Thor: El mundo oscuro (Alan Taylor, 2013)

Tras el inicio de la Fase 2 con el retorno de Iron Man frente a un película en solitario, el siguiente turno es para el dios del trueno, Thor, que retoma su trama personal tras lo sucedido en Nueva York y lo ocurrido en su primera película.
Mientras Loki es llevado al calabozo de Asgard y Thor establece la paz a golpe de martillo a lo largo y ancho de Yggdrasil tras la destrucción del Bifrost, Jane Foster empieza a descubrir extraños campos gravitacionales que espera acercarla a su amado dios del trueno, del que no sabe nada desde lo sucedido en Nuevo México, si no contamos con lo de Nueva York. Sin embargo, sin querer, despierta una viejo vestigio procedente de una leyenda, el Eter, que se introduce en su cuerpo convirtiéndola en una bomba de relojería. Al mismo tiempo que Thor regresa a Midgard para salvar a Jane, en lo más profundo del espacio un antiguo ser, Malekith, un elfo oscuro superviviente de su exterminio, despierta para recuperar el Eter y aprovechar la convergencia de los nueve reinos y extender sobre ellos la más profunda de las oscuridades.
Una vez más, Marvel regresa, más épica, más grande, más espectacular, y es Thor el encargado de retomar el testigo de Tony Stark al frente de la factoría. En esta entrega del dios del trueno descubriremos al detalle Asgard, ya que la primera solo servía como escenario para el prólogo y el epílogo de la película, mientras el resto se desarrollaba en Nuevo México. Veremos muchos de los recovecos de la ciudad de los dioses, sus costumbres y sus casas, además de un repertorio de naves espaciales, tanto asgardianas como de los elfos oscuros. En esta ocasión, la Tierra queda en un segundo plano mientras Midgard nos abre las puertas, desarrollándose solo el final y escenas secundarias en Londres y sus alrededores.
Una de las principales diferencias respecto a la primera entrega del dios del trueno dirigida por Kenneht Branagh, es un claro descenso en cuanto a la cantidad de humor, haciendo que la película pierda ese acento cómico tan simpático que tuvo la primera. Es decir, a pesar de que de vez en cuando todavía aparece algún comentario sagaz o un chiste malo —sobre todo procedente de Loki—, se ha querido dar mayor seriedad a la trama de Thor, intentando evitar lo que el propio Tony Stark se cachondeaba en Los Vengadores con lo de: «¿Sabes a lo que te enfrentas?», pregunta Thor, y Tony responde «¿A una obra de Shakespeare?». Todos conocemos el gusto que tiene Branagh por el autor británico, siendo uno de los realizadores que más lo ha versionado en el cine, y puede que en algunos casos ese estilo interpretativo que tanto gusta al director de Belgast lo lleve a otras películas que no tienen nada que ver con Shakespeare. Aún así, a Thor le sentaba bien esa pompa y circunstancia en contraste a la forma de hablar de los humanos de la actualidad, pero en algunos momentos iba demasiado lejos. En este caso, Kenneth Branagh se apartó de la producción, a pesar de haber un interés por que se hiciera cargo de nuevo de la dirección, debido a su agenda repleta de producciones teatrales; la primera consecuencia fue esta perdida de ese humor tan shakespeariano. En su lugar, la dirección tras pasar por diversas manos, recayó en los hombros de Alan Taylor, que le aportó este halo de oscuridad —hasta cierto punto necesario—, demostrando que todo lo hecho en Juego de Tronos, Los Sopranos, Deadwood o Roma.
Una vez más, a pesar de contar con todo un ejército y un grupo de leales guerreros a su lado, Thor no tiene otro remedio que recurrir a los tejemanejes de su hermano Loki. Aquí la pregunta es ¿Loki ha regresado por necesidad argumental o por la fama que ha cosechado Tom Hiddleston al interpretarlo? Y es que el actor británico ha conseguido hacerse un sitio entre los grandes personajes de Marvel, superando en número de fans incluso a Chris Hemsworth.
A parte de los ya mencionados, que dan vida a Thor y Loki, los demás actores de la primera entrega retoman sus papeles, Natalie Portman, Anthony Hopkins, Jaimie Alexander, Ray Stevenson, Tadanobu Asano, Idris Elba —que se afianza en su papel de Heimdall—, Rene Russo, Stella Skarsgård y Kat Dennigs. Las nuevas incorporaciones cuentan con Zachary Levi, que sustituye a Josh Dallas en el papel Fandral; a Christopher Eccleston que da vida a Malekith, el villano de turno, y a Adewale Akinnuoye-Agbaje, su temible secuaz.
Thor: El mundo oscuro es un paso más en la historia de Thor dentro del Universo Cinemático de Marvel, por un lado ofrece algo más de perspectiva sobre el personaje, yendo más allá de la habitual película sobre sus orígenes como héroe; mientras que por el otro nos cuenta una historia mucho más trascendental que la primera entrega, ya que no solo es la llegada de un dios a la Tierra, sino que en este caso existe un peligro aterrador que puede destruir la galaxia al completo.
Personalmente, me siento un poco extraño frente a esta película, en una mano debo admitir que la primera me encanta —no lo puedo evitar, adoro el humor tonto de Branagh—, mientras que en la otra mano admito que esta, como película, es mucho mejor. Así que estoy en una diatriba… Pero ¿qué estoy diciendo? La solución es sencilla, quedarse con las dos. En un principio, sobre todo cuando se estrenó Los Vengadores, había una diferencia abismal en cuanto al afianzamiento de los personajes, Robert Downye Jr. ya llevaba dos películas y varios cameos perfilando su papel como Tony Stark, mientras que Chris Evans y Chris Hemsworth tan solo habían tenido una película. Sin embargo, tras las películas de la Fase 2, está quedando claro que Los Vengadores no son Iron Man y sus ayudantes, sino que, como mínimo, son Iron Man y sus colegas.