Debido a una serie de circunstancias, el detective conocido mundial Hercule Poirot —que recordemos que es belga, que no francés—, se ve obligado a emprender un viaje de regreso a Londres a bordo del Orient Express. Lo que no espera es que durante la travesía, en la que un grupo de desconocidos se ven obligados a convivir en un espacio tan cerrado como lo es un tren, se cometa un horrible crimen que solo sus células grises podrán resolver.

Desde que se anunció que Kenneth Branagh llevaría al cine el caso más conocido de Poirot, como ferviente seguidor del personaje —tanto en el cine como en las novelas— no pude más que desear encontrarme con una buena adaptación, a la vez que cruzaba los dedos para que la película no fuera un desastre. Tenía las cosas a mí favor. Se trataba de Kenneth Branagh, no era uno cualquiera. Además sabemos que cuando este hombre se involucra en un proyecto como director, guionista, productor y protagonista, no lo hace porque sí, sino porque cree en lo que está haciendo. Y, lo más importante, Branagh pretendía llevarla a cabo como se habían producido las ya consideradas clásicos Asesinato en el Orient Express (Sidney Lumet, 1974), Muerte en el Nilo (John Guillermin, 1978) y Muerte bajo el sol (Guy Hamilton, 1982), es decir, contando con un gran reparto que le diera personalidad a los personajes y, sobre todo, a sus actos.

Es en este sentido que debemos fijarnos en los actores que dan vida a la que es, tal vez, la historia más conocida de Agatha ChristiePenélope CruzWillem DafoeJudi DenchJohnny DeppJosh GadDerek JacobiLeslie Odom Jr.Tom BatemanMichelle Pfeiffer y Daisy Ridley, además del propio Branagh como Poirot. Podría entrar en cada uno de los personajes y explicar los detalles que lo diferencian de la versión de 1974 y de la novela original, sin embargo caería en el error de desvelar el final, hoy ya muy conocido pero que, para mi sorpresa, aún dejó atónito a más de uno en la sala. En este sentido diré que todos los actores están a la altura de la situación. Sin embargo, prefiero centrarme en un solo personaje que, al final, es el que importa, Hercule Poirot.

En 1974 Albert Finney recibió muchos elogios por su papel protagonista, sin embargo a mi pareció un Poirot pretensioso, cuando en realidad se trata de un personaje agradable, un tanto narcisista, pero en ningún momento un ególatra. Sin embargo, cuatro años más tarde, Peter Ustinov no fue muy recibido por la opinión pública. Físicamente no se parecía a Poirot, y, queriendo o no, tiznaba de una flema inglesa al mítico personaje belga. Ahora, treinta años más tarde, cuando David Suchet ha demostrado quién es el mejor Poirot —inevitable conseguirlo con trece temporadas de una serie casi inmortal—, un Kenneth Branagh, que guarda menos parecido con Poirot que Ustinov, llega a las pantallas. ¿Cómo es este Poirot? Nos preguntaremos. He leído numerosas críticas en las que se afirma que este no es el Poirot de Christie, que Poirot no tiene acción, que Poirot no ríe como lo hace Branagh. Pero, en mi humilde opinión, creo que Branagh ha dado en el clavo. En lugar de hacer una adaptación al uso —ya que recordemos que el Poirot de Christie solo se encuentra en las páginas de sus libros—, ha optado por hacer una versión modernizada y apta para el exigente público de principios del siglo XXI.

Es cierto, Poirot no corre, Poirot no golpea, incluso Poirot no ríe —como mucho sonríe—, pero del de Kenneth Branagh hace todo eso y, además, lo hace sin perder su esencia: esa escrupulosa fijación por los detalles, por las pequeñas cosas. Las críticas en este sentido son injustificadas, ya que al mismo tiempo se idolatra Sherlock, una serie que revisiona un clásico en la que se permiten las «licencias». Kenneth Branagh consigue renovar una historia de más de ochenta años y lo hace perfectamente. Da igual que su cabeza no tenga forma de huevo y que no tenga barriga, porque en esta película cuando se mira a sus ojos, se ve al gran Hercule Poirot.

Además de una interpretación brillante por parte de todo el reparto, la película se soporta por una puesta en escena digna de las grandes producciones de la actualidad. Branagh no lo reduce todo a desvelar un misterio, sino que lo hace con unos efectos de luz muy elaborados, una fotografía cuidadísima y unos enfoques de cámara que juegan a la perfección con la historia que se cuenta y el ritmo de la trama.

A mí parecer Asesinato en el Orient Express es perfecta en todos sus sentidos. No, no será una obra maestra del cine, sin embargo es puro entretenimiento de calidad, no son simples explosiones y muchas palomitas, es intriga, es tensión y, ante todo, es misterio de la vieja escuela.

Poco después de su estreno y de su buena respuesta en taquilla, ya se rumoreó con que se estaba preparando una nueva aventura localizada en el Nilo, esperemos que Kenneth Branagh se ponga al frente del proyecto y lo haga igual de bien, y si ya demostró que puede ser un gran Wallander, también demuestre que es un gran Poirot, que no es algo sencillo.