Jungla de cristal (John McTiernan, 1988)

John McClane es un policía de Nueva York que tras seis meses separado de su mujer y sus hijos y un horrible viaje en avión, llega a Los Ángeles, donde su esposa Holly trabaja como ejecutiva de Nakatomi, una importante empresa japonesa, para pasar las vacaciones de Navidad con ella. Ambos se encuentran en el edificio dónde trabaja Holly para decidir donde dormirá John, pero la relación entre ellos es cuanto menos tensa, incluso cuando ambos intentan solucionar sus problemas, cualquier conversación acaba en discusión. Sin embargo, todo cambia cuando un misterioso y bien preparado grupo de hombres armados irrumpe en el edificio, tomando como rehenes a los únicos que se encuentran en su interior, los empleados de Nakatomi. Por suerte, McClane consigue escabullirse y poner en jaque a los secuestradores. Lo malo es que McClane apenas va armado, no sabe exactamente a que se enfrenta y, para colmo, ha perdido los zapatos, así que no tendrá las cosas muy fáciles para hacer lo que mejor que se le da hacer… Su trabajo.
Sin duda alguna el planteamiento de la historia —procedente de una novela de Roderick Thorp—, un hombre solo, encerrado en un edificio que no conoce, que debe hacer frente a unos criminales muy bien preparados casi completamente desarmado, es un marco inmejorable para dar lugar a una de las películas de acción más trepidantes que se puedan imaginar. Sin embargo, lo que consigue que Jungla de cristal sea lo que es hoy en día, son los personajes que conforman su elenco, sobre todo su protagonista, John McClane. Este policía se ha convertido en uno de los perfiles más perfectos de lo que entendemos como un tipo duro, pero ya llegaremos a ello más adelante.
Antes de hablar de John McClane, lo mejor será conocer a quién se enfrenta, ya que uno de los motivos por los que el protagonista es tan potente, es porque se enfrenta a un enemigo que es igual de carismático que él. El grupo de hombres que se convierten en secuestradores por motivos que no vamos a desvelar, están formados por europeos bien preparados, con aspecto aterrador, altos, rubios y muy cachas, además de ser de gatillo fácil; pero su líder no es así, Hans Gruber, que así se llama el villano de Jungla de cristal, es un hombre pausado y autoritario, que no le hace falta gritar para demostrar quién manda, y mucho más listo que un criminal corriente, ya que lo tiene todo planeado, desde la irrupción en el edificio hasta la intervención de la policía. Además, la brillantez de este villano no reside solo en su planteamiento, sino también en la puesta en escena del actor responsable, un joven Alan Rickman que, mucho antes de convertirse en el malvado Severus Snape de la saga Harry Potter, demostró como tiene que ser un villano de una peli de acción.
Teniendo un rival como Hans Gruber, lo normal era conseguir un héroe que pudiera estar a su altura, y el resultado fue John McClane, un policía que sabe hacer su trabajo y, aunque sus métodos son un tanto discutibles en situaciones normales, es gracias a ellos que puede sobrevivir. Pero, como no podía ser de otro modo, el protagonismo de una cinta de acción no podía residir en unos simples músculos, así que McClane se vale de una oportuno y descarada labia que nos deja una buena ristra de perlas que se han convertido en citas celebres, des del clásico «Yippee ki yay» hasta una de mis favoritas:

Policía: Atención, sea quién sea, este canal está reservado para llamadas de emergencia…
McClane: Oiga, no me joda señorita, ¿le parece que estoy encargando una pizza?

Pasando por notas escritas en camisetas de criminales muertos como «Ahora tengo una ametralladora… Ho-Ho-Ho!», todas ellas prácticamente inigualables.
¿Y quién podía meterse en el papel de un hombre como este? Pues, por arriesgado que nos parezca ahora, para protagonizar esta cina los responsables se decantaron por un actor televisivo conocido por su papel en la serie Luz de luna, un tipo llamado Bruce Willis. Para el actor, el papel de John McClane —que ya ha repetido cuatro veces más, de momento— fue el salto hacia la fama, aquel que le permitió dejar de ser un actor más a ser uno de los actores más cotizados de Hollywood, y la verdad es que se lo merecía, ya que el papel le va como un guante, consiguiendo una simbiosis perfecta entre actor y personaje.
En este sentido, si Rambo y Sylvester Stallone son un tipo duro por la capacidad de matar, Bruce Willis y John McClane lo son por tener la capacidad de, a pesar de la presión, sacar de quicio y tocarles los huevos a los malos hasta el infinito.
El responsable de dirigir a estos dos actores fue John McTiernan —responsable de películas como Depredador (1987), La caza del Octubre Rojo (1990), El último gran héroe (1993) o El secreto de Thomas Crown (1999)—, no solo contó con ellos, sino con todo un equipo de profesionales que hicieron y siguen haciendo las delicias del público: Reginald VelJohnson, en el papel del sargento Powell; Bonnie Bedelia como Holly, la esposa de John; William Atherton como el periodista Richard Thornburg; Alexander Godunov, como el malvado y sanguinario Karl, que se asimila a los villanos que no sienten dolor de Bond; Robert Davi, como uno de los numerosos agentes Johnson que aparecen en la franquicia de Jungla de cristal; o el inmortal Al Leong como uno de los secuaces de Hans.
El resultado final, como os podéis suponer, es un clásico del cine de acción, y a pesar de tener todas las características que la convertirían en una cinta de tiros y explosiones a usanza y sin nada especial, una brillante historia, una impresionante puesta en acción y unos profesionales excelentes, la han convertido en lo que es hoy en día, uno de los referentes del cine, y que ha dado unas secuelas tan increíbles como Jungla de cristal. La venganza (John McTiernan, 1993) y La jungla 4.0 (Len Wiseman, 2007). Y, aunque parezca sorprendente, y muchos lo olvidemos, toda la peli está repleta de referencias navideñas, ya que todo sucede la víspera de Navidad, y, como el chófer de alquiler de McClane dice, «si es así como pasa la Navidad, yo no me pierdo el Año Nuevo».