Las mismas personas que nos enseñaron a reírnos de temas de los que, habitualmente, la gente no hace bromas con la película Intocable sobre la vida de un tetrapléjico y su inusual cuidador, ahora se acercan al mundo del autismo desde un punto de vista mucho más amable de lo que podríamos pensar que se puede hacer a priori.

Olivier Nakache y Éric Toledano nos presentan a las asociaciones que hacen lo imposible para hacerse cargo de casos de autismo severo y otras enfermedades mentales que, muchas veces, son dejados de lado por las autoridades «responsables»… véase el uso de las comillas, ya que de responsable no tienen nada. A través de la historia real de dos de estas asociaciones con muy pocas licencias artísticas, descubrimos la desgarradora historia de muchos de estos enfermos y de sus familias que llegan a un punto de no saber que hacer al verse olvidados por el mundo, momento en el que entran en juego los miembros de estas asociaciones —en muchos casos alegales, por navegar en un vacío interesado por parte del estado— y se hacen cargo de niños mediante unos métodos que, aunque no sean los más académicos, son los que realmente funcionan; haciendo prevalecer la experiencia por encima de la teoría.

Con los años, algunas asociaciones han pasado a desempeñar un papel peculiar en el campo de la salud mental, la discapacidad y la protección de la infancia […]. Durante mucho tiempo, ningún organismo público se ha atrevido a plantear el problema, pues su cierre podría dejar desamparados a muchos niños vulnerables […]. Es inviable cerrar la única organización que garantiza una adecuada atención psicopediátrica […], sin ofrecer alternativas, recomendamos una autorización provisional con carácter excepcional. — Extracto del informe del IGAS del 17 de abril de 2017

A pesar del esfuerzo y la dedicación de todos los cuidadores, no están exentos de inspecciones para saber si cumplen con las normas, que, en caso de no cumplirlas —al menos, en opinión de los inspectores— se verían obligados a cerrar, dejando, por el camino, muchos niños y jóvenes sin nadie que se ocupe de ellos.

Pues bien, esta es la premisa a partir de la que los realizadores desarrollan una historia en la que se entremezclan muchos temas aprovechando el contexto complicado de estas asociaciones. Mientras Bruno lidia con los ya mencionados inspectores y los padres de muchos de los niños, él y sus empleados no dejarán de hacerse cargo de estos; a la vez, Malik, amigo íntimo de Bruno, es el director de una asociación que se dedica a reintroducir jóvenes procedente de entornos conflictivos en la sociedad convirtiéndolos en cuidadores para los chicos de Bruno. Podríamos decir que mediante estos dos hilos argumentales y de la manera en los que se entrecruzan descubriremos todo un mundo que, a priori, es difícil que conozcamos, pero con el que inmediatamente empatizaremos.

Y es que no solo se centran la mirada en Bruno y Malik, sino que ellos funcionan como conectores de decenas de historias igual de importantes: chicos autistas que necesitan vigilancia constante; otros que están a punto de estar rechazados por el sistema; jóvenes provenientes del extrarradio que se han perdido y que rozan la delincuencia y que convertirse en cuidador es su última oportunidad; madres y padres que, de diferentes maneras, están dispuestos a todo por el bien de sus hijos, etcétera y etcétera.

A diferencia de Intocable, en la que se buscaba la broma y la risa entre sus protagonistas a la vez que se comprendían, en esta ocasión, aunque también habrá momento para las carcajadas, habrá un interés en presentar el tema desde un punto de vista más realista, pero siempre positivo. Es decir, si bien en ningún momento se recurre al chiste, tampoco se busca la lágrima fácil; no, estamos ante una película hasta cierto punto didáctica que para que aquellos que no nos hayamos visto implicados en casos como estos, podamos ver que siempre puede haber una solución, como no se harta de decir el personaje de Bruno Haroche.

A grandes rasgos, a pesar de contar con actores de la talla de Vincent Cassel y Rema Kateb, estamos ante algo que podría ser catalogado de documental dramatizado, y es que muchos de los personajes son interpretados por chicos y chicas que padecen algún tipo de autismo, aportando un realismo que, seguramente, no se hubiese logrado de no ser así.

El resultado final es, sin duda alguna, una de las mejores películas del presente curso, no solo a nivel técnico —que es más que solvente— sino, sobre todo, por cómo logra entrar en un tema que podríamos considerar tabú y bastante peliagudo, que, según de qué manera hubiese sido esta aproximación, se habría convertido en un auténtico fiasco además de una cinta inapropiada. Sin embargo, logra lo que pretende que es contar la historia de estas asociaciones y de todas las personas que las forman, pacientes y cuidadores, sin relleno ni dramatismo innecesario, sino tal y como es la realidad.