Jason Bourne (Paul Greengrass, 2016)

Jason Bourne ha vuelto, aunque no sabe muy bien por qué. Mientras sobrevive de mala manera como luchador ilegal en Grecia, su antigua amiga y contacto de la CIA, Nicky Parsons, se ha convertido en una hacker que pretende seguir destapando los trapos sucios de la Agencia. Para ello pirateará su servidor descargando documentación vinculada a los proyectos de espionaje, desde Treadstone hasta Iron Hand, descubriendo algo más del pasado de Bourne, la implicación de su padre en la creación de Treadstone y en su reclutamiento. Al revelarse esto, Jason Bourne hará lo imposible para saber si es verdad que su padre lo trató como un conejillo de indias, a la vez que pone en jaque a toda la Agencia, que se ha propuesto, una vez más, acabar con la mayor amenaza que han tenido nunca, su antiguo agente, Jason Bourne.
Tras el decepcionante sabor de boca que dejó El legado de Bourne (2012), más por la excelente calidad de la trilogía original que por otra cosa —aunque no había mucho más que la ayudara—, todos los seguidores de Jason Bourne esperaban que Matt Damon regresara a una de las sagas que lo hicieron famoso. La verdad era que, a pesar del deseo de los fans, el hilo argumental de la trilogía de libros escrita por Robert Ludlum y el final que El ultimátum de Bourne nos dejó —abierto, pero a la práctica, bien cerrado—, hacia pensar que era algo muy improbable, que no imposible. Además, las palabras del actor y del director, Paul Greengrass, en las que ambos negaban que existiera el más mínimo atisbo para que la esperada secuela viera la luz, complicaban aún más la cosa. Sin embargo, tras el fisco de la película protagonizada por Jeremy Renner, estaba claro que, en algún momento, Damon y Greengrass tenían la obligación de volver a poner las cosas en su sitio. Por ello, a nadie sorprendió cuando se retractaron de sus negativas cuando empezaron a afirmar que había una posibilidad, si había un guión bueno, si repetía Damon y Greengrass como líderes del proyecto, y ese largo etcétera de condiciones que ponen las grandes estrellas del cine de acción para repetir en papeles que les hicieron grandes pero que, a la larga, los podían encasillar. Así pues, a finales de 2014, se anunció que Matt Damon volvería a ser Jason Bourne en una película dirigida por Paul Greengrass, en la que también participarían actores como Julia Stiles —la única, además de Damon, en repetir su personaje de la trilogía original—, Alicia Vikander, Tommy Lee Jones o el francés Vincent Cassel.
Con el equipo original y un reparto de la talla de este, todo hacía esperar que la película fuera un digna sucesora de la Trilogía Bourne… Y por suerte así ha sido. En un momento en el que el cine tiene una necesidad imperiosa de recuperar personajes que triunfaron en el pasado, haciendo secuelas y reboots innecesarios, era de suponer que esta película siguiera la estela de otras que han pasado con poca luz por las salas, como la última de Terminator o la segunda parte de Independence Day. Sin embargo, no ha sido así. En un alarde saber hacer, la historia se ha articulado de tal forma para que el personaje de Bourne se viera involucrado en la trama —con el factor de su padre y su responsabilidad—, mostrándonos una parte de su pasado que no conocíamos, a la vez que se le daba un motivo de peso para regresar a la acción. Es verdad que, en general, no está a la misma altura que la trilogía original, sin embargo, se acerca mucho y no desentona, no como sucedió con El legado de Bourne. El principal motivo del buen resultado —además de un impecable trabajo técnico y artístico—, no es otro que la sensación de que la película no es prescindible. El hecho de que Bourne aún no lo recuerde todo, junto con las nuevas operaciones encubiertas de la CIA, con el nexo creado por el personaje de Nicky Parsons entre ambos, consiguen explicarnos de forma correcta y convincente el porqué Jason Bourne ha vuelto y qué ha venido a hacer, cuando había conseguido huir destapando las operaciones de la CIA dándose por muerto.
Además, aunque se repite la fórmula de las anteriores películas de Bourne enfrentado a un villano y su sicario, se tiene que admitir que la nueva versión es más que interesante, con el añadido de las nuevas tecnologías y las redes sociales, que juegan un papel vital para revitalizar al personaje y su mundo. En este sentido, y salvando todas las diferencias, Jason Bourne es como La Jungla 4.0, era el mismo estilo de peli, con el mismo protagonista y el mismo tipo de villanos, pero se supo trabajar lo suficiente como para que resultara llamativa e, incluso, innovadora.
En resumidas cuentas, la espera ha merecido la pena. Estos diez años, en los que Damon ha crecido aún más como actor, justifican completamente la espera de un secuela decente de Bourne. De la misma forma, esperemos que si Universal pretende sacar más jugo de la saga, lo haga con cuidado, y no caiga en el desenfreno que se ha creado en los últimos tiempos en el séptimo arte, en el que los números justifican cualquier historia.