Star Wars. Episodio VII: El despertar de la fuerza (J. J. Abrams, 2015)

Bueno, después de mucho tiempo esperando este momento, la hora de hablar sobre Star Wars ha llegado. Después de varios años esperando su estreno —diez desde que se estrenara La venganza de los Sith y, nada más y nada menos, que treinta dos desde el estreno de El retorno del Jedi—, por fin ha llegado a las salas de todo el mundo Star Wars. Episodio VII: El despertar de la fuerza… Y, para ser sinceros, no ha sido para tanto. Antes de que me echéis la caballería por encima, quiero razonar mis palabras, y advertiros de los más que posibles spoilers.
Después de que Poe Dameron, el mejor piloto de la Resistencia —algo así como un fuerza militar que defiende la libertad en la Nueva República—, consigue recuperar el pedazo de un mapa que indica dónde se encuentra Luke Skywalker, desaparecido desde años y buscado por todos. Cuando está a punto de volver a su base, la Primera Orden —unos fanáticos que quieren el retorno del Imperio— atacan el pueblo en el que se encuentra y, este, antes de ser capturado, no tiene más remedio de depositar el pedazo de mapa y sus esperanzas en un pequeño droide, BB-8, que huye por el desierto de Jakku. Por el camino se topa con Rey, una chatarrera que espera en el desértico planeta a que su familia regrese a por ella. Mientras, Finn, un soldado de asalto de la Primera Orden, deserta y ayuda a Poe a huir, pero se estrellan en Jakku, donde, creyendo que Poe ha muerto, intentará cumplir la misión que tenía este, buscando y llevando a BB-8 a la base de la Resistencia, haciendo que su camino se cruce con el de Rey.
Mientras intentan ayudar a la Resistencia, perseguidos de cerca por la Primera Orden y su malvado y sanguinario líder sith, Kylo Ren, se toparan con la inesperada ayuda de unos viejos contrabandistas… Han Solo y Chewbacca.
Con esta historia, más en la línea de los episodios IV, V y VI, que de las precuelas, El despertar de la fuerza se nos plantea, a priori, como un regreso a las historias más clásicas de los space-operas, además, contando con un reparto nuevo y a la vez repleto de antiguos los protagonistas y con un equipo técnico liderado por J. J. Abrams, todo apuntaba a que este sería uno de los bombazos del 2015, desafortunadamente no ha sido así.
A medida que vamos viendo la película, que no dejamos de disfrutar por sus trepidantes escenas de acción, unos magníficos efectos especiales y un diálogo vivo y divertido —aunque a veces los chascarrillos sean un poco demasiado excesivos—, hay ciertos elementos que, por diversos motivos, no acaban de cuajar del todo.
Los actores, aunque correctos, a excepción de uno u dos, la mayoría se quedan un poco cortos. Harrison Ford —que por fin ha conseguido lo que quería desde que entró en esta franquicia… no voy a decir el que, pero los fans se lo podrán suponer— demuestra que es uno de los actores con más cancha, pero se nota que hizo esta película, sobre todo, por dinero, ya que hay escenas que parece no tomárselas muy en serio. Sobre Carrie Fisher y Mark Hamill, lo mejor será no hablar, ya que una sobra y el otro no habla… ¡Sí, sí, ni una línea! En cuanto al resto de nuevas incorporaciones, Oscar Isaac, si bien interpreta un personaje bastante llamativo, parece que será uno de los protagonistas pero, al final, se queda corto y no acaba de lucirse. Daisy Ridley, Rey, aunque tiene un personaje con muchas facetas oscuras parece tener miedo de las cámaras, no lo hace mal, pero da la impresión que la inmensidad de la franquicia le sobrepasa. Y, respecto al último de los héroes, Finn, interpretado por John Boyega, es como si hubieran cogido a un chaval de aquí, nuestra Tierra, y lo hubieran soltado en esa galaxia tan, tan lejana, ya que por un lado las situaciones violentas lo superan y, por el otro, en seguida se flipa por la fuerza, los sables láser y todo lo demás.
A pesar de ello, los protas se salvan, pero los villanos… ¡Madre mía, los villanos! Para ser breve solo dire que Adam Driver (Kylo Ren) no tiene nada que ver con Darth Vader, es como si fuera una copia infantilizada del gran personaje, mientras que Domhall Gleeson (General Hux), no llega ni a ser una sombra lejana de Peter Cushing. Así que lo mejor será no hondar mucho en ellos. Por su parte el líder Snoke —interpretado por Andy Serkis— es el único que se salva un poco, únicamente por qué no sabemos muy bien que papel juega exactamente en la trama, pero el resto cuesta salvarlos.
En cuanto al resto del reparto, como Gwendoline Christie, Max von Sydow o Lupita Nyong’o, tienen papeles tan secundarios y poco trascendetes que no tienen tiempo de mostrar de los que son capaces.
Argumentalmente, la historia, como ya he dicho, tiene un patrón básico similar a Una nueva esperanza, aunque no tan parecido como muchos han querido ver. Aún así, al apoyarse en personaje tan débiles o innecesarios, en muchas ocasiones produce un extraño «no-sé-qué» que impide hacerte ver si la película te ha gustado o no. En este sentido, durante el tiempo de espera, siempre pensé que El despertar de la fuerza sería muy buena o muy mala, sin embargo, y para mi sorpresa, no ha sido ni una cosa ni la otra, si no que, incluso, durante algunas escenas, no parecía estar viendo una película de Star Wars. Y, aunque la trama historia, da la sensación que los realizadores han querido meter muchas cosas en las dos horas de peli. Por ejemplo, aunque el argumento tiene, aproximadamente, la misma profundidad a la que estamos acostumbrados para la franquicia, hay mucha más acción, muchos más escenarios, muchos más personajes, muchas más frases ingeniosas, muchos más diálogos trascendentes, y un largo etcétera de «muchos mases», que, aunque no lo pueda parecer, satura un poco.
Y, para no alargarme más por estos lares, no queda muy claro que ha sucedido durante los treinta años entre los episodios VI y VII, ya que en un mano tenemos un enfrentamiento muy parecido al de Imperio y Rebelión, pero entre la Primera Orden y la Resistencia; mientras que en la otra no para de mencionarse la República como un hecho. Y si la República apoya a la Resistencia, esta ya no se puede considerar una resistencia, al contrario, la resistencia sería lo que queda del Imperio, es decir, la Primera Orden.
Este planteamiento de historia y personajes supone que, aunque sean llamativos, no hagamos más que seguir fijándonos en Han Solo, Leia o Chewbacca y sus tramas, olvidando por completo a los nuevos fichajes que, seguramente, sin la sombra de los personajes clásicos hubieran recalado mucho más entre el público.
Finalmente, aunque esto es más una sensación que una realidad tangible, tengo la impresión que el principal motivo de que las excelentes piezas que nos presenta Abrams y su equipo, es que George Lucas no está detrás. Cuando ves El despertar de la fuerza descubres que es una película hecha de fans para fans, y aunque si eso no es malo del todo, nos olvidamos que sigue faltando un creativo que ofrezca a los fans algo más consistente que frases ingeniosas, detalles y guiños a las anteriores películas. Por mucho que se le criticaran las precuelas, Lucas las hizo pensando en la totalidad de su obra, no solo para contentar el público, sino que las hizo para seguir expandiendo su magnífico universo. En cambio, esta película surge de dos fuentes, por un lado el deseo de los fans de más pelis de Star Wars y, desafortunadamente por el otro, el deseo de Disney seguir explotando una franquicia que, hasta ahora, se había salvado de la sobrexplotación. Vale, había series, videojuegos y millones de merchandising, pero eran derivados no partes esenciales de la franquicia. ¿Qué quiero decir con esto? Que si en lugar de ser el Episodio VII, hubiera sido una de las películas independientes que se esperan, no hubiera sido tan chocante.
Además, no debemos olvidar que el principal hándicap que tiene esta película no es otro que el famosísimo y, personalmente, odiado hype. Las expectativas en una peli de Star Wars siempre están presentes, pero el sistema con el que hoy en día se promocionan los próximos estrenos, puede acabar por destruir la película, seguro que llena más las salas, pero a la vez puede decepcionar a mucho. Entre teasers, trailers, imágenes filtradas y fotogramas, la publicidad nos ha obligado a generarnos una imagen de cómo sería esta película y, seguramente, nadie podía imaginar el resultado. Llegados a este punto, cuando todo el mundo está deseoso de ver una película de las características de El despertar de la fuerza, puede derivar en dos situaciones, que sea tal nuestro entusiasmo que creamos estar viendo una obra maestra, o que nos decepcione por completo. Sin embargo, no es ni una cosa ni la otra, por lo que sales de la sala sintiendo algo extraño que no sabes muy bien como expresar. En este sentido, la industria del cine ha llegado a un punto que, sin darse cuenta, se carga sus propias películas, ya que siempre nos las vende como mucho mejores de lo que son, y ojo que, con esto, no quiero que El despertar de la fuerza sea una peli, pero, al final, se la valorará más por los trailers que realmente por lo que es.
En resumidas cuentas, y sin olvidar que es una película de ciencia ficción más que interesante, El despertar de la fuerza, aunque tiene suficientes elementos básicos del Universo Star Wars, hay dos elementos que, en mi opinión, no debemos pasar por alto: la excesiva expectativa que se ha generado y la ausencia de George Lucas, ya que le sigue faltando algo para convertirse en la esperada continuación de la trilogía original.
Aún con todo, como todavía le queda mucho por recorrer a este trilogía, les vamos a dar un punto de confianza antes de crucificarla como la de las precuelas que, personalmente, siguen siendo muy buenas… Las tres, incluida La amenaza fantasma.


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