El último hombre en la Tierra T.1 (Fox, 2015)

2020, dos años después de que un virus haya exterminado a todo el mundo —incluidos a los animales—, Phil Miller parece ser el último hombre en la Tierra o, como mínimo, en Estados Unidos. Natural de Tucson, Arizona, Phil emprende un viaje en solitario por todo el país en busca de supervivientes —a la vez que se apropia objetos valiosos de las cuatro esquinas de la nación—, dejando tras él unas pintadas que dicen «Vivo en Tucson». Tras regresar a su casa, decide agenciarse una mansión de la parte rica de la ciudad e instalarse en ella, viviendo —o sobreviviendo—, como mejor puede, mientras hace todas las locuras que se le pasan por la cabeza para pasar el rato. Pero, como es de imaginar, ser el último hombre en la Tierra es más bien solitario, así que, sobre cualquier cosa, Phil reza por tener un compañero, o una compañera, con la que compartir el mundo y, como no, tener sexo, que, en realidad, es lo más duro de estar solo. Sus plegarias son escuchadas cuando, de la nada, aparece Carol Pilbasian, una chica no muy agraciada y un tanto rara, pero, al menos es una chica. Phil hará todo lo posible para acostarse con ella, llegando a casarse, pero todo cambia cuando aparecen nuevos supervivientes que buscan al hombre que «vive en Tucson», entre ellos, Melissa, una mujer diez veces más atractiva que Carol; Todd, un simpático gordinflón que encandila a Melissa; Gail y Erica, una madurita y una jovencita con muchas ganas de fiesta; y otro Phil Miller, un tipo escultural que lleva de cabeza a todas las chicas.
A pesar de querer estar acompañado, Phil, el primero, descubrirá que no era esto lo que buscaba, ya que los años de soledad lo han llevado a comportarse de una manera un tanto peculiar, haciéndolo entrar en un círculo vicioso de mentiras, celos y traiciones, que acabarán por no dejar de sacudirle una vez tras otra en la cara, suerte que tiene a sus amigos… Un grupo de pelotas a las que ha pintado caras y ha bautizado.
El cómico Will Forte —creador y guionista de la serie— se pone en la piel de Phil, un hombre que durante su soledad se comporta como cualquiera de nosotros lo haría. Hace locuras, incumple las normas, por que ya nada importa y se convierte, queriendo o no, en un ermitaño. Lleva melenas, una espesa barba, no se ducha por falta de agua corriente, tiene una piscina por basurero y otra por taza de váter, y se baña en una piscina hinchable para niños llena de cocktail margarita. A su lado, estarán Kristen Schaal, January Jones, Mel Rodriguez, Cleopatra Coleman, Mary Steenburgen y Boris Kodjoe, aunque la aparente normalidad hace de sus personajes meras comparsas del plato fuerte que es Phil Miller.
Lo interesante de la serie es que te lleva a preguntarte como te comportarías en una situación similar, sintiéndote extremadamente identificado con el personaje de Phil y llegando a detestar al resto de personajes. Aunque Phil se comporte mal con los demás, mienta y solo quiera sacar provecho para sus intereses, el comportamiento de los demás, a los que les parece no haber afectado dos años de absoluta soledad, nos lleva a empatizar con el supuesto «malo», mientras que odiemos a los «buenos», que quieren seguir cumpliendo las normas y ese largo y tedioso etcétera. Además, esta empatía que sentimos por Phil, y no por los demás, se ve motivada por que, a pesar de meterse en un espiral actos egoístas, todo le sale absolutamente mal. Es decir, sentimos pena, pero, y seamos sensatos, ¿quién no se volvería un tanto egoísta después de estar dos años solo acompañado por un grupo de pelotas con cara? Pues eso.
La trama de la serie se basa en un planteamiento muy básico: el día a día de este pequeño grupo de supervivientes. Pero no creamos que la reunión de todos los personajes tiene lugar en los primeros capítulos, sino que cada uno de ellos se va incorporando escalonadamente, dando margen a diferentes situaciones dependiendo de los actores que estén en escena. En este sentido, la primera temporada de El último hombre en la Tierra empieza muy arriba, ya que casi durante dos capítulos vemos las tonterías que hace Phil para sobrevivir y divertirse. Pero en cuanto llegan nuevos vecinos a Tucson, estos pretenden controlarlo, haciendo que las tramas y las relaciones entre los diversos personajes tomen el rumbo de amor-odio típico en todas las sit-com. Esto convierte los capítulos intermedios en algo bastante menos original que la premisa de partida, pero, por suerte, el desenlace de la primera temporada corrige estos errores, dando a Phil y a la serie un nuevo inicio, del que disfrutaremos en la segunda temporada.
En los últimos tiempos hemos visto como series que nos han acompañado durante años se han ido acabando, dejando huecos que necesitamos llenar. Pues bien, El último hombre en la Tierra forma parte de esta nueva hornada de producciones televisivas que prometen mucho, y esperemos que la formula de un reducido número de capítulos y una trama bastante original para una comedia, nos permita disfrutar de esta serie durante muchos años sin caer en el defecto de repetirse.