Deep Dark (Michael Medaglia, 2015). Por Mr. Xungar

Como diría el Maestro Yoda: «haz una bizarrada o no la hagas, pero no lo intentes». Elegir una idea bizarra y no exprimirla hasta sus últimas consecuencias equivale a cavar una tumba muy honda y no tirarse luego dentro. Ello puede deberse a la falta de talento pero normalmente se debe a la falta de huevos (u ovarios). Querido Michael Medaglia, director de Deep Dark, puestos a fulminar tu carrera en la primera película que haces, al menos podrías haber montado una despedida con barra libre de mamadas para todos (y todas).
Aquellos y aquellas lectoras con una vida sexual sana probablemente no sabrán lo que es un gloryhole —¡pero no hay excusa que valga!— en la era de internet y del porno free esto debería ser cultura general y salir en los libros de Conocimiento del Medio de Educación Primària. Un gloryhole es un subgénero del porno en donde el hombre pasa su miembro a través de un agujero y al otro lado hay alguien —o algo— para hacerle cosas. Pues bien, esta es la estremecedora premisa central de Deep Dark, como podéis intuir a poco que vuestra mente esté un poco enferma, las posibilidades son infinitas.
Por aquí tenemos pululando a Sean McGrath, que es un actor que da mucha risa con solo mirarlo (carachiste dirían en mi pueblo). El bueno de Sean interpreta como puede un papel muy imbécil: el de un escultor sin talento que busca una oportunidad para triunfar con su arte y hacerse famoso. Las esculturas que hace son mas feas que golpear a tu madre en los dientes con una viga de hormigón armado.
Además de malo, el pobre tipo es muy cenutrio y su galerista, a la que encima ama, le desprecia cual gente baja. Jugándose el todo por el todo, el tío Sean se muda a un estudio nuevo donde se da un ultimátum para crear la obra maestra definitiva. Sin embargo lo que encuentra en el estudio es un agujero en la pared, un agujero que puede hacer realidad sus sueños.
El agujero, que habla como una actriz porno y tiene una apariencia interna similar a la de una vagina, se enamora de él y le pide que se lo folle —esto es, evidentemente, que meta su polla dentro— a cambio de concederle el talento artístico que le falta. Como es un agujero muy celoso empezará a putearlo y se intentará cargar a todas las secundarias de tercera fila que se acercan a su amado, las hay a puñados, algo incomprensible porque nuestro amigo Sean será muy graciosete pero tiene el mismo sex-appeal que una lavadora.
Ahora bien, no puedes pretender jugar con estas cartas tan malas y no tirarte faroles. A la película le falta profundizar en la idea (y en el agujero de la pared) y abandonarse completamente a la chorrada como un piano que nos propone. Porque lo otro que tenemos es una historia de amor pastelera digna de Sandra Bullock, que por momentos incluso se toma en serio a sí misma. El resultado final es como quedar sepultado por diez toneladas de ositos de gominola, parece salvaje pero es una cursilada, la única salvación que te queda es comer y comer hasta que la diabetes venga a salvarte.
También se salva la dirección artística y la producción. Sobre todo cuando nos metemos en el estudio del artista, un antro repugnante y ruinoso soberbiamente recreado gracias a que contaban con un antro repugnante y ruinoso a mano. Para ser una película hecha en la alcoba de la abuela, a base de cinta aislante y herramientas robadas en el garaje, la ambientación es muy digna. Aquí también veremos los mayores hallazgos técnicos consistentes en apagar la luz para generar oscuridad o acercar la cámara a un objeto para darle mayor importancia. El director de fotografía se volvió loco metiendo cámaras en una habitación del tamaño de un ascensor y al final opta por usar una lente angular que parece una pecera. Incluso el bueno de Medaglia se adorna con destellos de autor con un montaje de pantalla partida en plan modo multijugador del Halo 3
En estas estamos cuando llega la traca final y la película remonta un poco. Cuando empiezan a entrar en acción el taladro, la radial, las amputaciones de piernas y unos cuantos cubos de sangre esparcidos aleatoriamente por el escenario hasta un ladrillo pintado de rosa puede parecer interesante.
Por ahí he escuchado que la comparan con David Lynch y David Cronenberg. ¡Eso me parece un insulto! Deep Dark es bastante mejor. Lo único bueno que hacen Lynch y Cronenberg es peinarse el tupé, parece que usen hormigón armado como gomina.