Yoga Hosers (Kevin Smith, 2016). Por Mr. Xungar

Antes era un ser gris y taciturno, las cochinillas se comían los ficus benjamin que tenía plantados en el balcón, pero desde que descubrí Yoga Hosers mi vida ha cambiado. Saco la tele por la ventana y les pongo a mis plantas la película en un loop infinito, las cochinillas han huido despavoridas, los ficus se han transformado en frondosas plantas de marihuana y yo ya no soy gris y taciturno, me he vuelto directamente chalado.
Este es el problema con Yoga Hosers, que la gente la quiere valorar como película de cine y no es una película de cine, antes de eso es un tarro de pepinillos, un globo aerostático o incluso ese remedio contra las plagas de cochinilla que azotan a la humanidad. Mucha gente cree que Kevin Smith nos la coló, hizo tres pelis buenas en los noventa y desde entonces los fans están esperando su nueva película para ver si es —otra vez— la buena. Yo no estoy de acuerdo, Kevin Smith siempre ha estado haciendo más o menos el imbécil, a diferencia de los otros realizadores que «parecían buenos… pero no». Pensemos en Ridley Scott, gran repartidor de sepias a domicilio, que nos la ha colado tanto que aún hay gente con cojones de gustarle Exodus. Sin embargo Kevin Smith es Kevin Smith, hace cosas de frikis y por tanto se le puede criticar impunemente, porque no tiene pelis de qualité.
Yoga Hosers va de un par de adolescentes que trabajan en un almacén cutre y en su turno de noche deberán combatir el ataque de unas salchichas nazis asesinas «porculadoras» y rellenas de chucrut, además de a su líder, un Mad Doctor que quiere acabar con todos los críticos de arte del mundo. Que al bueno de Kevin se le haya ido la mano con las pastillitas de la mañana no justifica semejante despiporre, hay algo más, se trata de una iconodulia de paridas tan bestial que ha tenido que exprimirse las sienes al máximo para engarzar este mosaico, esta fascinante Capilla Sixtina de las animaladas. Estoy completamente seguro de que se ha quedado tan vacío como si se hubiera hecho un millón de pajas seguidas.
Para que te guste la película debes ser Kevin Smith, compartir parte de su genoma o haberte trasplantado parte de su masa cerebral —algo que muchos fans estarían dispuestos a hacer sin duda— puesto que un 50% de los chistes solo los puede entender el. Aquí se profundiza en el microcosmos de Tusk, una película que yo cuando la ví se fue la luz en el cine y creí que era parte de la película. En Tusk valía casi cualquier paja mental, yo salí de verla con la sorpresa en el rostro: «Rediós, pero todo esto puede hacerse en el cine». Pues si, y Yoga Hosers es igual que Tusk pero con colorines y chiquillas gritando mucho. 
La apariencia naïf y hiper-hortera del filme castigará vuestras retinas como si hubieseis usado acido de batería como colirio. El bueno de Kevin acabó con las existencias de filtros de colores para lograr ese puticlub fílmico, tan de serie b, con luces rosas y azules por todas partes. Las sobreimpresiones con presets chungos de After Effects y la música chillona de 8 bits redondean un apartado técnico inmejorable para el correcto sufrimiento físico y mental.


Ahora bien, la película transmite muy buen rollo. Todos hacen el imbécil impunemente como si no hubiera nadie al volante y nos agarraremos a esto —como salvavidas en un maremoto— para reivindicar Yoga Hosers. Un hurra por los santos cojones que tiene Kevin Smith para obtener y dar libertad; Las chicas, que no son otras que la hija de Kevin Smith y la hija de Johnny Deep, se pasan el rato partiéndose el culo delante de la cámara y papá no las corta. Todo vale. Se lo deben haber pasado pipa haciendo la pel·lícula y eso le da al conjunto una energía bestial. A destacar el papelón del otro papá, Johnny Deep, con un sentido del ridículo cercano a cero, haciendo de viejo feo, chocho y pasado de rosca, es decir, de sí mismo.
¿Que no es una película buena? Nos ha jodido, ¡pues claro que no!. Pero tampoco es una pedrada en la cabeza. Por mi parte, solo me dormí unos diez minutos, lo justo para no enterarme de quiénes eran las salchichas y de que querían, desconozco si esto se explica en la película —algún flipado que haya estudiado guión de cine dirá que es básico para la trama— pero la verdad es que no importa demasiado, es Kevin Smith.