
Tras huir de Eternia y perder la Espada del Poder por el camino, Adam Glenn tendrá que vivir en la Tierra como un humano más. Sin embargo, obsesionado por su pérdida toda su vida gira alrededor de sus recuerdos de infancia y a la misión de hallar la espada, hasta el punto de que la gente lo observa como un loco y un trastornado. Pero todo cambia cuando, quince años más tarde, logra dar con la espada en una tienda de cómics y provoca que las dos facciones enfrentadas desde hace años en Eternia vayan tras él. Por un lado están los seguidores de Skeletor, por el otro la resistencia de la guardia real encabezada por Teela, una vieja amiga, a la que unirá fuerzas sin pensárselo. Aunque al principio se muestra como un activo más bien inútil para la resistencia, cuando muestre que es el guardián de Greyskull y de sus poderes y, por lo tanto, se convierta en un guerrero casi invencible, todo dará un giro. Pero no todo será llegar, ver y vencer, no, también tendrá que enfrentarse a Skeletor, que lleva buscando la espada tanto tiempo como él.
Esta peli es la que se debería haber estrenado en 1987, pero que no pudo ser por dos motivos: porque detrás de la producción estaba los «maravillosos» chicos de Cannon Films y porque los medios para crear el mundo de Masters del Universo no existían o, como en este caso, no estaban al alcance de todos. Puede que si Disney o Warner, junto con el equipo de ILM, se hubieran hecho cargo, ahora estaríamos hablando de ella como un clásico de la ciencia ficción y de la fantasía… pero no fue así.
Travis Knight se encarga de dirigir esta nueva adaptación de uno de los juguetes más populares de todos los tiempos —aprovecho la ocasión para recomendar la serie, pero en especial el capítulo dedicado a He-Man de The Toys That Made Us de Netflix, en el que se cuentan los locos entresijos de su gestación—, para placer y disfrute de toda una generación de hombres que, siendo sinceros, lo necesitaban. Aunque no estamos ante la última obra maestra del cine moderno, lo cierto es que esta peli cumple con creces las expectativas que hayamos puesto en ella.
Para empezar tiene una historia más coherente con el trasfondo del juguete, bebiendo un poco de la narrativa de este, de la popular serie de Filmation de los ochenta, de las nuevas series producidas por Netflix y Kevin Smith, quedándose con lo mejor de cada una de ellas y dándole un toquecito de autoparodia que ridiculizará los topicazos ochenteros. Solo se hace un merecido guiño a la cinta de 1987 un oportuno cameo de Dolph Lundgren, por lo que se corre un tupido velo del fiasco de Cannon.
Dicha trama se sustenta en un guion rápido y afilado, en el que las frases y las situaciones incómodas son el gancho cómico de la peli, con unos actores dispuestos a hacer literalmente el payaso, pero sin restarle la épica de una buena cinta de acción. Es cierto que le cuesta arrancar y la parte de ubicada en la Tierra se alarga un poco demasiado, pero es más por la expectativa del espectador que no porque carezca de ritmo.

En su aspecto visual, como no podía ser de otro modo, hay una gran dosis de efectos digitales, pero eso facilita que el público viaje a Eternia sin problemas de credibilidad, además de por el mero hecho de que los combates de los personajes claves y las trasformaciones físicas no serían posibles. A pesar de ello, no se han dejado atrás las prótesis y un cuidado vestuario, incluso combinándolos con el CGI, siendo el ejemplo más claro la conversión de Jared Leto en un increíble Skeletor, en el que lleva un traje real y el rostro es completamente digital, dando como resultado una versión magnífica del personaje. En este sentido, si bien a veces, por ejemplo, Marvel peca del abuso de CGI, en este caso parece plenamente justificado, y más cuando se sustenta sobre una buena base del efecto práctico.
Por otro lado, estamos ante una superproducción de Hollywood que busca hacer caja, por lo que se ha recurrido a un buen número de nombres propios para dar vida a los principales personajes de Masters del Universo. Ya hemos hablado de Jared Leto como Skeletor, impresionante, pero también tendremos a Idris Elba como Man-At-Arms —completamente en su salsa y que parece gozar con el papel—, Alison Brie como Evil-Lyn, Morena Baccarin como Hechicera, y tan solo se desaprovecha un poco a James Purefoy como un breve Rey Randor. A su lado hay una lista de actores que se sitúan en el polo opuesto de la popularidad, pero que cumplen con sus respectivos papeles —como los de Fisto, Ram-Man, Meka-Neck o Trap Jaw— demostrando que la combinación de grandes estrellas con actores solventes es una buena opción. En este sentido, los dos actores principales, Nicholas Galitzine y Camila Mendes, Adam/He-Man y Teela respectivamente, no se quedan en un segundo plano frente a Elba o Leto, sino que logran captar nuestra atención, sobre todo Galitzine que demuestra una habilidad para la viscómica parecida a la de Chris Hemsworth al principio de convertirse en Thor; una mezcla de tipo duro y graciosillo que logra arrancarnos más de una carcajada.

Lo cierto es que He-Man y los Masters del Universo no es mejor ni peor que otros muchos estrenos veraniegos. Como hemos dicho, tiene un guion y una historia simples pero que funcionan, una buena dosis de efectos prácticos y digitales que encajan a la perfección y un reparto a la altura de lo esperado, sin embargo adolece de una sola carga: el tiempo. Se quiera o no, es una peli que vive de la nostalgia y, en cierto modo, está claro que se ha hecho pensando en todos los cuarentones que llevan décadas esperando a que su juguete favorito aparezca en la gran pantalla y así ha sido. Pero si en los ochenta o, incluso, en los noventa, lo hubiese petado, lo cierto es que ahora queda un poco desubicada al ser estrenada cuando no debía, ya que solo parece enfocada a padres que lleven a sus hijos para introducirlos en el maravilloso mundo de He-Man. ¿La podrá disfrutar todo el mundo? Sí, porque no, pero habrá muchos guiños y conexiones que no se entenderán si uno no tiene un bagaje friki.
Como comentarios final, avisar de que hay, no una, ni dos, sino tres escenas postcréditos que dan a entender que puede haber una secuela y el inicio de una franquicia, pero lo cierto es que si todo se quedase aquí tampoco pasaría nada, ya que dichas secuencias solo dan al espectador lo que lleva esperando cuarenta años. Un check si no hay secuela, un win-win si la hay. Todo es cuestión de tomárselo con deportividad.
Así pues, aunque en la práctica es una película completamente superflua e innecesaria, lo cierto es que ha sido una grata sorpresa encontrarme con ella en las salas, llegando a ser, para mí, en una de las mejores del año. Su único y principal problema, llega cuarenta años tarde.
