A pesar de que pareció resarcirse con Pamela Landy al entregarle las pruebas que ponían en evidencia a los responsables del programa Treadstone y, por lo tanto, le permitiría limpiar las cloacas de la CIA, con lo que no contaba Jason Bourne era que alguien vinculado a dicha operación y a Blackbriar decidiera, unilateralmente, contárselo todo a la prensa. Aunque pudiese resultar anecdótico, este hecho provoca que los ojos de la agencia de espionaje más poderosa del mundo vuelvan a ponerse sobre Bourne como posible fuente del periodista, y más cuando el antiguo agente quiera reunirse con él para conocer la auténtica fuente. Mientras la CIA pone todos sus esfuerzos en detenerlo, Jason Bourne hará lo propio para dar con alguien que le pueda dar algo de información de su pasado para saber por qué hacía lo que hacía, ahora que se siente culpable por su pasado como implacable asesino.

A medida que la trama de la trilogía avanza vemos que lo importante no es solo el pasado de Bourne, sino lo que este significa, ya que no deja ser un ejemplo de cómo la CIA va tapando la mierda y los errores con parches de más mierda y más errores. En concreto, veremos como para resolver los problemas de Treadstone se decide crear Blackbriar que sirve como «servicio de limpieza», algo que va muy bien para la agencia hasta que algunos de sus agentes, como Pamela Landy, lo desaprueban. En este sentido, a cada entrega, los involucrados son cada vez de mayor graduación, llegando a poner contra las cuerdas hasta lo más alto de la CIA, por lo que estos estarán dispuestos a hacer cualquier cosa para taparlo.

Como hemos ido viendo, la principal virtud de la trilogía y, por lo tanto, de esta peli también, es la perfecta combinación entre la acción más trepidante y una trama compleja, llena de recovecos y giros que muchas veces no esperamos. Paul Greengrass se confirma como un realizador muy competente —algo que también explica porque la cuarta entrega de Jason Bourne protagonizada por Matt Damon, solo podía estar a su cargo— en cuanto a mezclar estas dos vertientes con mucho talento. Ya que una vez más, se pasa de la acción a la pausa con mucha facilidad sin que el ritmo se vea sincopado, a pesar del reto que supone introducir cierta calma entre escenas como la lucha con libro —Bourne sigue haciendo gala de sus habilidades de combate con elementos cotidianos—, o la persecución por las estrechas calles de Tánger.

La verdad es que a estas alturas de la película —y nunca mejor dicho—, poco más hay que contar sobre la trilogía Bourne que no se haya dicho ya, porque siempre estaremos hablando del excelente montaje, de una fotografía brillante y de una interpretación con mucho talento personificada en Matt Damon, un actor que no tiene miedo de ponerse todo el peso de la historia sobre sus espaldas, mientras que actores de la talla de Albert Finney, Joan Allen o David Strathairn le sirven de contrafuertes.

Sin embargo, lo más importante es que, por fin, después de muchas vueltas, sacrificios y viajes, la historia de Jason Bourne tendrá una conclusión, un final perfecto para un argumento perfecto, como no podía ser de otro modo. Y es que a pesar de las dudas que parece haber mantenido el pobre David Webb —sí, que así se llama en realidad— sobre quien es, estas por fin se verán resueltas de una forma muy satisfactoria y acorde con el tipo de historia que se está contando, en la que estrictamente hablando no hay ni buenos ni malos —a excepción de Nicky Parsons, ella siempre será buena—, sino que se trata de un reparto de tonalidades grises en las que la lealtad, el honor y el deber se pondrán sobre el tablero de juego por el bien de la seguridad nacional… aunque puede que también por el interés personal.

Después de tres películas que cumplen las expectativas de cualquiera que disfrute del género y de aquellos que se quedaron cautivados por la trama y los personajes —sobre todo el de Jason Bourne—, se puede decir que el Ultimátum es el broche de oro perfecto para una trilogía que no tiene desperdicio. No hacía falta hacer un spin-off y ni mucho menos una secuela-retorno, porque estas funcionan por si solas y son un pasatiempo perfecto para los amantes del cine de acción. Solo una recomendación final: merece la pena ver la trilogía Bourne del tirón, aunque la adrenalina que desprende nos haga subirnos por las paredes al terminar.