A pesar de que Newt Scamander les hizo el trabajo sucio en Nueva York, ahora, el temido Grindelwald, consigue escaparse con la intención de reorganizar sus fuerzas y preparar un ataque para dominar el mundo, tanto mágico como no. Mientras esto sucede, las diferentes consejerías mágicas empiezan a mover ficha para capturarlo de nueva o, en su defecto, hacer lo propio con Credence, el obscurus que no murió y que ahora solo tiene en mente averiguar qué fue de su familia. En medio de todo este follón se encontrará Newt que hará lo posible para seguir las órdenes de Albus Dumbledore, que lo enviará a París para apaciguar los ánimos y conseguir que su viejo amigo se rinda. Todas las fichas se están situando en sus respectivos lugares del tablero para prepararse para una batalla que nadie sabe ni cómo ni cuándo tendrá lugar.

Dos años han pasado desde que el mundo mágico de J. K. Rowling regresara a la gran pantalla y se alejara de Harry Potter, Hogwarts y todos esos elementos que tanto nos enamoraron por allá principios del siglo XXI. Sin embargo, la sombra de Harry es larga, y más la del éxito que supuso en su momento, no solo para la escritora sino también para todos los implicados y eso, se quiera o no, ahora, se nota. Con esto no quiero decir que la peli sea mala y no sea más que una precuela —que lo es, como ya veremos—, sino que, hecho adrede o de forma inconscientemente, la historia regresa hacia algunos personajes que ya conocíamos. Aunque Animales fantásticos y dónde encontrarlos bebía del universo del formaba parte, se apuntaba una historia más original y fresca, alejada de la lucha entre el bien y el mal, como sucedía en la saga del niño mago. Y, a pesar de que se recurría a algún personaje ya conocido pero de forma muy vaga, todo era nuevo, todo estaba por descubrir, y parecía que las puertas al infinito se abrían ante nosotros… pero no.

Mientras que la primera peli protagonizada por Newt Scamander se alejaba de todo lo conocido y de la zona de confort tanto de los realizadores como de los espectadores, en este caso volvemos a lo mismo. Además de Grindelwald, se añadían otros nombres conocidos como Dumbledore, Lestrange o, para rizar más el rizo, Nagini… Sí, sí, la serpiente de Voldemort, que ahora resulta que no era una serpiente. En esta cinta los realizadores no se esconden y, abiertamente, nos están mostrando una historia de lo que sucedió antes de todo el follón de Harry, Ron, Hermione y compañía, aunque además nos añadan alguna que otra criaturilla mágica con la que deleitarnos.

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Y es ahí, precisamente, donde creo que hay la segunda grieta que hace que los cimientos de las aventuras de Newt Scamander se tambaleen, no demasiado, pero sí un poco. En la anterior película, todo estaba enfocado a presentarnos a un sinfín de animales increíbles que la liaban parda en Nueva York, y cuya trama se desarrollaba alrededor de otra que parecía menor. Sin embargo, ahora es al revés, los animales fantásticos que le dan título a la película han quedado en un segundo plano en favor de un trama de enfrentamientos mágicos, que se ha hecho completamente en la trama y parece que ya no se acuerde nadie de lo grande que fue adentrarse en la maleta de Newt. En este punto, como las historias de Scamander no se iban a terminar con una sola película, hubiera sido más lógico que la presente peli simplemente se hubiera dicho Los crímenes de Grindelwald, ya que aquí los animales fantásticos ni pinchan ni cortan… Aunque personalmente creo que lo poco que aparecen siguen siendo lo mejor de la cinta.

Como no podía ser de otro modo el escarbato gamberro —así como su prole— reaparece para hacer de las suyas mientras le echa un cable a Newt, al igual que Pickett, el bowtruckle que sirve para abrir cerraduras. También aparecen el kelpie, algo así como un caballo de mar gigantesco, el espectacular zouwu, un león de origen asiático que para mí es la gran incorporación, y algunos más que nos harán querer adoptarlos… sin embargo, en comparación con la segunda peli, esta parte aquí se echa de menos. Esa magia, esa fantasía desatada que servía para algo más que lanzar terribles hechizos ardientes, aquí vuelve al expeliarmus, el lumos y el inolvidable flipendo.

Pero, como he dicho antes, no me entendáis mal, esta peli está a la altura de la primera entrega en todos sus sentidos, pero las comparaciones siempre son malas, y más cuando Animales fantásticos caló tan hondo. Argumentalmente se profundiza más en la historia de Credence y de Grindelwald, mientras que se desvelan algunos secretos de la juventud tanto de Newt como de Leta Lestrange, además de sorprendernos con unos giros argumentales bastante bien buscados y que, sin duda, nos dejarán con la boca abierta. Pero, a pesar de ello, cuando sales de la sala te dices a ti mismo: me falta algo; y es que te falta, te falta un final. En este sentido, esta peli es comparable a Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto, que si bien era buena, no era del todo completa y necesitaba de la tercera entrega para funcionar del todo… esperemos que suceda lo mismo con la siguiente de Animales fantásticos.

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Y ya puestos que tenemos el ejemplo de Piratas del Caribe, aprovecharemos para decir que lo mejor de la cinta —escarbato y animales fantásticos al margen— es, sin duda, Johnny Depp que logra un malo malísimo digno de una película como esta, y lo hace sin caer en el defecto que últimamente lo perseguía, que todos sus personajes tiraban hacia Jack Sparrow. Vale que es extravagante, vale que tiene toda la pinta de ser un personaje a la medida para Depp, pero no es igual que Sparrow, Willy Wonka o el Sombrero Loco. Además de él, evidentemente los otros que se llevan la palma son el cuarteto protagonista, con un Eddie Redmayne perfecto, un Dan Fogler más medido, una Katherine Waterstone igual de estirada, y una Alison Sudol mucho más emotiva y esencial para la trama de lo que se podría esperar. A parte de ellos, el resto cumplen con su cometido en la historia y son meras comparsas de lo que sucede, incluidos Ezra Miller —lo siento pero me sigue dando rabia, y eso que se ha cambiado el peinado—, Claudia Kim como la Nagini humana, o Jude Law —que parece que tiene ganas de volver a ser Watson, ya que incluso el estilo del personaje está en la misma línea—, pero no por ello se tiene que despreciar su actuación, pero es que Johnny Depp es mucho Johnny Depp.

En resumidas cuentas, por mucho que siga intentando defenderla, esta peli, para mí, aunque buena y a la altura tanto técnica como artísticamente hablando, no consigue lo que hizo la primera: erizarnos la piel al descubrirnos un mundo mágico. Y eso sucede por que cae en el error de que la trama vuelva a lo mismo que había en Harry Potter, el bien contra el mal. A pesar de ello, Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald sigue siendo muy recomendable y uno de los mejores estrenos del año, pero aún queda por ver hacia dónde irá esta saga de pelis y lo que nos ofrecerán las tres películas pendientes de estreno… Todo está en el aire.