La casa de las sombras del pasado (Pete Walker, 1983)

El último libro de Kenneth Magee no se ha vendido tanto como su editor, Sam Allyson, esperaba. Durante una conversación en el club de Sam, editor y escritor debaten sobre la profundidad de antiguas novelas como Cumbres borrascosas. Mientras que Sam afirma que son esas las novelas que el público quiere, Kenneth dice que están pasadas de moda y que se pueden escribir en un abrir y cerrar de ojos. Frente a esta afirmación, hacen una apuesta, Kenneth dice poder acabar una novela como Cumbres borrascosas en tan solo veinticuatro horas, y lo respalda con veinte mil dólares. Para facilitar su trabajo, Sam le presta a Kenneth una antigua mansión en Gales, Bllyddpaetwr Manor, supuestamente vacía desde hace años. Lo que no se espera Kenneth, es que mientras intenta ponerse manos a la obra con su novela, lo interrumpirán todo tipo de personajes. Primero, Mary Norton, la secretaria de Sam, que quiere hacerle perder la apuesta; después un hombre y una mujer mayores que afirman ser los guardas, aunque Sam afirma lo contrario; más tarde un hombre que dice que se la estropeado el coche frente a la casa, aunque tiene una llave de ella; después de este, un hombre que se presenta como Lionel Grisbane, hijo de los antiguos propietarios; y, por último, Corrigan, un hombre de negocios que en breve comprará la mansión. Lo curioso de todas estas personas es que, a excepción de Mary y Corrigan, son todos familia, los Grisbane, un antiguo clan de lores. El misterio que Kenneth y Mary van a intentar resolver es que hacen los antiguos propietarios reuniéndose en una mansión abandonada.
Solo los «genios locos» de Cannon Films podían conseguir que caras tan conocidas del cine de terror como Vincent Price, Christopher Lee y Peter Cushing se reunieran para protagonizar una película con un argumento tanto extraño. Lo cierto es que no fue la primera veces en que los tres coincidieron en una misma película, bien es cierto que a lo largo que su carrera dos de los tres habían coincidido, pero solo han sido dos las ocasiones que han compartido reparto, la última fue esta película, mientras que la primera fue trece años antes, en 1970, titulada La carrera de la muerte. A pesar de que Price, Lee y Cushing eran los elementos llamativos del cartel, el auténtico protagonista era Desi Arnaz Jr., que da vida al escritor que quiere demostrar que se puede escribir un historia con profundidad humana en tan solo un día. Además de estos cuatro actores, la cita cuenta con John Carradine, Sheila Keith —cuyo papel estaba pensado para Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein, Un cadáver a los postres, Mary Poppins), pero tuvo que renunciar por causas de salud—, Richard Todd y Louis English.
Se nota que esta película parte de una novela adaptada al teatro, ya que se juega con muy pocos escenarios y todo el valor de la cinta recae sobre las interpretaciones de los actores, que no dudan en darle ese toque más típico de los escenarios que de las películas, más pausada y más rimbombante, que sirve al espectador para sentir la historia que se narra.
La película, de base, no tiene grandes fallos y es algo más que resultona para tener su origen en las peligrosas mentes de Menahem Golan y Yoram Globus, sin embargo tiene un par de elementos que juegan en su contra. Por un lado tiene un ritmo demasiado lento y sin demasiados sobresaltos, sobre todo para ser presentada como una película de terror; por el otro, si bien el argumento se desarrolla con facilidad, la ya mencionada falta de ritmo acaba empeorando con un final un poco forzado, mejor dicho, tres finales un poco forzados. No digo más para no estropear la historia a aquellos que no la han visto, pero os advierto que la película tiene tres finales, a cada cual más metido en calzador que el anterior.
A parte de estos dos elementos, existe un tercero que no sé si tiene su origen en la copia que tengo o la película ya tiene ese fallo de carácter técnico, la falta de luz. Entiendo que se quiera crear un ambiente oscuro acorde con la trama, pero llegar al extremo de rodar solo con la luz de las velas, dejando largos segundos con la pantalla absolutamente en negro es un poco exagerado. Seguro que si preguntamos, todo es debido a una decisión del director, que quería darle ese aspecto tenebroso al escenario… Vale, muy bien, Ridley Scott también lo quiso hacer con Los duelistas (1977) y Stanley Kubrick con su proyecto fallido sobre Napoleón, pero ambos tuvieron que dejarlo de lado al ver que, frente a las cámaras, esta idea perjudicaba seriamente a la película. Pero insisto, no sé si se trata de mi copia o de la película de origen.
Dejando de lado estos tres pequeños fallos, la película es fácil de ver, divertida y entretenida, la trama engancha lo suficiente para no despegarnos de la butaca mientras disfrutamos viendo las maravillosas interpretaciones de tres actores de la talla de Vincent Price, Christopher Lee y Peter Cushing… Y es que son de esos profesionales que no les hace falta absolutamente nada para transmitirnos su personaje… Simplemente, desbordantes.