Stargate SG-1 T.6-10 (Syfy, 2002-2007)

En anteriores artículos… Descubrimos el peligro de los Goa’uld, que Teal’c tenía un gusano en el estómago que se llamaba Junior, que los aliens más poderosos del universo, realmente, son pequeños y grises, y, lo más importante, la capacidad de O’Neill para hacer chistes malos… Y ahora, la conclusión.

Después de que la cadena Showtime decidiera no renovar para una sexta temporada Stargate SG-1, sumado con el distanciamiento de Michael Shanks, que apartaba al personaje del Dr. Daniel Jackson de la trama, y al elevado coste que podía tener la producción de un solo capítulo, la serie veía seriamente comprometida su continuidad, pero, para nuestra suerte —sí, digo «nuestra» porqué hubiéramos perdido unos de los hitos de la televisión de ciencia ficción—, la cadena de televisión Syfy decidió adquirir los derechos de emisión, permitiendo que el SG-1 pudiera seguir viviendo sus aventuras a la vez que mataban un gao’uld tras otro.
Sin embargo, si bien se había logrado salvar a la serie, también hubo importantes cambios que hicieron que Stargate, poco a poco, dejara de ser lo que había sido hasta entonces. Pero vamos por partes.
El primer cambio del que somos testigos es de la incorporación de un nuevo personaje al reparto principal, en sustitución de Daniel Jackson. El personaje elegido fue Jonas Quinn —que conocimos al final de la quinta temporada— cuya habilidad de rápido aprendizaje le permitirá ocupar el lugar de «sabio» que había dejado Michael Shanks. Para ser sinceros, Jonas no era Daniel, pero tampoco fue una pérdida tan importante, argumentalmente, pero si para los fans, que hicieron lo imposible para que Shanks reemprendiera el personaje —a pesar de un par de apariciones como un «Ascendido» y dándole la voz al asgardiano Thor—, pero…
¿Pero Daniel Jackson no estaba muerto? No, no. Y no estaba muerto, no, no. Y no estaba muerto, no, no. Estaba tomando cañas… Perdón, quería decir: Estaba de parranda… ¡Uy tampoco!... Estaba con los ascendidos. No estaba muerto, estaba ascendido. No estaba muerto, estaba ascendido.
Después de este momento «rumbero» que no viene muy a cuento con la serie, pero que si viene a explicar muy bien lo que parece un malentendido en la serie. Así que, entre el final de la sexta temporada y el inicio de la séptima, Daniel Jackson regresa, como si no hubiera pasado nada, para ocupar el lugar que Jonas le había mantenido calentito. Personalmente, el momento en el que Jonas se despide del SG-1 es uno de los más tristes, ya que si bien no era uno de los históricos de la ficción, había conseguido hacerse un lugar en ella.
En pocas palabras, después de este cambio, la cosa volvió a la normalidad, sino hubiera sido que la continuidad de la serie se veía amenazada año tras año. Esto provocaba que los productores y creativos creyeran que cada final de temporada era el final de la serie, un hecho que los llevó a cometer algún error de cálculo, pero ninguno como el que tuvo lugar al final del séptimo año. Pensando que la cosa se acababa, las «grandes mentes pensantes» se percataron que, a lo largo de todas las temporadas, habían matado muchos malos pero ningún bueno, así que era imperiosamente necesario que alguien muy querido por la audiencia cayera. Así que, en una jugada no muy bien ensayada, se produjo un patinazo épico, haciendo que la Dra. Frasier, un pilar del Comando Stargate y una de los secundarios de lujo, fuera abatida en el campo de batalla. Siendo sinceros, mejor ella que O’Neill, Teal’c o Carter, pero igualmente, fue un error que más tarde tuvieron que corregir incluyendo una nueva doctora en las dos últimas temporadas. Pero bueno, la baja de la Dra. Frasier no sería la última.
A partir de la octava temporada es cuando se empieza a ver un cambio más radical en la estructura de la serie. En primer lugar, el General Hammond —para mi uno de los mejores personajes junto con O’Neill— dejó la serie por los problemas de salud que Don S. Davis, el actor que lo interpretaba, dejando que fuera el recién ascendido —de rango no de plano de existencia— General O’Neill ocupara su lugar, apartándolo de las misiones que emprendía el SG-1.
Para colmo, Richard Dean Anderson, buque insignia de la serie, para la novena temporada se apartó de la interpretación para dedicarse enteramente a su familia. Y si por un lado hizo alguna que otra aparición esporádica, uno de los pilares de Stargate SG-1 había desaparecido. Pero no te preocupes futuro «gater», o «gatie», o como narices se llamen los seguidores de Stargate, no hay mal que por bien no venga.
La ausencia de Don S. Davies y de Richard Dean Anderson provocó algo que, en la mayoría de ocasiones, necesita una serie de larga duración como esta, una renovación para refrescarla y renovarla de pies a cabeza. Y eso sucedió en Stargate.
Para empezar, en un final trepidante, en los últimos cinco episodios de la octava temporada, las grandes amenazas de los Replicantes y los Goa’uld son borradas del mapa por completo, forzando a que la trama se derive en algo nuevo. A pesar de que Ba’al —al que podríamos llamar «el último de los Goa’uld»— seguirá tocando los c***nes, pero se pasa a ser una trama secundaria, para dejar espacio a unos nuevos enemigos, los Ori. Estos seres ascendidos, al principio parecen un refrito de los Goa’uld, unos seres con poderes superiores a los humanos, sin embargo, a partir de la segunda mitad de la novena temporada y durante toda la décima, esta trama se viene arriba y se vuelve trepidante.
Pero los cambios más destacados son las incorporaciones de nuevos personajes. Al principio se puede pensar que nadie puede llegar a la altura del coronel Jackson, pero para sustituirlo al frente del SG-1 se fichó a Ben Browder —protagonista de Farscape— para que interpretara al coronel Cameron Mitchell, y la verdad sea dicha, consigue llenar el vacío de O’Neill. El personaje es igual de gamberro, pero con una personalidad propia, diferente, incluso más descarada que su predecesor.
Otra de las importante incorporaciones el general Hank Landry que, a efectos prácticos, sustituye al general Hammond. El papel fue a parar a manos de Beau Bridges, que consiguió algo que parecía imposible, presentar un personaje a medio camino entre el descarado O’Neill y el responsable Hammond.
Finalmente, hubo una incorporación que debió ser sorpresa incluso para los responsables de la serie, la del personaje de Vala Mal Doran. Este personaje —interpretado por otra vieja conocida de Farscape, algo que nos harán notar cuando ella y Browder se encuentren y se digan la típica frase de «¿No nos conocemos?»— ya apareció durante la octava temporada siendo un contrapunto perfecto para Daniel Jackson, después pasó a ser recurrente tanto al principio como al final de la novena, para incorporarse al elenco principal para la décima. Vala es la descripción de una chica mala, una contrabandista que no deja de soltar comentarios con doble sentido, mientras no cesa de meterse en líos. A mi parecer, este personaje era necesario, ya que si bien las bromas de O’Neill no dejaban de arrancarnos una sonrisa tras otra, ese era uno de los pocos focos de humor.
Aún con todos los cambios de reparto, de argumento y de estructura, el cambio más relevante que sufrió la serie fue el que O’Neill nos hace notar con una simple y sencilla palabra lanzada al aire: ¿Y ese pelo, Teal’c?
A pesar de que las tramas planteadas a lo largo de las dos últimas temporadas se podrían considerar cerradas durante los últimos capítulos de la serie regular, como sucede con todas las series de largo recorrido, los fans y todo el equipo responsable siempre quieren algo más, lo que podríamos llamar la guinda del pastel, y esto, habitualmente, se traduce en una película, en este caso, dos: Stargate: El arca de la verdad (Robert C. Cooper, 2008) y Stargate: Continuum (Martin Wood, 2008).
En otras ocasiones, las películas darían para un artículo completo, pero en este caso —al igual que sucedió con Star Trek— las películas, que se estrenaron en la televisión en 2008, se podrían considerar como más capítulos. Es decir, los personajes son los mismos, los villanos también, y las tramas se establecen como los capítulos dobles que ya nos ofrecieron durante la serie.
En la primera de las películas, la misión del SG-1 es acabar con la última de los Ori, la hija de Vala, sin embargo las cosas se complicarán con la aparición especial de los replicantes, esos malditos insectos mecánicos que no hacen más que multiplicarse. Mientras Carter y Mitchell intentan controlarlos en una de las naves humanas; Daniel, Vala y Tea'lc emprenderán la búsqueda de la «Arca de la Verdad», un aparato antiguo que tiene la capacidad de acabar con los Ori.
A pesar de que los señores del sistema Goa'uld «teóricamente» estaban muertos, en Stargate: Continuum, descubrimos que hay uno que sigue al pie del cañón intentado hacerse con el dominio de la galaxia, Ba'al. A pesar de que en los últimos capítulos de la serie creímos que habían acabado con él, la jugarreta que hizo con los clones, nos hace ver que el auténtico Ba'al la sigue liando parda y, en esta ocasión, se mete a toquetear la línea del tiempo para acabar con los miembros del SG-1. Pero tranquilos, se trata del SG-1, ¿qué podría salir mal?
Puede que Stargate SG-1 no sea la serie de ciencia ficción más realista, ni más documentada, pero tiene algo de lo que otras series carecen, entretenimiento. Cierto es que hay momentos, como en todas las series de largo recorrido, que se hace un poco pesada, pero la mayoría del tiempo nos divierte con sus guiones, nos entretiene con sus explosiones y, lo más importante, nos hace pasar un buen rato mientras la vemos.