Star Wars. Naves: Estrella de la Muerte. Por Néstor Company

El arma definitiva del universo. Un ingenio colosal para infundir miedo y aterrorizar a cualquier sistema que osara enfrentarse al Emperador. Con esta base fundacional, no cabe duda que nos encontramos ante la Estrella de la Muerte.
Este símbolo de la opresión del Imperio podría haber significado el final de la Rebelión de no ser por un error estructural que pudo ser aprovechado no sin grandes dificultades. 
La estación de combate fue diseñada por el ingeniero Bevel Lemelisk en el remoto planeta de Geonosis. El Conde Dooku supervisó los primeros diseños de Lemelisk y movilizó a los geonosianos para que aportaran una gran parte de los materiales para construirla. Pero el ingeniero no era demasiado perfeccionista en su trabajo. Muchos se preguntaban, en ocasiones, cual era la razón por la que había sido nombrado responsable técnico del proyecto más ambicioso de Darth Sidious. La respuesta era que estaba muy bien relacionado con altos cargos del Senado que después fueron importantes aliados de Sidious en su ascenso al poder. 
La Estrella de la Muerte debía asustar e incorporar una potencia de fuego jamás conocida. La instrucción principal de Sidious fue la siguiente: “debe ser un satélite entero que irrumpa allá donde lo necesitemos y destruya todo lo que encuentre a su paso, permitiéndonos también desplazar un gran número de tropas y cazas de combate.” 
En base a estas instrucciones, Lemelisk concibió una nave esférica de 120 kilómetros de diámetro. Se trataba de un planetoide de batalla expedicionario, dotado de un reactor de fusión que permitía su salto al hiperespacio. Podía albergar a más de quinientos mil ocupantes, veinticinco mil de los cuales serían soldados de asalto. Cuatrocientos mil droides controlarían los sistemas de la estación y habría un gran número de personal auxiliar y oficiales. La capacidad de fuego era brutal: diez mil turboláseres, dos mil quinientos cañones láser, dos mil cañones de iones y 768 rayos de tracción. Pero esa potencia de fuego que ridiculizaría a un destructor imperial, solo era la antesala. El deflector principal podía proyectar un superláser capaz de destruir un planeta entero. De ahí su sobrenombre: “la estación destructora de mundos”. El superláser estaba formado por la unión de ocho rayos disparados en una secuencia alterna que generaba una enorme descarga de energía que superaba la potencia de media flota imperial. Después del disparo, el sistema tardaba en recalibrarse un día entero así que debía ser utilizado con eficiencia. Sin duda, el Gobernador Tarkin, primer Grand Moff del Imperio, era el más indicado para asumir el mando de la Estrella de la Muerte. 
Después de controlar la construcción de la Estrella de la Muerte durante casi dos décadas, Tarkin se rodeó de altos mandos de su plena confianza como el General Tagge, estratega del ejército Imperial, y el Almirante Motti, oficial al mando de las operaciones y abnegado defensor del terror tecnológico que suponía la estación de combate.
Tras la disolución del Senado Imperial, Tarkin inició una cruzada personal para acabar con la Alianza Rebelde y demostrar el poder imparable de la Estrella de la Muerte. La destrucción de Alderaan ante los ojos de la Princesa Leia fue su manera de ejemplificar el riesgo que corrían el resto de sistemas si no juraban lealtad al Emperador. 
Pero volvamos a hablar del ingeniero Lemelisk. Éste había concebido la Estrella de la Muerte según los dictados recibidos pero, tras su imponente poder armamentístico, descuidó la protección de un canal de ventilación que conectaba directamente con el núcleo de energía. Este grave error de concepción era tan concreto que nadie se había dado cuenta hasta ahora, impresionados por el resultado global.
Sin embargo, la Alianza Rebelde sabía que debía hacerse con los planos de la estación si quería mantener su lucha contra el Imperio. Analizarían a fondo todas las especificaciones técnicas para hallar un resquicio por el cual atacar. Así fue como enviaron a un agente experto en infiltraciones para conseguir los planos. Kyle Katarn se infiltró en el complejo militar de Danuta y allí consiguió apoderarse de los detalles técnicos. Transmitió los mismos a la Princesa Leia quien se encontraba de camino a Coruscant en el Tantive IV. Cuando Darth Vader intercepta la nave, Leia graba los datos en la memoria de R2-D2. El astrodroide y su compañero C-3PO escapan de la Tantive IV en una cápsula que les traslada al planeta más cercano: Tatooine.
Después de múltiples acontecimientos, Luke Skywalker y Han Solo consiguen llevar los planos a la base Rebelde de Yavin IV. Allí, los ingenieros estudiaron las especificaciones hallando el punto débil del diseño de Bevelisk. La batalla subsiguiente culmina con la intrépida acción de Luke quien, haciendo uso de la Fuerza, consigue un disparo imposible que destruye el núcleo de la Estrella de la Muerte y pone fin al plan definitivo del Emperador.
Tras el enorme fracaso y la pérdida de alguien tan valorado como el Gobernador Tarkin, el Emperador responde de forma fulminante ejecutando a Bevel Lemelisk por su incompetencia. Sin embargo, se rumoreó que, en secreto, había conseguido clonarle para que siguiera trabajando en la división aramentística. Mientras tanto, en la órbita de Endor, continuaba la construcción de una nueva estación que, con el tiempo, presenciaría la batalla definitiva por el control de la galaxia.

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