Shin Godzilla (Hideaki Anno, Shinji Higuchi, 2016)

De repente, la bahía de Tokyo se ve sorprendida por unas extrañas explosiones subacuáticas, y a pesar de las reticencias iniciales, en seguida se descubre que una criatura gigantesca ha emanado de las aguas. Se mueve lentamente y arras todo lo que se encuentra a su paso, obligando que el gobierno japonés evacue la ciudad. Tras evolucionar ante las atónitas miradas de los miembros del gobierno, desaparece de nuevo, sin embargo, cuando vuelve aparecer, Godzilla, es diferente, es mayor y más fuerte, convirtiéndose en algo más que una amenaza para la humanidad.
Lejos de la versión de Roland Emmerich, y aprovechando el tirón de la versión estadounidense de Gareth Edwards, la productora Toho ha querido recuperar a uno de sus personajes estrella para darle un buen reincio. Para hacerlo, ha puesto a su amada criatura en manos de dos hombres, Hideaki Anno responsable de las películas de Evangelion, y Shinji Higuchi, director de la película de Ataque a los titanes, y lo han conseguido.
Inevitablemente la vamos a comparar a la versión de Edwards de 2014, pero las diferencias son notables, aunque, en base, sea lo mismo, una inmensa criatura que arrasa toda una ciudad mientras los humanos corretean a su alrededor sin saber exactamente que es lo que están haciendo. Las diferencias recaen, en primer lugar, la criatura «malvada» es el propio Godzilla, algo que lleva a presentar la segunda diferencia, mientras que el Godzilla de Edwards tenía algo de humano y de héroe, esta es una criatura mala, mala, pero mala, sin sentimientos, no tiene expresiones, no siente dolor y no hace más que dejar en evidencia a las fuerzas militares japonesas y quién las dirige.
Por otro lado, no existen subtramas ni nada por el estilo, todo gira en torno a Godzilla, y aunque se ve perfectamente quienes son los protagonistas humanos de la cinta, no hubieran sido necesarios, ya que se trata de una película muy coral, estos personajes actúan como uno solo. En resumidas palabras, esta película gira en torno en el enfrentamiento entre la criatura y la humanidad, y como está hará todo lo posible para preservarse.
En el apartado técnico se nota el bajo presupuesto, o no tan alto como en Hollywood, sin embargo, el CGI es utilizado con cabeza —al estilo japonés, pero con cabeza—, haciendo que cada una de las apariciones de Godzilla sean espectaculares. Por otro lado, el ritmo rápido de las escenas con actores reales, junto con su montaje ágil y bien cuadrado —solo pasan diez minutos antes de la primera aparición de Godzilla—, le aportan a la cinta un realismo que te permite entrar en la trama, mientras ves como el gobierno intenta resolver los ataques de Godzilla y sus consecuencias.


Profundizando en el papel de los humanos, no podemos dejar de avisar a todo posible espectador, que el guión así como su interpretación son rápidos, del mismo modo que, en su mayor parte, son innecesarios y sobreactuados. Con esto no quiero criticar a los actores japoneses, hay grandes estrellas niponas y todas tienen cierto aire de sobreactuación, desde Toshiro Mifune a Ken Watanabe, pero aquí parece que esta sobreactuación sea buscada, del mismo modo, si bien se habla mucho, muy rápido y entre muchas personas, sin apenas descanso, pero la gran parte de cosas que se dicen no tienen ningún tipo de trascendencia. 
Aún con todo, el resultado final es una buena película de Godzilla de mano de sus padres, y lo hace con cierto aire de nostalgia, ya que en muchos sentidos es un recuerdo de la primera película de Ishiro Honda, en la que presencia de las consecuencias nucleares, basadas en residuos tóxicos ilegales de hace sesenta años —aunque el recuerdo de Fukushima es muy reciente y, en muchos sentidos, presente—, así como el inolvidable recuerdo de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki, convierten lo que sería una simple película de monstruos gigantes, en una película cargada de un mensaje social, moral y ético, más allá de lo habitual.