Después de lo sucedido en la primera parte… ¡Ah, no! Espera, que esto es un reboot, pero en los títulos de crédito iniciales se explica lo mismo que en la peli de Ang Lee; entonces, dejadme que vuelva a empezar… Después de lo sucedido en todos los orígenes de las historias de Hulk, en el que un accidente con los rayos gamma lo convierten en un ser enorme, verde y con mucha mala leche, Bruce Banner sigue huyendo por el mundo en busca de una cura que le permita no perder el control… sin poder dejar de pensar en regresar junto a su amada Betty Ross. Ahora se halla en Brasil, trabajando en una planta embotelladora de refrescos mientras habla por internet con alguien dispuesto a ayudarle a contrarrestar el efecto de la energía gamma. Tras varios e infructuosos intentos, Banner decide regresar a Estados Unidos, concretamente a Nueva York, para reunirse con ese desconocido que puede ayudarle. Lo que no sabe, es que el general Ross no ha dejado de perseguirle y ahora cuenta con la ayuda de Emil Blonsky, al que le ha sido inyectado un suero que le da más fuerza y resistencia, convirtiéndolo en un adicto… cuyo único objetivo es conseguir igualarse con Hulk.

Una de las virtudes —de las pocas— de la cinta es que se puede tomar tanto como una secuela de la de Ang Lee como un reboot realizado para introducir el personaje en el joven UCM. Eso es debido a que, por un lado, no se explica por enésima vez como Bruce Banner se convirtió en Hulk —por lo que no repite nada de la de 2003—, y, por el otro, que Robert Downey Jr. se marca un Samuel L. Jackson al final de cinta al reclamar a Hulk para algo mayor. Sin embargo, a pesar del cameo, y del supuesto reinicio, la verdad es que esta película es completamente prescindible dentro del UCM, porque en 2012 se nos presentó otro Bruce Banner que, perfectamente, puede tener otro trasfondo, ya que incluso, más adelante, tendrá una relación la Viuda Negra. Dicho esto, el único nexo entre esta película y las posteriores es la presencia William Hurt en el papel del general Ross, villano en esta y político que quiere controlar a los superhéroes en Civil War, Infinity War y Endgame.

Dejando de lado las conexiones con el UCM —que podrían dar para un libro, ya que a veces las piezas no encajan tan a la perfección como se supone—, esta película no es solo prescindible por su débil pertenencia al universo compartido, sino también por su discutible calidad derivada de ciertos problemas «creativos» que surgieron durante su producción. Por un lado se quería hacer algo que pareciera una secuela de la Ang Lee, pero que también pudiera funcionar como un reboot sin el rollo de los orígenes; para empeorar la situación, Louis Leterrier, responsable de la dirección, alentado por los productores, se obcecó en dar su visión, aunque después, como era de esperar, los productores decidieron hacer otra cosas; y, para rematar el asunto, estaba la presencia de Edward Norton, dejando de lado su talento interpretativo es conocido por ser un tipo difícil durante los rodajes, pero es que aquí se le contrató para pulir el guion… ¿Qué coño significa pulir el guion? Probablemente, se lo contrató como una gran estrella y exigió estupideces —como ocurre a menudo— y se apoderó del proyecto mientras Leterrier le daba coba… Pero si incluso se pusieron en contra de la contratación de Tim Roth como Blonsky, cuando al final resulta que es lo mejor de la cinta. Todo ello terminó por dar un extraño engendro en el que Norton chupa cámara a más no poder, en el que se intenta profundizar en los sentimientos de Banner y Hulk, pero se queda a medio camino, y un Roth espectacular —como siempre— se come a la ausencia mientras se va convirtiendo lentamente en Abominación… que lástima que no lo hayan recuperado como villano. El caso es que, tras un par de horas de peli, descubrimos que estamos ante una peli de superhéroes más, con muchas pretensiones, pero que sirve para que Hulk lo destruya todo a su paso. Con esto no quiero decir que sea mala, sin embargo, se nota el pastiche que supone en general, se deja ver, pero sin duda es la más tediosa de todas las del UCM.

No se sabe a ciencia cierta —en Disney seguro que ahora lo saben, pero no el público en general—, pero se dice que Norton llegó a querer regresar en Los Vengadores, pero los estudios se decantaron por Mark Ruffalo —que la ha clavado y se ha hecho el papel suyo por méritos propios—; no es seguro, pero por la experiencia podríamos decir que el tío se marcó un Terrence Howard queriendo ir de gran estrella en un proyecto muy coral —algo que seguro que ahora se arrepiente—, y esto, unido a los problemas que Norton daba en el set, hizo que Marvel dijera que ajo y agua, y buscara un actor que, como se ha demostrado después, es un cachondo.