
Enchufo el cable y le doy al botón central del mando. No funciona. Mierda, se ha estropeado después de… ¿diez años? Seguramente. Por un segundo me maldigo por no haberla conservado a mi lado durante los últimos años, pero las nuevas generaciones pisaban fuerte y la tentación fue muy fuerte. Repito el proceso y nada. Pero recuerdo un paso, el botón trasero, si es que eso solo sucedía en el pasado. Río solo por sentirme un poco, solo un «poquito» viejo. Enchufado, botón trasero encendido, indicador rojo en marcha. Pulso el botón central del mando y… Sí, luz verde y azul, por fin podré poner jugar de nuevo a uno de mis favoritos, uno de mis imprescindibles, seguramente uno de los que eché más horas, a pesar de ser un juego más bien corto. La rejugabilidad la llevé al límite, creo que gasté el plástico del DVD de tanto usarlo. Pongo el disco y arranca la pantalla de carga, los logos de PlayStation 2 y Activision preceden a la intro de Neversoft con su ridículamente grotesco logo del ojo y, finalmente, empieza la del juego. Bendita retrocompatibilidad. Una introducción larga, como las de antes, que solía saltarme, pero que esta vez, por pura nostalgia me la trago entera. Quiero disfrutar del momento sin prisas. Para mí este momento es como el del saborear un buen puro y coñac añejo. En apenas unos minutos —me sorprende lo rápido que ha cargado, lo recordaba eterno— llegó al menú, le doy al modo historia y la cinemática de los suburbios de Nueva Jersey arranca. Sé que han pasado más de veinte años desde que lo jugué por primera vez, pero es como si el tiempo no hubiese transcurrido, y sin necesidad de recordar, mis dedos se mueven por el mando como si nada… ¡Esto es Tony Hawk’s Underground!
Lo cierto es que me subí al carro del skate digital un poco tarde, precisamente con este Tony Hawk’s Underground, pero fue amor a primera vista, y pasé de no haberlo jugado nunca a jugarlos todos, ya que mientras salían los siguientes —Underground 2, American Wasteland, etcétera—, me ponía al día con los Pro Skater, hasta ser, y perdón la poca modestia, un experto… además de un fanático del skate. Y es que este juego me descubrió todo un mundo que iba más allá del mero deporte con la tabla, y, por suerte, pude disfrutar de uno de sus mejores momento que fue de mediados de los noventa hasta mitad del dos mil.
A semejanza de otras estrellas del deporte de los noventa, Tony Hawk firmó un contrato para ser la cara visible de un videojuego, Tony Hawk’s Pro Skater, que vería la luz para consolas en el año 2000, siendo todo un éxito, y que daría lugar a una segunda parte que lo petó con escenarios únicos y una banda sonora increíble, y seguiría cosechando éxitos en la nueva generación. Pero claro, después de cuatro juegos con la misma mecánica y pocas variaciones, había peligro de estancarse, por lo que la llegada de Underground fue, de algún modo, natural. De repente, a la jugabilidad clásica de los Pro Skater se sumaron dos elementos claves que cambiarían los juegos de skate para siempre: una historia y bajarse del skate.
Lo primero hizo que el jugar pudiera identificarse aún más con el personaje que podía crear para ver como daba la vuelta al mundo en su salto a la fama; tampoco es que estemos ante una historia profunda y trascendente, al contrario, es más bien alocada, imposible y llena de situaciones absurdas, pero todo ello encajaba a la perfección con el estilo anárquico del juego y el espíritu rebelde del deporte en cuestión.
Mientras que lo segundo, permitió hacer el juego aún más accesible en muchos aspectos, ya que no se estaba limitado a los lugares que pudieras saltar con el skate, sino que había escaleras y la opción de saltar de un lugar a otro hasta conseguir acceder a las mejores y más atrevidas líneas de los diferentes escenarios.
Es decir, en Underground confluyeron, por fin, lo mejor de los videojuegos anteriores y el auténtico skate, en el que equipos, patrocinadores y competiciones, para dar lugar a un hito de la historia de los videojuegos. Es decir, lo que venía siendo un mero juego de deporte, que normalmente no tiene demasiada buena fama por su brevedad en el tiempo, pasó a ser toda una experiencia ante la pantalla que iba más allá de conseguir el truco más loco e imposible. Era convertirse en un skater y triunfar.
Llegados a estas alturas podría dejarlo, pero lo cierto es que hablar de Tony Hawk’s Underground, si por un lado nos lleva a hablar de los juegos que lo precedieron y que marcaron una manera de hacer skate en las consolas, inevitablemente nos lleva a hablar de su continuación, Underground 2.
Siendo una continuación directa de Underground, este se presentaba como reto entre profesionales lejos de las cámaras, aunque lo cierto es que parecía más un videojuego de Jackass —que también existió y que también está en mi estantería— que no tanto de skate… Bueno, sí que era de skate, pero entre medias tenías a Steve-O o Wee Man como personajes jugables, junto con retos más locos y absurdos que el anterior juego —ya no solo consistía en hacer skate y superar puntuaciones, sino que también se tenía que hacer estallar cañones, derrumbar edificios, despertar a los muertos y un largo etcétera más de imposibles—, que si bien podían parecer ilógicos y sin sentido, lo cierto es que fue un sucesor natural de Underground, llevado la anarquía y el caos a un nuevo nivel.
Personalmente, y para que comprendáis mi conexión con estos dos juegos, solo diré que ambos los jugué en todas las dificultades, desbloqueé todo lo desbloqueable, hasta el punto de que Underground me lo puedo pasar con los ojos cerrados y Underground 2 me dura poco más que unas horas. Por si esto fuera poco, las horas que un servidor y sus amigos dedicaron a la pantalla partida y a los minijuegos —como los lanzacohetes—, hizo que esto fuera más que una experiencia personal, sino un recuerdo compartido que, todavía hoy, ninguno de nosotros ha olvidado.
Aunque muchos puedan criticarme por alabar estos juegos por nostalgia, cierto en su justa medida, es innegable que el mejor momento de la saga después de un hito como Pro Skater 2, fue, precisamente, el dúo formado por Underground y su secuela, ya que después la saga perdió un poco el norte y se estancó por el mero hecho que se quemó el producto y no se podía hacer mucho más que mejorar la gráfica, la fluidez de los movimientos y la gama de estos.
A pesar de que les siguieron cinco juego más, así como varios de otros desarrolladores, ninguno llegó a ser tan bueno como este, hasta el punto de que hoy, alguien como yo que los ha jugado y probado todos, cuando regresa a este lo disfruta como si nunca hubiese jugado a ninguno. Un recuerdo de mi adolescencia al que puedo regresar como si el tiempo jamás hubiera pasado. Simplemente, maravilloso.
