dos-buenos-tiposEl que fuera responsable del guión de la primera entrega de Arma Letal y uno de los que perfiló a sus personajes, Shane Black, regresa al cine policíaco y de acción, con Dos buenos tipos —curiosa traducción de The Nice Guys—, en el que juega de nuevo con la extraña relación entre sus protagonistas. Esta película es algo así como una revisión de, hasta ahora, su mejor película, Kiss Kiss Bang Bang (2005), en la que dos hombres muy diferentes entre sí, se enfrentan a un misterio que los llevará a las más absurdas discusiones mientras intentan desvelar que ha sucedido.

Nos encontramos en Los Ángeles de los setenta, en el que conoceremos a dos hombres que, aunque pueden parecer muy parecidos, no podrían ser más diferentes. En un lado de la balanza está Jackson Healy, un hombre que se dedica a convencer por cualquier medio —y cuando digo cualquiera, es cualquiera— a guaperas treintañeros para que dejen de estar con jovencitas de instituto, no es detective, no es policía, simplemente, es un buen tipo. Al otro está Holland March, un detective privado de buenas intenciones pero pocas luces, procedente del cuerpo de policía, dispuesto a hacer cualquier cosa para sacarse unos dólares de más, como mentir —o no decir la verdad— a una pobre ancianita, pero todo para poder cuidar de su hija, simplemente, es un buen tipo. Cada uno va por su camino, hasta que se cruzan. Holland está siguiendo a Amelia durante una investigación en curso, mientras que Amelia encarga a Jackson para que se deshaga de quién la sigue, que no es otro que Holland. Aunque al principio la relación empieza con violencia, ambos descubren que Amelia esta en el centro de un torbellino de intrigas, sexo y dinero, en la que también se hallan la recientemente muerta estrella del porno, Misty Mountains, dos matones que quieren acabar con Amelia, y Judith Kutner, un alto cargo del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Para fortuna de ambos, contarán con la inestimable ayuda de Holly, la hija de Holland.

El patrón argumental es, claramente, igual que el de la mayoría de películas de acción en la que hay un dúo protagonista, con cierta vis cómica y muy duro, sea Arma Letal, Hora Punta o Dos policías rebeldes. Sin embargo, el hecho de que esta película se estrene en mitad de la guerra de franquicias de superhéroes, es todo un punto a favor, ya que sus responsables han querido meterse de lleno en un género que, queramos o no, lleva unos cuantos años olvidado. Pero, lo mejor de todo, es que consiguen salirse con la suya y con nota.

Puede que comparándola con Kiss Kiss Bang Bang —algo inevitable—, con la que guarda bastante similitud, no resulte tan buena. Pero, de forma independiente —cosa que es—, teniendo en cuenta que han pasado más de diez años desde su estreno y que en esta ocasión, además de narrar una historia de acción, también se ha buscado la intención de recrear una época tan llamativa como los años setenta estadounidenses, el resultado es mucho más que aceptable, aprueba y con nota.

En primer lugar tenemos una historia brillante, clásica y a la vez original, en la que se entremezclan elementos presentes en la cultura y en el día a día del mundo criminal de Estados Unidos, como las drogas, los detectives privados, la pornografía, los coches y un largo etcétera. En este sentido, Dos buenos tipos se enmarca en lo que se conoce como el neo-noir, en el que si bien se relata una historia muy propia de las películas de detectives de los años treinta y cuarenta, la ambientación y ciertos clichés ausentes en este tipo de películas —sobre todo en cuanto a cuestiones de sexo y drogas—, la hacen diferente y mucho más llamativa.

En segundo lugar, la ambientación es genial, perfecta si se me permite, incluso se ha escogido el logo de la «Big W» de la Warner Bros. diseñado por Saul Brass, que se utilizó entre 1972 y 1984. En lo primero que se nota es en el vestuario y los coches, pero a medida que se avanza en la cinta, vamos descubriendo detalles que harán las delicias de los más puristas, como la banda sonora, escogida con minuciosidad, o las panorámicas de Los Ángeles, tratadas para que sean iguales que las de los años setenta.

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Finalmente, pero no por ello menos importante, más bien al contrario, están los protagonistas, Russell Crowe y Ryan Gosling. Igual que hicieran Val Kilmer y Robert Downey Jr., en esta ocasión tenemos a un detective privado que es un nefasto investigador, un papel en el que Ryan Gosling nos descubre un talento para las escenas de humor visual, al más puro estilo de Peter Sellers; mientras que Russell Crowe —un poco entrado en quilos—, aprovecha su impertérrita expresión para hacer de tipo duro, pero que muy, muy duro. La verdad es que la elección de estos dos actores, a priori, parece arriesgada, pero el resultado final justifica que Shane Black no recurriera a actores más acostumbrados a un género tan exigente como este. En este sentido, ambos, si bien habían participado en películas de acción, pocas —por no decir ninguna— habían formado parte del elenco de una película de este estilo, un punto medio entre la acción y la comedia.

En definitiva, Dos buenos tipos es un ejemplo más de que el cine puede darnos algo más que superhéroes, y puede recuperar géneros tan apreciados por el público como la acción-comedia, abandonado desde principios del 2000. Puede que no gane ningún Oscar, ni bata records de taquilla, sin embargo, con total probabilidad, será una de las películas de 2016 que mejor envejecerán con el paso del tiempo. Un peliculón de verano dónde los haya.