Doctor Extraño (Scott Derrickson, 2016)

¡Por fin! Por fin Marvel Studios ha hecho lo que tenía que hacer. Salvando todas las diferencias argumentales, Doctor Extraño es como Guardianes de la Galaxia. Me explico: después de unas cuantas películas, que si bien no eran malas, tampoco estaban a la altura de Iron Man o Los Vengadores —véase los casos de Vengadores: La era de Ultrón o Capitán América: Civil War, y un Ant-Man, que aunque muy divertido, se notaba que estaba hecho a medias—, y ahora ha cogido un personaje nuevo para el Universo Cinematográfico, tan desconocido para el gran público como lo fueron los Guardianes de la Galaxia, y han conseguido hacer un auténtico peliculón… Bueno, un auténtico peliculón dentro de los cánones de Marvel.
Sin entrar en demasiados detalles, ya que esta es una película para descubrir en las salas, la historia gira en torno al Dr. Stephen Strange, un neurocirujano obsesionado en su ego como gran médico, y que solo se preocupa por los casos que le pueden reportar un éxito tan tangible como su ático, su colección de relojes o sus deportivos. Pero todo cambia cuando sufre un terrible accidente que le destroza sus manos y, aunque trata por todos los medios recuperar sus preciadas herramientas de trabajo, descubre que nunca más volverá a operar. Desesperado decide seguir la misteriosa pista de Kamar-Taj, en Nepal, un lugar en el que alguien supuestamente puede recuperarse mágicamente de durísimas lesiones. Sin embargo, descubrirá un lugar plagado de poderes místicos que chocan con su mentalidad racional, y habiéndolo perdido todo, no dudará en esforzarse al máximo para convertirse en un hechicero. Pero, lo que no sabe, es que un hechicero rebelde, llamado Kaecilius, ha robado las páginas de un libro que contienen el ritual para contactar con Dormammu, un ente interdimensional de infinito poder.
Seguramente os estaréis preguntando qué tiene de especial esta película para que la ponga entre las mejores del studio. Bueno, es una combinación de diferentes elementos. Para empezar se ha sabido adaptar un personaje icónico de los cómics a la gran pantalla, superando todos los problemas que ello puedo suponer. Se ha escogido el actor apropiado, al igual que se hizo con Robert Downey Jr. y Chris Pratt, que se ha metido en el papel sin dejar de ser carismático. Además, a diferencia de otras pelis, se han buscado los tres pies al gato en un argumento mucho más complejo que otras entregas de Marvel, y lo han hecho bien. Y, finalmente, visualmente es espléndida.
¿Por qué digo que es espléndida? En diversas ocasiones, los personajes viajan al Multiverso, en el todo no es como en la Tierra, y para mostrarnos estos planos, muchos de ellos astrales, se ha optado por un juego casi caleidoscópico, siendo una de las primeras veces en el cine en las que vale la pena la experiencia del 3D. En este sentido, al igual que cuando Ant-Man era reducido al tamaño atómico, Doctor Extraño viaja por estos diferentes planos de la realidad, creando todo un complejo sistema de perspectivas y realidades que, seguramente, os recordarán a la peli de Christopher Nolan, Origen. Y la mención de este director me viene al pelo para comentar el tema argumental, ya que Doctor Extraño es la película más «Nolanista» de Marvel.
Habitualmente, los argumentos de Marvel siempre giran en torno a un conflicto héroe-villano en este plano de la realidad, sea en este mundo o en Asgard. Sin embargo, los poderes del Doctor van más allá, y lo que aprende de la Anciana es algo que hasta ahora no habíamos visto. Se juega con los viajes en el tiempo, las paradojas que ellos provocan, las proyecciones astrales, y toda una larga lista de poderes místicos que, normalmente, no se encuentran en una película de Marvel, si no más bien en una de Nolan, como Interstellar. Podríamos pensar que aunque juegan con ellos, no consiguen convencernos, pues no es así, ya que, aunque no profundizan demasiado, consiguen que comprendamos las realidades paralelas, los universos infinitos y los conflictos del tiempo, todo ello a través de una demostración de efectos visuales increíbles.
Cambiando a un tema más… ¿Del plano físico? O, al menos, de la realidad de esta película. Para dirigir esta película se ha escogido a un, hasta cierto punto desconocido, director y se ha repetido la fórmula de James Gunn, que cuando un buen director es bueno, le cae un proyecto millonario en las manos, lo sabrá tratar como es debido. Si el hábito no hace al monje, el presupuesto no hace al director. El escogido fue Scott Derrickson, responsable de Sinister y El exorcismo de Emily Rose, que también firmó el libreto, que no dudó en rodearse de un buen elenco de estrellas.
Para empezar está el protagonista, Benedict Cumberbatch que, una vez más, hace un genial interpretación en el papel de Stephen Strange. Al igual que sucedió en Star Trek: En la oscuridad, Cumberbatch demuestra todo su talento de actor británico clásico, a la vez que sabe encajar en el tipo de película en la que está, dejando esos guiños de humor Marvel que, en muchos sentidos, parecen las salidas de tono de Sherlock, dando lugar a una de las mejores correspondencias personaje-actor, desde Downey con Tony Stark. Además, se nota que aún siendo un personaje atormentado, con Strange se está buscando un reemplazo a Stark para el futuro del UCM, como graciosillo y poderosos. Y seguramente, Cumberbatch, tiene la capacidad para serlo.
Además del actor británico, Derrickson también fichó a Chiwetel Ejiofor como Mordo, Rachel McAdams como Christine Palmer, el interés romántico de Strange, Benedict Wong como Wong… Espera, espera, ¿el personaje se llama igual que el actor? Bueno, da igual. Mads Mikkelson como el villano Kaecilius y Tilda Swinton como la Anciana. Y estos solo como los protagonistas, ya que también aparecen actores como Benjamin Bratt o Scott Adkins en pequeños papeles.
La combinación de todos estos elementos, técnicos y humanos, han hecho posible que Marvel Studios vuelva dónde estaba al principio, en el que todas sus películas, además de divertidas y espectaculares, también eran buenas. Esperemos que sigan así.