Ghost in the Shell (Rupert Sanders, 2017)

Ghost in the Shell es uno de los mangas más clásicos y populares de la cultura nipona. Debido a su estética rompedora y su reflexión sobre la naturaleza de la conciencia, no tardó en convertirse en una obra de culto de referente mundial. Sirviendo de inspiración a obras como Matrix, Dark City y básicamente toda la ciencia ficción de corte cyberpunk hasta la fecha. Por eso no era de extrañar que la industria americana hiciese su versión Hollywoodiense.
El inicio del manga creado por Masamune Shirow data del año 1989 y la primera película de animación se estrenó en 1995, esta película es la base de la nueva Ghost in the Shell, apodada el Alma de la máquina, no es un remake estrictamente pero la mayor parte de la peli se basa en la original del 95. Del mismo modo la trama viene a ser la misma.
Ghost in the Shell nos traslada al año 2029 para contarnos la historia de “Major”(Scarlett Johansson), una cyborg líder de la Sección 9, una unidad que se dedica a combatir el ciberterrorismo y los crímenes tecnológicos, en un mundo futurista en el que los avances tecnológicos y los implantes cibernéticos están difuminando, más que nunca, la línea que separa a las máquinas de los humanos.
A primera vista, a nivel visual la película cumple con lo prometido, las semejanzas con el anime son más que claras y muchas de las escenas y situaciones son reconocibles, en esta ocasión para la película han querido dotarle de más protagonismo a la ciudad, para sumergir al espectador en dicho escenario. Estamos hablando de una ciudad futurista, sobrecargada de luces, neones, hologramas y publicidad masiva mezclado con la suciedad y edificios decadentes, muy al estilo Blade Runner. Sin duda una muy buena lograda estética cyberpunk que pese a estar sobrecargada de efectos especiales no empañan el resultado de la película, algo que se nota ya en las primeras escenas e incluso en la genial intro. Pero la clave está en ver qué han hecho con la historia original. Desgraciadamente, en lugar de seguir el estilo filosófico centrado en el alma humana y los avances robóticos, tal y como se muestra en el original, volvemos a tener el clásico dilema personal de ¿tengo sentimientos? ¿soy humano? pues voy a vengarme de los que me hicieron esto, convirtiendo a la protagonista en la típica heroína de peli de acción. Es aquí donde o no han sabido o han querido simplificar una trama donde han abandonado la reflexión profunda e interesante que se hacía en ella sobre la humanidad y la autoconciencia en el anime original. Una lástima porque la gracia que tenia la historia era esa, de esta manera no deja de ser una peli más de ciencia ficción estilo Yo, Robot.
En cuanto al reparto, han habido muchas quejas por el hecho de que la Major Kusanagi no tuviera rasgos asiáticos, algo absurdo teniendo en cuenta que la peli es americana y va para el mercado occidental, además de que el hecho de ser una cyborg podría ser de cualquier raza. La elección de Scarlett Johansson era clara teniendo en cuenta su trayectoria reciente en el cine de acción. Aunque no lo hace mal, últimamente Scarlett no me parece tan buena actriz como lo era antes, y su papel no dista mucho de lo que se ha visto en Lucy o siendo la Viuda Negra en Marvel. Por otro lado su compañero de armas Batou (Pilou Asbæk) sí que es prácticamente calcado al del anime, carismático, duro pero con corazón, un personaje que mola verlo en pantalla. Como jefe de la sección 6 han cogido a la leyenda del cine japonés Takeshi Kitano para interpretar a Aramaki, curiosamente sus diálogos están íntegramente en japonés. Destacar también el papel de Michael Pitt como Kuze, el villano capaz de hackear las mentes de otras personas. El hecho de ser también un cyborg pero defectuoso, hacen que la interpretación de Michael sea más variada y elaborada que la de la perfecta Scarlett.
En definitiva no es una mala película, ni creo que sea una mala adaptación, el problema es el de siempre: simplificar una trama para que la gran mayoría de público que no ha seguido la saga la entienda, por desgracia esto hace que se pierda el “alma” de la propia película y se convierta en una más del genero de ciencia ficción.