Tras el incuestionable éxito de público y crítica era de esperar que hubiese deseos de hacer una secuela que siguiera cosechando… pues no, en realidad no fueron demasiados los interesados en seguir adelante, empezando por el propio director Doug Liman; solo un Matt Damon en su mejor momento afirmó que, en el caso de que alguien quisiera hacerla, él estaría allí, pero no había nada serio. Por suerte, alguien pensó que el final de la primera entrega era demasiado feliz para una cinta de acción, por lo que en seguida se organizó un equipo para sacar del retiro al implacable Jason Bourne.

A pesar de haber cumplido su palabra de desaparecer de la faz de la Tierra si lo dejaban en paz, parece que ciertos elementos encubiertos pretenden cargarle el muerto de una operación de la CIA en Berlín que ha salido bastante mal, en la que, además de haber perdido la vida varios agentes, han desaparecido varios millones de dólares. Ajenos a las operaciones de la agencia, Jason y Marie siguen su vida escondidos en la remota Goa, India, pero todo dará un giro cuando un asesino los persiga y acabe matando a la chica… cometiendo el error de dejar con vida a Jason Bourne. Será por este motivo que abandonará su retiro para regresar a Europa, dónde seguirá el rastro de quien ha acabado con su amada y porque lo ha hecho. De este modo, sin comerlo ni beberlo, se convertirá en la cabeza de turco perfecta para que la CIA crea que ha regresado para vengarse y ellos solo piensen en neutralizarlo.

A priori, una huella dactilar mal situada sirve como excusa para meter de nuevo al personaje de Jason Bourne en el tablero de juego; sin embargo, el juego de malabares argumental que se establece a partir de esta simple premisa consigue que nos creamos su retorno y todo lo que sucede después. No hay lugar a dudas de que el final de El caso Bourne era el perfecto para que una peli como esa funcionara por sí sola, un final feliz estilo Hollywood y una salida redentora para el protagonista. Aquí se va un poco más allá y la operación Treadstone y la consecuente Blackbriar salpican a grandes jefes de la CIA, por lo que aún es más importante acabar con todos los implicados y, sobre todo, con Bourne, que no deja de ser como una cerilla a punto de prender la mecha que destape muchos —no diremos todos— de los trapos sucios de la CIA.

Como sucedía con su predecesora, esta película se sustenta sobre un doble pilar: la acción y una trama perfecta. Mientras el primero hace las delicias de los espectadores del cine palomitero, el segundo da un paso más y aporta una profundidad y una intriga digna del mejor cine de espías. Además, si en la primera parte teníamos a Bourne completamente desorientado, aquí descubrimos a uno que, aún con lagunas mentales, sabe que era un agente secreto y es consciente de todo lo que puede llegar a hacer, lo que utilizará para llevar a cabo su peculiar venganza. Sin ir demasiado lejos, una de las escenas más memorables es en la que se defiende de un cuchillo con una revista enrollada, profiriéndole una extraordinaria somanta de palos a su agresor. Memorable.

Por otro lado, como ya he comentado, aquí se sigue enroscando el hilo de quién era Jason Bourne, ya que mientras él sigue dando tumbos entre recuerdos nublados que lo trasladan a sus primeras misiones, son otros los que empiezan a darle pequeños retazos o detalles para que pueda seguir averiguando quién es; muy en la línea de los cómics de la serie XIII.

Todos estos elementos —algunos muy dispares entre ellos— se unen en una puesta en escena brillante —en la que se va de momentos repletos de acción a otros de calma tensa con gran maestría sin que nos demos cuenta— de la mano de Paul Greengrass que se gana el título de director Bourne al hacerse cargo de tres de las cuatro entregas protagonizadas por Matt Damon, que, por su parte, siguió demostrando su talento para estos papeles que van un poco más allá de la acción más dura y directa, con cierto trasfondo dramático. De la misma manera, el reparto que rodea está a la altura, sobre todo un jovencísimo Karl Urban que es el principal antagonista de Bourne dando lugar a algunas de las escenas de acción más trepidantes de la franquicia.

En resumidas cuentas, aquello de que segundas partes nunca fueron buenas, en este caso no es cierto, ya que estamos ante una peli a la altura de la franquicia que mantuvo el nivel y supo servir de eslabón entre una perfecta primera parte y el gran desenlace que es El ultimátum de Bourne.