especiales —pasados de vueltas, pero bien buscados igualmente—, lo que más impresiona de esta película, como no podía ser de otra forma al tratarse prácticamente a un tributo, es el infinito número de referencias a elementos clave de la cultura popular de los ochenta, consiguiendo que, mientras la vemos, no dejemos de decir «Eso se parece a…» o «Mira, yo tenía uno de esos», etcétera, etcétera. Si es que cuando queremos, somos unos nostálgicos. 
Ya en los primeros minutos de Kung Fury veremos los clásicos radiocassettes metalizados enormes, los neones por todas partes y los juego arcade de las recreativas, pudiendo ver, entre otros, Asteroids, Space War, Track & Field, Donkey Kong o TRON. Y es que es un no parar, de esto pasamos a las escenas de acción absurdas, más de las películas ninjas de la época; además, como un guiño clarísimo a toda una generación, para saltar de una escena a otra, nos meten el «tracking» tan clásico de las cintas VHS, como si la calidad del video fallara, algo tan habitual en aquella época como la despixelación de hoy en día. A pesar de ser planteada como una película, Kung Fury se marca una intro al más puro estilo de El coche fantástico, El Equipo A o Corrupción en Miami, con la presentación de los personajes principales de la trama mientras se cruzan tomas de la serie. Pero es que incluso, cuando Kung Fury les da a las vikingas un teléfono portátil, lo hace como si fuera un anuncio, algo muy habitual en los ochenta, pero que no hace falta ir tan lejos para verlo, ya que hoy en día, entre lo de «Volvemos en 7 minutos» y los anuncios hechos con los actores de las series que estamos viendo, es más o menos lo mismo. ¡Ah! Por cierto, fijaos que el teléfono que les da Kung Fury a las chicas es el mismo que el de Doc Brown en Regreso al futuro... ¡Impresionante! Ya hacia el final, cuando Kung Fury cree estar en el cielo, David Sandberg se marca todo un tributo a las series de animación de aquella época, haciendo una combinación entre los clásicos animes, series del estilo de G.I. Joe o He-man, con la acción estúpida, los fondos lunares y las cobras. 
Estas son unas pocas, pero como podéis ver, Kung Fury está plagada de referencias, pero de entre todas ellas yo me quedo con la escena de lucha contra los soldados nazis. Con un fondo en movimiento pero con el que no se puede interactuar, el prota se enfrenta a una horda de nazis al más puro estilo de un videojuego beat’em up, en los que, en muchas ocasiones, no encajaba el golpe que se daba con la reacción de la víctima… Pero da igual, ya que viene con fatality incluido. 
Para ir terminando, mencionar lo que más me ha fascinado de esta película, es la impresionante banda sonora interpretada por todo un héroe televisivo de los ochenta… ¡David Hasselhoff! Que además de ser el Hoff9000 —dejando de ser Michael Knight para convertirse en su coche, KITT—, interpreta el tema principal de la peli, True Survivor. Y puede que me llaméis friki por esto pero es que la canción es buena y pegadiza. Os recomiendo que veáis el videoclip porque no tiene precio.
Y es que Kung Fury es la quintaesencia de los ochenta, si es que incluso su póster nos recuerda a los de Regreso al futuro, Los Goonies o Indiana Jones, simplemente increíble. Además, por si esto fuera poco, el final queda completamente abierto dejando entrever que aquí puede haber una segunda parte. Y aún hay más… ¡Se puede ver gratis por YouTube! Así que, ya sabéis, no os perdáis esta pequeña joyita que nos ha dejado el 2015.