Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017)

Antes de empezar tengo que sincerarme… DC Comics nunca me ha llamado demasiado, ni en papel ni en celuloide —alguna que contada excepción sí que me han gustado, la trilogía de Batman de Nolan es un ejemplo, sin embargo, sigue siendo la excepción que confirma la norma—, y lo que viene siendo el Universo Cinematográfico DC (El hombre de acero, Batman v. Superman: El amanecer de la justicia y Escuadrón Suicida), tampoco es que me haya llegado al corazón, más bien lo contrario, sintiéndome cada vez un poco más decepcionado, haciendo que cada vez más me reafirme como marvelita. Pero, ahora, de repente, ha aparecido Wonder Woman.
Diana es la princesa de Temiscira, una pequeña isla oculta a los ojos del hombre, en la que las amazonas viven apartadas de la civilización, aunque la misión que les encomendó Zeus fue la de ser protectoras de la paz. Aunque Diana siempre ha sido impulsiva y decidida, la reina, su madre, consigue mantenerla cerca de ella, aunque no pueda evitar que la general Antíope, la entrene como la mejor amazona de todas. Aunque la vida de las amazonas transcurre pacíficamente, la monotonía se ve quebrada cuando un avión se estrella en sus costas, siendo pilotado por el capitán Steve Trevor, un descarado espía americano que sirve a las órdenes del mando británico durante la Primera Guerra Mundial. Pero no viene solo, le siguen un destacamento de soldado alemanes que, a pesar de ser vencidos, no dudan en llevarse por delante todas las amazonas posibles. Es entonces es cuando Diana descubre que el mundo entero está sumido en una gran guerra que parece no tener fin, y decide llevar a cabo la misión por la que fue creada: acabar con Ares. Con la ayuda de Stephen y un pequeño, extraño pero capaz grupo de soldados: que cuenta con un nativo norteamericano contrabandista, un actor marroquí convertido en estafador, y un francotirador escocés amante de la bebida, Diana emprenderá un largo y difícil viaje para encontrar y matar a Ares, consiguiendo, de este modo, acabar con todas las guerras.
En realidad, esta no es la primera aparición de Wonder Woman en el UC de DC, ya la vimos en Batman v. Superman, pero su papel fue meramente testimonial para justificar el subtítulo de la película, «el amanecer de la justicia», lo que viene siendo un preámbulo de las películas dedicadas a la Liga de la Justicia. En un primer instante, Gal Gadot no es que me encajara demasiado en el papel de Diana Prince, pero, viendo Wonder Woman, entiendo su elección. Ya que como protagonista de una cinta tan compleja como esta, borda el papel, y lo hace suficientemente bien como para pasar por delante de sus compañeros heroicos, Henry Cavill y Ben Affleck.
Aunque el tipo de acción sigue teniendo ese peligroso estilo de Zack Snyder, que a veces funciona y a veces es demasiado pasado de vueltas, es introducido en la película en su justa medida, ofreciéndonos escenas tan épicas como la batalla en la playa de Temiscira, digna del mejor combate de 300. En este sentido, tengo que quitarme el sombrero ante la directora, Patty Jenkins que —además del reclamo de ser la primera directora de una película de superhéroes que, para más inri, también es la primera protagonizada por una superheroína— consigue una factura perfecta. Wonder Woman tiene una historia simple pero consistente, acorde con el género, con los suficientes giros de guión para no ser predecible, y una fluctuación de ritmo perfecta, entre acción y diálogo. Como colofón, y sin querer entrar a debatir sobre el tema, ya que creo que no viene a cuento, el equipo de Jenkins firma una película de superhéroes que no entra en el eterno debate de género, ya que Wonder Woman es una mujer y una heroína, chocando con el mundo occidental liderado por hombres de principios del siglo XX, mostrando las injusticias sin querer ser un panfleto feminista. Sin ir más lejos, aunque la heroína es ella, el personaje de Stephen Trevor, convertido en un «príncipe en apuros» a la fuerza, sabe cuando debe dejar que Diana se comporte como lo que es, sin demostraciones innecesarias de «aquí yo soy el hombre, y me deber es protegerte». Esta perfecta conjunción de elementos, hace inevitable comprender porque Warner y DC no han dudado en pedirle a Patty Jenkins que vuelva para una secuela… Por mí podría ocupar el lugar de Zack Snyder junto al recién llegado, Joss Whedon.
Dejando a Gal Gadot como una más que acertada elección como Diana —algo que si bien ha funcionado en esta entrega, está por ver que pasará en siguientes entregas—, sin duda el reparto que le hace de coro es perfecto, Connie Nielsen, Robin Wright, Danny Huston, David Thewlis, Saïd Taghmaoui, Ewen Bremner, Eugene Brave Rock, Lucy Davis, incluso una irreconocible Elena Anaya.


Pero el que brilla con luz propia como el contrapunto perfecto de Gal Gadot, es Chris Pine. Nuestro capitán Kirk, consigue darle ese toque humorístico al personaje, que no tiene vergüenza de ser el representante del «sexo débil», y mientras que Diana se carga medio ejército alemán, él a duras penas puede con media docena de soldados con la ayuda de sus aliados. Mientras vemos la película no podemos dejar de ver que entre los dos actores y sus respectivos personajes existe una química pocas veces vista hasta ahora en el cine de superhéroes.
Podría seguir hablando de lo buena que es Wonder Woman, sin embargo, y muy a mi pesar, tengo que decir algo malo, no tanto de la película, sino del Universo DC. Wonder Woman llega tarde. Comparándolo con el caso de Marvel —y no lo hago gratuitamente, sino porque DC parece empecinado en reproducirlo—, esta es la cuarta película de la franquicia, y de momento no ha habido ninguna que brille como lo hicieron Iron Man, Capitán América o Los Vengadores. No sé por qué será —seguramente porque no se ha hecho con prisas—, pero viendo Wonder Woman, creo que esta debería haber sido la primera entrega de la franquicia. ¿Por qué? Funciona como película individual —los nexos con el universo son meros guiños—, tiene una buena historia y unos personajes atractivos, llega a un amplio espectro de público, da margen para que los que no son frikis de DC, se conviertan, y, ante todo, es la mejor con creces. En la humilde opinión de un servidor, esta película debería haber marcado el tono de todo el universo, así como lo hizo el Iron Man de Jon Favreau, no El hombre de acero de Zack Snyder.
Solo como apunte final, advierto a aquellos fervientes marvelitas que vayan a verla, que tengan cuidado, porque les gustará la película y tendrán ganas de más, y más ahora que Marvel Studios peligra en estancarse… No sea que todos hagamos un Joss Whedon, y nos pasemos a DC.