Para aquellos que no lo sepan —seguramente, la mayoría de los que no sean daneses que lean esta web—, Borgen es la manera por la que se conoce el palacio de Christiansborg, en el que hay la sede del Parlamento danés, la oficina del primer ministro y el Tribunal Supremo de Dinamarca, es decir, acoge los tres poderes del país, además de algunas estancias pertenecientes a la Casa Real. Para decirlo de algún modo, Borgen es un espacio polivalente de la política danesa.
Después de esta breve introducción ofrecida por Wikipedia y habiéndonos puesto en situación, es el momento de hablar de una de las series mejor consideradas —tanto por el público como por la crítica— en el género de la política, muy en la línea de El ala oeste de la Casa Blanca o House of Cards, llegando a superar a ambas a pesar de contar con muchos menos recursos, ya que se trata de una producción de la televisión pública danesa; por lo que podríamos decir que los responsables dieron en el blanco y acertaron de lleno en que mostrar y en como hacerlo.
A grandes rasgos y sin entrar en demasiado detalles —ya que Borgen tiene que ser vista—, es una serie que nos muestra el día a día de la vida política de Dinamarca, centrando la atención en el gabinete de la primera ministra. Precisamente es ella, Birgitte Nyborg, líder del partido moderado y la primera mujer en llegar a primera ministra, la que protagoniza la serie al llegar al poder en un giro de los acontecimientos y formar un gobierno de coalición con los habituales partidos pequeños y en la oposición. Aunque logra entrar por la puerta grande en la historia, los obstáculos para gobernar no tardarán en aparecer, a la vez que debe lidiar con una vida privada que se verá afectada por la pública.
La principal virtud de Borgen es que nos muestra la vida política sin caer en las típicas cloacas del sistema —tan habituales en House of Cards, por ejemplo—, a la vez que se aleja del sensacionalismo, y aunque el cuarto poder es muy presente, se tiende a criticar la mala praxis periodística. En este sentido, salvando el dramatismo inevitable de una serie —al fin y al cabo es ficción—, estaríamos frente a una representación bastante objetiva de como funciona la política, al menos la de Dinamarca. Además, por si esto fuera poco, las situaciones a las que se debe enfrentar Birgitte y su equipo se nos presentan de forma concisa, sin intentar alargar la trama como un chicle de capítulo a capítulo. Es cierto que algunos hilos argumentales —sobre todo los personales— van de uno a otro, pero los políticos y principales, empiezan y acaban, en su mayoría, en el mismo episodio, y se agradece.

Como os podéis suponer, con su 8’5 en IMDb, estamos frente a una serie con muchas virtudes y pocos defectos, siendo estos últimos las tramas vinculadas a la faceta familiar, sobre todo, de Birgitte. Son historias subyacentes, bastante secundarias y en las que no se profundiza demasiado —como hemos dicho, el peso argumental recae en lo político—; como la relación con su marido, el problema de ansiedad de la hija, el cáncer, que si bien consiguen transmitir esa idea de que que la vida familiar y laboral se entrelazan, a la hora de la verdad son innecesarias. Además, en algunos casos, no se llegan a concluir, como si hubiesen perdido interés incluso para los propio guionistas.
Por otro lado, se debe tener en cuenta que, de algún modo, Borgen son dos series en una. Las dos primeras temporadas se centran en el gobierno de Birgitte Nyborg —con la brillante Sidse Babett Knudsen—, asesorada por Kasper Juul —un impecable Pilou Asbaek—, mientras que la periodista Katrine Fønsmark —con el rostro de Birgitte Hjort Sørensen— lucha para mostrar la verdad al público, así como sus respectivas relaciones profesionales y personales, con una conclusión redonda en el vigésimo capítulo de la serie. Sin embargo, existe una tercera temporada situada dos años y medio después, en la que Birgitte —ahora ayudada por Katrine mientras Kasper se ha pasado al periodismo— funda un nuevo partido e irrumpe en el parlamento. Innegablemente, esta temporada es igual de interesante en lo político que las precedentes, pero hubiese sido de esperar que en esta se solucionaran ciertos temas personales que quedaron en el aire, pero no es así; y, a la vez, se establecen subtramas personales de personajes secundarios que no logran captar nuestro interés.

A la hora de la verdad, estos defectos no son más que pequeños detalles a los que prestaremos poca atención, ya que nuestro interés real se centrará en la faceta política de la serie que es la que está bien elaborada y por la que vale la pena ver Borgen. Una serie imprescindible.