Sherlock Holmes: Juego de sombras (Guy Ritchie, 2011)

Desde el extraordinario éxito que cosechó la primera entrega, los productores desearon convertir estas nuevas aventuras de Sherlock Holmes en una trilogía, algo muy de moda últimamente, pero el director, y uno de los principales artífices del éxito, Guy Ritchie, deseaba dejar las cosas donde estaban, sin embargo, finalmente, la productora pudo convencer al genio fílmico británico para que se embarcará en una segunda y una tercera entrega de la vida de este peculiar detective. Este director aporta un dinamismo y un estilo a un personaje que nos tenía acostumbrados a cosas tan diferentes, que convierte una supuesta película de intriga en una cinta de aventuras de la mayor factura.
Por su parte, los que no dudaron en aceptar continuar en la saga fueron los actores, la pareja protagonista, formada por Robert Downey Jr. y Jude Law, cuyos personajes parecen hechos a medida, eran el reclamo principal para que la segunda entrega tuviera el mismo éxito que la primera.
Una vez más Robert Downey Jr. consigue llevar su carisma personal a sus personajes, siendo el detective británico su segundo personaje tras el inigualable Tony Stark, y aun siendo americano, nadie duda en quitarle el personaje a un actor que ha tenido que luchar contra todo por él, ya que a la vez que él lo interpreta en la gran pantalla, otro de mucho éxito aparece en televisión, Benedict Cumbernatch. Ambos se enfrentan a un duelo que, si bien va ganando Cumberbatch, Downey tiene la desventaja de no poder dedicarle todo el tiempo que merecería el personaje… Es lo que tiene ser la punta de lanza del Universo Cinemático de Marvel. Lo divertido de este Holmes, así como lo fue de la primera parte, es que se convierte en un personaje realmente toca-huevos, aun cuando Moriarty es consciente de que es así, no consigue controlar sus nervios al oír a Holmes cuando deduce de forma molesta y arrogante, y lo que es más grave para Moriarty, tiene razón.
Los que también repiten son las dos chicas, Rachel McAdams y Kelly Reilly. En el caso de la segunda, se nota con mayor fuerza en la trama la presencia de su personaje, la prometida y futura esposa de Watson, Mary, que demostrará ser algo más que un personaje secundario, teniendo una relevancia caudal en la solución del caso, mientras que forma una simpática pareja cómica con Mycroft, cuyas excentricidades superan a las de Sherlock.
Y secundarios como Eddie Marsan, William Houston o Geraldine James, tampoco han dudado en acudir a la cita. Además de todo este excepcional reparto, debido a las evidentes necesidades del film, el cartel ha aumentado positivamente, cuatro fichajes han llegado al «Universo Holmes», Jared Harris, que después de numerosas especulaciones se hizo con el papel del malvado Profesor James Moriarty, que, a pesar de su apacible apariencia, es presentado casi un diablo, cruel, astuto y muy peligroso, llegando a mostrar, en algunas ocasiones, un atisbo de locura propios de un psicópata; Noomi Rapace, la actriz sueca que llegó al mundo como Lisbeth Salander en la trilogía Millenium, ahora encarna una joven gitana francesa en busca de su hermano desaparecido; Paul Anderson, que interpreta al Coronel Sebastian Moran, un genial secuaz para Moriarty, un brazo armado muy potente, a la altura del genio criminal que supone Moriarty; y, finalmente, la brillante incorporación de Stephen Fry, uno de los mejores cómicos británicos, que ha compartido escenario con Rowan Atkinson, Hugh Laurie o Emma Thompson, ha sido la elección perfecta para convertirse en el excéntrico hermano de Sherlock, Mycroft Holmes.
Con los viejos personajes recuperados y los nuevos presentados, esta aventura de Holmes empieza en 1891 en Londres, donde la escurridiza Irene Adler lleva un paquete al Doctor Hoffmanstahl, pero resulta ser una bomba que Holmes logra detonar de forma segura, a su estilo, pero segura. Si este fuera un incidente aislado Holmes lo pasaría por alto, pero desde ya hace meses el detective va tras la pista de Moriarty, a quien, con pocas evidencias, consigue relacionar con una serie de actos delictivos alrededor del mundo, y que, según la creencia de Holmes, desembocarán en un conflicto internacional. Al mismo momento un peligro igual de mayor se cierne sobre Sherlock, el Doctor Watson se va a casar y dejará de acompañarlo en sus aventuras, pero después de la boda la flamante pareja es atacada por los hombres de Moriarty, pero Holmes los puede salvar, a su estilo, pero los salva, para emprender la busca de pruebas para demostrar que el prestigioso profesor de matemáticas, James Moriarty, es el «Napoleón del crimen». Es interesante ver como el grado de importancia del argumento va más allá de una conspiración a nivel nacional, como sucedía en la primera película, en este caso a Moriarty se la otorga la habilidad de llevar a cabo un plan maligno a nivel mundial, un auténtico reto para un Holmes que se le ha quedado pequeño su isla natal.
Con un brillante argumento de la mano de Michele y Kieran Mulroney, una vez más las aventuras de Sherlock Holmes han subido hasta lo más alto, incluso superando a su predecesora, ya que la trama, a priori más simple, pero que resulta ser igual de brillante que la anterior, consigue mantenernos pegados al asiento durante sus más de dos horas de película, e incluso se nos hace corto, ya que la combinación perfecta entre escenas de acción y excepcionales diálogos hace que el ritmo del film no decaiga en ninguna ocasión. Se nota que el guión está bien elaborado cuando, por ejemplo, a lo largo de la película, el fatídico fin de nuestro detective favorito se va presentando como algo inevitable y a la vez impredecible, ya que en los cálculos de combate en slow motion, Sherlock ve, en más de una ocasión, como todos sus movimientos lo llevan a la derrota.
La película acaba completándose con una banda sonora genialmente elaborada y llevada a cabo con canciones típicas de una banda sonora de una película de aventuras, junto con otras que recuerdan las canciones tradicionales del pueblo raso de finales del XIX y principios del XX, en una combinación perfecta entre ritmo y tensión. Hans Zimmer demuestra su talento con la batuta en la gran pantalla, por ejemplo, en la mezcla entre sus notas y las de la opera Don Giovanni, convirtiéndose, poco a poco, en uno de los grandes compositores del cine.
Aunque la primera entrega siempre conservará el amor de los fans por ser la primera, al igual que sucede en otras sagas, debemos aceptar que a nivel tanto visual como argumental esta cinta es sin duda mejor que la anterior, además la incorporación del archienemigo de Sherlock Holmes es una baza que la primera película no tiene, y es que todos estábamos esperando ver el enfrentamiento físico y mental entre ambos genios, un del bien y el otro del mal.
La película sin duda gustará a todos, pero los que quedaron sobrecogidos por la primera, que sepan que Guy Ritchie lo ha vuelto a lograr, ya que a pesar de que nos sorprendió a todos involucrándose en un proyecto de estas características, ahora la saga Sherlock Holmes es suya, y lo demuestra cada vez que se pone tras las cámaras.

Una lapidaria:
—Soy el «otro» Holmes
—¿No me diga que son dos?