el-halcon-maltes-novelaSam Spade y Miles Archer son dos detectives privados que trabajan en la ciudad de San Francisco, un día como cualquier otro aparece una joven que desea contratarlos para que la salven de un apuro con un hombre, Floyd Thursby. El dinero y la belleza de la mujer encandilan a Archer, que en seguida acepta el caso y sale tras la pista del sospechoso, con la mala suerte que esa misma noche es asesinado. Todo apunto a Thursby, sin embargo, este también ha sido asesinado, haciendo que la policía, vieja conocida de Spade, no dude en seguirle la pista a él como principal sospechoso. Mientras se saca de encima a la bofia, Spade descubrirá que tras el encantador y desamparado rostro de su cliente más reciente, se encuentra Brigid O’Shaughnessy, una embaucadora cuya vida no corría peligro, o no, al menos, por el motivo que ella les había dado; además se cruzará en su camino Joel Cairo, un turco que persigue algo que cree que Spade esconde, al igual que el enigmático G., que ha puesto vigilancia al detective. Con todos estos personajes sobre el tablero, Sam Spade, un simple y «honrado» detective privado, se verá envuelto en una trepidante intriga que gira en torno a un misterioso y deseado objeto, la figura de un halcón.

Con El halcón maltés, Dashiell Hammett demuestra su talento innato para describir las escenas con todo lujo de detalles, al principio puede parecer cargante que se describa hasta lo más mínimo, como la posición de un brazo o las formas que adopta la barbilla de Spade. Sin embargo, a medida que se avanza en la lectura se va reconociendo que estas largas descripciones y el ritmo bien marcado de la acción son imprescindibles para que El halcón maltés sea lo que es hoy en día, una de las mejores novelas de todos los tiempos, y no solo en su género, sino de la literatura en general.

Una de las principales características de esta novela, así como de su protagonista, es su dureza y su crudeza al presentarnos los hechos. Pionera del hardboiled —un género protagonizado por detectives privados sin pelos en la lengua y nervios de acero—, destaca como tal por no esconder ningún elemento de violencia o de «cruda realidad» que pueda contener. Desde un puñetazo a un disparo a bocajarro, se describen para que el lector quede inmerso en la trepidante acción. En este mismo sentido, Sam Spade, el protagonista —cuya cara, a pesar de las descripciones, no podemos evitar confundirla con la de Humphrey Bogart, que interpreto el papel del detective en la adaptación de 1941 dirigida por John Huston— es lo que hoy identificaríamos como un «tipo duro», alguien que no tiene miedo de nada ni de nadie —y si lo tiene no lo demuestra—, cuyo concepto del honor y la justicia es tan particular que, a pesar de dedicarse a atrapar a los malos, la policía esté deseosa de meterlo entre rejas. Además de fumador y bebedor empedernido, Spade es un mujeriego, ya que, aunque su trato con las mujeres muchas veces puede parecer dulce y pasional, en la mayoría de las ocasiones brusco y violento, olvidando el trato propio de la época. El Spade de Hammett, reuniendo todas estas características, sentó un precedente de cómo debían ser los detectives privados, influenciando a decenas de autores posteriores.

Dejando de lado a Sam Spade, cuya caracterización es esencial para el éxito que tuvo esta novela, El halcón maltés tiene otros elementos que la hacen notable, así, por ejemplo, uno de los que más destaca —muy relacionado con la actitud general de la novela ya comentada— es la aparición de ciertos temas tachados de tabú en los años veinte y treinta, como la homosexualidad o la corrupción.

Sin embargo, lo que realmente engancha al lector a pasar una página tras otra es la trama magníficamente trabada y los diferentes personajes que se pasean por ella. El misterio que hay en torno a la figura del halcón maltés se va presentando a los lectores a medida que lo va descubriendo el propio Spade, haciendo que cada conversación y descripción aporten luz a lo que hay más allá del deseo de hacerse con este peculiar objeto. Además, la brillante descripción de Hammett nos hace vivir con intensidad cada uno de los momentos que presenciamos, consiguiendo hacernos sentir en nuestra piel lo mismo que siente Spade. Y no es para menos, ya que, en 1929, esta novela fue publicada por capítulos en la revista literaria Black Mask, por lo que era vital que mantuviera en vilo al lector entre entrega y entrega.

Por otro lado, los personajes, como ya hemos dicho, son una parte clave de esta novela, se podría decir que Hammett, al escribir El halcón maltés, escribió el manual de la perfecto historia de detectives. A parte de Spade, tenemos a la joven, bella y peligrosa chica en el personaje de Brigid O’Shaughnessy; al hombre obsesinado con la riqueza en Joel Cairo; al sicario de gatillo fácil y bravucón en Wilmer Cook; a los policías duros de pelar en Polhaus y Dundy; o al clásico hombre de negocios corrompido por sus excentricidades en Casper Gutman. Todos estos personajes son tan cautivadores que se llega a un punto en el que saber dónde se encuentra el halcón maltés ya no importa, y solo interesa el provenir de cada uno de ellos.

En resumidas cuentas, El halcón maltés, además de ser una novela que engancha —y mucho—, lo que realmente es uno de los pilares sobre los que se ha construido el género negro que hoy en día conocemos.