A pesar de que este artículo se publique ahora, lo cierto es que cuando escribo estas palabras hace apenas unos días que se ha anunciado por todo lo alto que Amazon se ha quedado con los derechos de James Bond y Barbara Brocoli y Michael G. Wilson se han apartado, después de meses de duras negociaciones. Cuando lo leí, aunque fuera metafóricamente, sentí como una lágrima caía por mi mejilla ya que eso solo podía significar una cosa: James Bond había muerto.
Sí, lo sé, eso no es cierto del todo, ya que los anuncios de nuevos actores, pelis y series están al caer, lo que significa que dentro de poco tendremos 007 y MI6 hasta en la sopa. Pero me pregunto: ¿eso es realmente bueno?

Tras la emoción inicial, una sensación de déjà-vu recorrió mi cuerpo, era como si eso ya hubiese ocurrido antes, pero ¿cuando? Lo cierto es que he tardado unos días hasta darme cuenta, pero ha sido al editar el nuevo libro de Star Wars para la web. Fue cuando vi el Episodio IX. ¿Solo entonces? No, porque en ese instante me vino a la mente cuando sentí esa sensación con anterioridad y fue a repasar la reseña de Vengadores: Endgame, y me di cuenta de que en esa ocasión también sentí algo que trascendía más allá del mero hecho de haber visto una peli. Por lo que, inevitablemente, mi calenturienta mente empezó a atar cabos y ver muchas similitudes en los tres casos.
En el 2019, después de ver Endgame, escribí esto: «Podría extenderme con más detalles de la trama, dar más opiniones sobre cómo han resuelto los flecos de Infinity War, hablar de lo que nos puede deparar el futuro del UCM, sin embargo, y esto ya es una opción personal, creo que debo terminar aquí. No solo esta reseña, sino también mis reflexiones sobre las pelis de Marvel y el afán por ver la siguiente; puede que recupere la Fase 1 para la web o haga algún artículo cuando vuelva a verlas todas, pero dudo que me apetezca hablar de Spider-Man: Lejos de casa y las siguientes. Seguro que no soy el único, pero siento que, después de once años y veintidós películas —sin contar el bagaje previo de pelis de Marvel independientes—, algo me dice que debo retirarme; claro que veré las siguientes entregas, no soy tan mártir… ni soy tan fuerte como un héroe como para resistirme, pero lo haré desde la barrera, sin verme en la obligación de seguir estableciendo conexiones mentales, comprender las referencias y hablar de ellas después; lo haré solo por el placer de ir al cine. Y justo este preciso instante es el mejor momento para hacerlo, ya que lo hago con un magnífico sabor de boca, sabiendo que el cine me ha ofrecido algo inigualable y, por mucho que quieran mejorarlo —Marvel o sus competidores—, nada estará a la altura de ello. Por lo que lo mejor es respirar hondo, sonreír recordando los grandes momentos de esta franquicia y decir: Gracias y hasta siempre, Marvel». Y lo cierto es que lo he cumplido, al principio seguí con las series de Disney+ y alguna peli, pero ninguna me atrapó como las anteriores, incluso algunos he tardado en verlas y me arrepiento de haberlo hecho —véase los casos de Black Panther: Wakanda Forever y The Marvels—, hasta el punto de ver reafirmada mi opinión al no querer seguir con Marvel, un universo que murió con Tony Stark y Iron Man —a ver que sucede con Doomsday y Secret Wars— Fue un final demasiado bueno como para emprender de nuevo el camino.

Aunque me he resistido y me he agarrado con furia a lo único salvable que es The Mandalorian, lo cierto es que lo coletazos de muerte de Star Wars empezaron antes que los de Marvel. Ya sentí algo con el estreno de Episodio VII, al alargar una saga que no hacía falta alargar, y me negué a ver la evidencia en los episodios VIII y IX, e, incluso, en Han Solo. Pero en cuanto me adentré en las series me di cuenta de que salvo The Mandalorian, el resto eran productos sin alma, sin calidad o sin tener que ver con Star Wars. Mi pasión por la Guerra de las Galaxias me impedía verlo, por eso seguí y seguí, y hasta que no hice un revisionado de toda la Saga Skywalker, no me di cuenta de que, después de la muerte de Kylo Ren, todo lo demás no valía, literalmente, una mierda. The Acolyte, Andor, The Skeleton Crew y todo esto no han sido más que decepciones provocadas por las altas expectativas, que me llevan a ver que debo… no, tengo la obligación de apartarme, porque si bien las series de animación como Clone Wars y Rebels sí que son Star Wars, todo lo demás, no. Miedo me da ver cualquiera de los títulos que están previstos.
A estos dos precedentes debo añadir el de Indiana Jones, una saga que se quemó en manos de Spielberg en 2008 y no ha alzado la cabeza con Disney en 2023, dos pelis muy criticadas pero que a mí me dejaron un buen sabor de boca —aunque admito que no se debería haber tocado la trilogía original—, y por lo tanto, tengo que reconocer aquí su final por lo que a mí respecta, antes de volver a quemarme los dedos como me ha pasado con esa galaxia tan, tan lejana.
Así pues, viendo estos precedentes: el que no me equivocaba al mantenerme al margen, el que no quise admitir que se había acabado y el que nunca arrancó del todo; ahora me encuentro frente a la noticia de la compra de James Bond por parte de Amazon. La franquicia más longeva del cine ahora está en manos de una empresa con una plataforma de streaming que piensa en productos y resultados y no en calidad, como Disney, lo que me lleva a pensar que si los Brocoli consiguieron lo impensable al levantar la saga del espía con un Daniel Craig irrepetible, como hizo Lucas con su Galaxia, ahora que no poseen el control, lo único que me espera son infinidad de horas de pelis y series sin demasiado sentido en el que una retahíla de agentes 00 se disponen a salvar el mundo en innumerables ocasiones hasta llegar a un punto en que se pierda la verosimilitud… ¿Les doy un voto de confianza o me quedo al margen? Sinceramente, creo que haré lo segundo, no quiero sufrir intentando entender las tramas al no haber visto todas las pelis, como ya me sucede en Marvel, ni intentando ver con buenos ojos como se cargan algo tan importante como es para mí James Bond y, por relación, el cine.

Frente a mi teclado me doy cuenta de que con estas palabras, como lo hiciera parcialmente en 2019 con Endgame, estoy cortando de raíz la posibilidad de hablar de muchas cosas que están por venir, lo sé, pero prefiero intentar disfrutar de unas buenas pelis o series antiguas, que de seguir reseñando una actualidad cinematográfica que ya no me conquista como antes. Si para mí en 2019 murieron Marvel y Star Wars e Indiana Jones en 2023, ahora me doy cuenta que James Bond lo hizo en 2021, a la vez que me percato que grandes sagas y franquicias del cine contemporáneo como Fast & Furious que lo harán en apenas unos años, o Misión Imposible que hace poco lo ha hecho; del mismo modo podría hablar de los Simpson o Futurama, pilares de la televisión para mí, que pasaron a mejor vida ya hará unos años, para ser meras sombras de lo que fueron en un día. Y lo curioso de todo el asunto es que en el horizonte no veo a nada con calidad suficiente como para ocupar su lugar… ¿me estaré haciendo viejo y a partir de ahora viviré en la nostalgia? No lo sé, pero está claro que si lo hago, probablemente seré más feliz.
Llegados a este punto, inevitablemente recuerdo las palabras de Ben Affleck que ya reproduje en un artículo que hablaba sobre el final del cine tal y como había sido hasta ahora, y que terminaba preguntándome: ¿ha muerto el cine? En 2022 dije que todavía no, pero que poco le faltaba si seguía por este camino… y se ha seguido por ese camino. Por lo que si ahora me preguntáis si ha muerto el cine diré que sí, ya que si no hay referentes tan importantes en cuanto a calidad como Star Wars o James Bond, solo nos quedan productos con los que matar las horas en las que no tenemos nada mejor que hacer.
Y, ahora que releo ese artículo, me doy cuenta de que debería haberme centrado en lo que me dije en el último párrafo: «Por mi parte, entre las nuevas obligaciones familiares y estas revelaciones que me han abofeteado con crueldad la cara, ya hace un tiempo que he dejado de lado la actualidad más candente del séptimo arte y me he detenido un momento ante mi vieja estantería de Blu-ray, DVD y VHS para volver a disfrutar de títulos que he dejado apartados —por culpa de las expectativas puestas en los supuestos nuevos grandes estrenos—, preparándome para el momento en el que deba escoger un título, prepararlo todo en el salón de mi casa y decirle a mi hija: vayamos a ver una buena peli». Así que, si me lo permitís, os dejo aquí que tengo a mis chicas esperándome para ver «una buena peli», que tal vez sea Cars o Blancanieves y los siete enanitos, pero seguro que con el tiempo será Star Wars, Blade Runner o El bueno, el feo y el malo.
