Blanco humano (John Woo, 1993)

En la misteriosa ciudad de Nueva Orleans están sucediendo cosas muy extrañas. En pocos días han desaparecido varios hombres, todos ellos antiguos militares caídos en desgracia, entre ellos Douglas Binder, una antiguo marine cuya hija, Natasha, se ha propuesto encontrarle. Sin embargo, la chica es un poco ingenua y puede sufrir problemas en las peligrosas calles de la mayor ciudad de Luisana, así que no duda en contratar al único hombre que parece ser de confianza en los bajos fondos de la ciudad, Chance “Riesgo” Boudreaux —que casualmente también es un veterano de guerra, con conocimientos de artes marciales y que malvive como marinero jornalero—, que la salva de un grupo de maleantes que acaban recibiendo una somanta de palos de cuidado. Esta peculiar pareja se hará cargo de una investigación que va más allá del padre de Natasha, teniendo que enfrentarse a una extraña red criminal cuyo negocio es una extraña forma de entrenamiento para ricos.
El responsable de llevar a cabo esta historia no es otro que John Woo —conocido por películas como Cara a cara (1997) o Misión Imposible 2 (2000)—, que con esta cinta se convirtió en el primer director asiático en hacerse cargo de un film de un estudio de Hollywood, y la verdad sea dicha, en gran medida es gracias a su conocimiento del cine de acción —que en su China natal realizaba junto a Chow Yu-Fat— para que el resultado sea mejor del que podría esperarse. Por un lado la historia tiene una tónica muy seria pero con algunos despuntes que hacen peligrar el clímax, además Van Damme, si bien no era su primer papel protagonista, era de los primeros en que se veía obligado a ir más allá de sus acrobacias, y se nota. Pero, algo que llega al corazón de cualquiera que vea la película es como se presenta a Jean-Claude Van Damme, en todas las escenas es un cruce entre un héroe moderno y un vaquero sin revólveres —aunque con sus piernas no hacen falta balas—, planos ralentizados, música del sur con acordes que arrastra el viento. Simplemente, increíble.
La verdad es que el tono frío y con cara de palo de Van Damme le aporta cierto grado de gravedad en el papel de tipo duro. Además, el belga demuestra sus habilidades una vez más, y no se corta en repartir hostias por doquier, pero también se atreve con las armas de fuego y las explosiones… ¡Qué se vea que es algo más que un par de piernas bien tonificadas! Aunque cuando las usa, para derribar a un motorista, tampoco tienen precio.
A favor de Woo y de Van Damme juega un reparto que facilita el trabajo de ambos, por un lado la pareja de villanos es de los mejores de la época. El más malvado de todos, Emil Fouchon, está interpretado por Lance Henriksen —famoso por sus papeles en Terminator (1984) y Aliens. El regreso (1986)—, convirtiendo a un personaje digno de odiar y del que sentir mucho miedo. El sicario de este, Pik van Cleef, cumple los tópicos del género, no es otro que Arnold Vosloo que en esta película empieza a cosecharse un nombre como villano, algo que repetiría en las películas de La Momia y la serie 24h. Por el otro, unos secundarios —como Yancy Dutler, Kasi Lemmons, Willie C. Carpenter o Wilford Brimley— que, si bien no son de Oscar, cumplen con su papel 
Blanco humano esta plagada de escenas increíbles, pero hay una escena que no tiene precio y que pasará a los anales del cine de acción, en una toma muy parecida a una de Rambo: Acorralado - Parte II, una serpiente se descuelga de un árbol. En el caso de Rambo, este la coge, la mira y la suelta, sin embargo, Van Damme va un poco más allá… La coge de refilón sobre el hombro de una asustada Yancy Butler, le suelta un puñetazo digno de mención, para después decir: «Sólo está atontada», y rematar la escena arrancándole el cascabel de un mordisco.
Con Blanco humano, Van Damme consigue alejarse de sus papeles habituales como especialista en artes marciales que, sinceramente, tienen un límite en cuanto a argumentos, y llegar a ser un héroe de acción del cine americano, mereciéndose estar entre los grandes del género como Stallone, Schwarzenegger o Willis.
Aunque no parezca posible a priori, la historia de Blanco humano es buena, incluso es elaborada y completa, sobre todo para los cánones de este tipo de películas, cuyas tramas acostumbran a ser superficiales. Tampoco podremos decir que es un peliculón, porque no lo es —durante años fue de las habituales películas de reposición a las tantas de la madrugada—, pero se defiende lo suficiente para hacernos pasar un buen rato frente a ella, dejándonos momentos tan emblemáticos como la ya mencionada secuencia de la serpiente.