Death Note (Adam Wingard, 2017)

Light (Nat Wolff) es un estudiante que encuentra un cuaderno llamado Death Note, en él las instrucciones indican que cualquiera que escriba el nombre de una persona en dicho cuaderno, morirá. Con el sobrenombre de Kira, Light pretende limpiar el mundo de los criminales y gente malvada mientras L (Lakeith Stanfield), un formidable y extraño detective, intenta impedir sus asesinatos.
De nuevo tenemos una adaptación de un manga por parte de los estadounidenses, y como ya pasó con Dragon Ball Evolution, Airbender: El último guerrero o la más reciente Ghost in the Shell, la adaptación vuelve a ser mediocre. No hay manera de que den con la tecla cuando se trata de llevar al formato de película las adaptaciones de un manga o incluso de un videojuego, y eso que Death Note tiene mucho jugo donde sacarle.
En las adaptaciones, como siempre, se puede optar por recrear la historia del original lo mas fiel posible o inspirarse solamente dando libertad creativa, esto último es lo que ha optado el director Adam Wingard, adaptándolo a los tiempos modernos y a un escenario más americano. Este es sin duda uno de los pocos aciertos de la película, era mejor una adaptación libre para poder ampliar ese mundo que Death Note nos ofrece. De hecho los propios nipones ya hicieron una adaptación bastante fiel en algunos aspectos del anime original, y no les fue muy bien que digamos, por lo que no es necesario repetir el caso. Es por ello que no hay problema que L sea negro o que Light no sea un ejemplo de estudiante modelo, siempre y cuando la esencia de la historia no se estropee.
Y aquí en donde la nueva adaptación falla. Quitando el aspecto físico de los personajes, no puedes cargarte todo lo que Death Note representa, si lees el manga o ves el anime, los cuadernos de muerte no son lo más importante, solo son las herramientas para que veamos lo que realmente importa en pantalla: el enfrentamiento entre L y Kira. Esa es la clave, el punto fuerte de la historia, si pierdes esto la adaptación se queda sin un pilar importante y es por eso que esta película falla. En la original, esos enfrentamientos, mostraban una inteligencia excepcional entre los dos personajes, como si de un Holmes vs. Moriarty se tratara, el duelo dialéctico era genial, dos personajes brillantes enfrentados intentando quedar uno por encima del otro. En cambio aquí solo tenemos a un L enrabietado cual crio cuando falla y un Kira manipulado por su novia. Y si lo principal falla, el resto ya no puede suplirlo, que de hecho no lo hace. La historia en sí pierde ritmo a medida que avanza y lo que empieza mínimanente bien, se convierte en un caos con un final muy abrupto, seguramente si hubiese sido una serie se podría haber desarrollado más la historia y haber profundizado en los personajes y lo que les mueve a realizar dichos actos, ya que hay demasiados aspectos que se intentan meter con calzador de manera forzosa.
En definitiva una oportunidad perdida para adaptar y abrir al mundo occidental uno de los mejores mangas que el país nipón nos ha dado. Lo bueno es que siempre se pueden hacer reboots o reinicios para recrear la historia, lo malo es que viendo el historial americano en cuanto adaptaciones extranjeras se refiere, no podemos estar muy confiados.