felixFélix es un escritor sin éxito que vive haciendo de profesor en un colegio de Andorra, donde se ha trasladado para estar de su hijo, que no sabe que él es su padre. Su vida transcurre tranquila entre su trabajo, sus pocas funciones como padre y su soledad en su casita a las afueras, si exceptuamos las apariciones de su amigo y vecino Óscar. Pero todo cambia cuando conoce a Julia, una misteriosa mujer asiática con la mayor parte del cuerpo tatuado con la que pasa una sola noche, pero de la que se enamora perdidamente… y, según él, parece ser correspondido. Sin embargo, a pesar de lo que él cree ser algo muy especial, Julia desaparece, y el bueno de Félix se obceca en encontrarla. Será a partir de este momento que irá descubriendo que los ambientes por los que Julia se movía, no son los mismos que los suyos: mafias chinas, policías corruptos, asesinatos… Todo parece increíble, tanto, que parece que Félix no encontrará a nadie dispuesto a creerlo.

Cesc Gay, responsable de películas como Krámpack y Truman, nos trae este peculiar relato de intriga en lo que nada es lo que parece y todo es posible. Cargado de humor negro y con guiños a los clásicos del cine negro, Félix da una vuelta de tuerca completa para demostrar que, para crear una buena serie de intriga, no hace falta que se ambiente en los oscuros callejones de una ciudad como Nueva York, ni que su protagonista sea un aguerrido detective privado. En este caso, Félix es la antítesis del héroe, apocado, con sangre de cobarde y un poco falto de imaginación —o puede que con demasiada imaginación—, sin embargo consigue convencernos como investigador improvisado para esta desaparición que nadie cree que sea real.

En este sentido, si el personaje de Félix nos convence no es solo gracias a su planteamiento, sino por la maravillosa interpretación de Leonardo Sbaraglia. El argentino convierte a Félix en un hombre tierno y que, a pesar de tenerlo todo en contra, incluso su propio carácter discreto, luchará contra viento y marea para encontrar a ese amor casi idílico que es Julia, aunque por el camino descubra cosas a las que no está acostumbrado. Félix, a parte del claro protagonista, se trata de una serie bastante coral, en la que los personajes secundarios que juegan un papel importante no sobresalen por encima de los demás, dejando que Sbaraglia desarrolle todo su saber hacer. Pero, como en toda regla, hay una excepción, y esta tiene el nombre de Pere Arquillué. Este actor —responsable del impresionante doblaje al castellano de Bane en la entrega final de la trilogía de Batman de Nolan— se pone en la piel de Óscar, un cocinero rebelde sin trabajo por culpa de su carácter, que reparte su tiempo entre drogas, el sexo y la caza, que se convertirá en el sidekick de Félix. Ambos personajes encajarán a la perfección por sus clara diferencias, dando lugar a los mejores momentos de la serie. Es aquí donde mi perturbada mente de cinéfilo, al escuchar ambos nombres y teniendo en cuenta sus formas de ser, me ha hecho pensar en los Félix y Óscar de La extraña pareja… ¿Cesc Gay y su equipo creativo pensaron en ellos? En cualquier caso, además de estos dos actorazos, el elenco se completa con conocidos nombres del cine de nuestro país como Ginés García Millán, Pedro Casablanc, Lluís Villanueva, Irene Montalá, Ana Wagener o Pep Ambròs.

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A parte del personaje principal, uno de los principales reclamos es la localización del trama… Mejor dicho, la peculiar localización de la trama, ya que en lugar de transcurrir en Barcelona o Madrid, tiene lugar en Andorra. Pero, no por ello, la historia parece desubicada, al contrario, parece una decisión muy apropiada ya que consigue demostrarnos que este tipo de historias, en realidad, funcionan en cualquier entorno si se saben tratar correctamente. En lugar de callejones, tenemos recodos de una pista de montaña; en lugar de conflictos entre barrios, están los conflictos con los pueblos al otro de la frontera; y en lugar de recurrir a Washington para las conspiraciones, tienen lugar entre Madrid y Toulouse… Puede resultar un cambio sorprendente, pero funciona a la perfección con el tono de la serie.

Será este tono sombrío pero con luz y el ritmo pausado, muy parecido al de las pelis de Humphrey Bogart, el que rematará el trabajo llegando a presentarnos un producto casi de diez, sobre todo por su faceta innovadora, atrevida y diferente a lo que estamos acostumbrados.

Félix es una maravilla que hará las delicias de aquellos que estén dispuestos a experimentar y salir de los tópicos de los géneros para descubrir que, para contar una buena historia, solo hace falta hacerlo, sin más.