
Como buen friki de la ciencia ficción espacial, la combinación de ciencia dura, una misión imposible para salvar a la humanidad y la adaptación de una novela de Andy Weir —el mismo genio detrás de The Martian— tenia toda mi atención. Y si además has leído el libro y te ha encantado —como me pasó a mí— el peligro es doble: llegas con el hype disparado y el cuchillo preparado por si Hollywood decide simplificarlo todo. Por suerte, Proyecto Salvación (Project Hail Mary) sale muy bien parada del experimento. Mucho mejor de lo que esperaba. Y seguramente estamos ante una de las mejores películas del año.
Gran parte del milagro se debe a un Ryan Gosling descomunal que se echa la película a la espalda interpretando a Ryland Grace, este profesor de secundaria que despierta sin memoria en una nave y que poco a poco reconstruye sus recuerdos mientras descubre que tiene una misión casi suicida entre manos: salvar la Tierra de un desastre planetario. Gosling se aleja del típico astronauta perfecto de mandíbula cuadrada; es vulnerable, mete la pata, siente un miedo real y utiliza el ingenio y la torpeza con un carisma que te atrapa durante las más de dos horas y media de metraje sin que te aburras un solo segundo. Sandra Hüller cumple con creces en un papel muy alejado de sus registros dramáticos habituales, pero la verdadera sorpresa de la función y el mayor temor de los lectores era Rocky. Trasladar a este alienígena a la pantalla era una trampa mortal y lo han clavado por completo. Es un logro técnico y emocional impresionante que genera un vínculo inolvidable con Grace, transformando la cinta en una especie de buddy movie interestelar llena de ternura.

Sin embargo, analizando el asunto con rigor cinematográfico, no se puede pasar por alto que la película sufre de manera evidente del mal de nuestro tiempo, pareciendo diseñada para el espectador de la era digital que ve cine en plataformas mientras consulta el móvil y necesita estímulos constantes. Como la historia cuenta con poquísimos personajes y apenas tiene acción tradicional, los directores deciden saturar el metraje con chistecillos y pequeños gags para mantener la atención. Aunque hay momentos cómicos brillantes, como el juego del baile de imitación cuando conocen a Rocky, esta acumulación constante de chascarrillos termina por diluir los momentos más intensos y dramáticos. Escenas que deberían ser devastadoras o profundamente conmovedoras, como los abrazos de despedida, pierden su impulso narrativo porque siempre hay un chiste metido justo antes o justo después para relajar el ambiente, un defecto que se acentúa con una banda sonora que por momentos se vuelve demasiado festiva y suaviza una tensión que pedía a gritos más carga dramática y confianza en el silencio.
Este exceso de humor está directamente relacionado con el empeño de la película en ser tan amable, blanca y apta para todos los públicos que termina por volverse un poco blanda y perder fuerza en sus consecuencias reales. La trama obliga a los personajes a tomar decisiones trascendentales y realizar sacrificios enormes, pero la narrativa parece tener pánico a incomodar al público y todo se cura o se resuelve con demasiada presteza sin dejar un impacto duradero, resumido rápidamente mientras suena una canción simpática. El espectador a menudo recuerda mejor las películas que le marcan por un final no convencional o por una madurez que aquí se esquiva para no perturbar la zona de confort de la audiencia.

A pesar de estas concesiones comerciales, de que simplifica el obsesivo proceso mental del libro y de que no te vuela la cabeza como las obras de Nolan o Villeneuve, Proyecto salvación es un viaje espacial que se disfruta de principio a fin, donde sus 156 minutos pasan volando y que demuestra que la ciencia ficción comercial todavía puede ser cálida, divertida y sincera. No está al nivel de Interstellar. Tampoco llega a las cotas de La llegada (The Arrival), ni tiene la precisión quirúrgica de The Martian. Está un pequeño peldaño por debajo de esas gigantes del género, pero aun así termina siendo una de las sorpresas más agradables del año.
