
Después del desastre que supuso el intento de Tim Burton por resucitar la franquicia, muchos no dábamos un duro por este nuevo reboot. Sin embargo, Rupert Wyatt logró algo que parecía imposible: marcarse una precuela que no solo respeta el espíritu del clásico de 1968, sino que le da una bofetada de coherencia a toda la saga. El origen del planeta de los simio» es cine comercial, sí, pero con alma y una capacidad narrativa para tenernos pegados a la butaca sin necesidad de recurrir a explosiones gratuitas cada cinco minutos. Una precuela que respeta el espíritu de El planeta de los simios sin quedarse atrapada en la nostalgia barata.
La historia arranca con un punto de partida bastante clásico —el científico interpretado por James Franco buscando la cura del Alzheimer—, pero la película no va realmente de eso. Ni siquiera va de la típica rebelión con fuegos artificiales. Va de César. Y aquí es donde la cosa se pone seria, porque lo de Andy Serkis es directamente otro nivel. Si ya venía fuerte de El Señor de los Anillos o King Kong, aquí se marca una interpretación que redefine lo que entendemos por personaje digital. César pasa de ser entrañable a inquietante y finalmente a líder con una naturalidad brutal. Te olvidas de que es CGI y conectas con él como si fuera el personaje más humano de toda la película.
Lo más interesante es el tono. Lejos de ser un festival de explosiones, la peli se mueve durante buena parte como un thriller contenido, casi incómodo, donde todo se va cocinando poco a poco. Hay una sensación de desasosiego bastante potente en los dos primeros tercios, y eso le sienta de lujo. La relación entre humanos y simios está tratada con más sensibilidad de la que cabría esperar, aunque sí, hay concesiones típicas del Hollywood más formulaico, como ese romance con Freida Pinto que parece metido con calzador para cumplir expediente.ç

Narrativamente, la película hace algo que no es tan habitual: tiene lógica interna. Todo encaja. El origen del conflicto, la evolución de los simios, la caída progresiva del ser humano… nada se siente gratuito ni ridículo. Y eso, viniendo de una saga que en su momento abrazó el delirio sin complejos, se agradece mucho. Además, para los que somos un poco frikis del tema, hay guiños a los clásicos como: “Ojos Claros”, el “¡No!” que pone los pelos de punta, el mítico “quita tus sucias garras…”, referencias al Icarus… guiños metidos con cariño, no como checklist para fans.
A nivel técnico, la película fue un salto importante. La captura de movimiento, heredera de lo visto en Avatar, aquí da un paso más al integrarse fuera del estudio, y eso se nota muchísimo en el realismo. Pero lo importante no es que los simios se vean bien, es que transmiten. Y cuando eso pasa, ya tienes media película ganada.
Al final, El origen del planeta de los simios es una de esas raras películas que equilibran espectáculo, emoción y coherencia sin hacer el ridículo por el camino. No es una obra maestra, pero sí un blockbuster con cabeza y corazón, que revitalizó una saga moribunda y sentó las bases de algo mucho más grande.
