infiltrado-en-el-kkklanLa película nos cuenta la historia de Ron Stallworth, un joven policía de Colorado Springs que se puso en contacto con el Ku Klux Klan, llegó a hablar con su líder, David Duke, se alistó en sus filas y consiguió desarticular una de las ramas más violentas que había en su interior… Y todo ello siendo afroamericano que no es moco de pavo. Evidentemente no lo hizo solo, pero tampoco tuvo las cosas fáciles para llevar a cabo su arriesgado y descabellado plan. Esta trama, propia de una novela satírica, en realidad son hechos reales que ocurrieron en los años setenta, un momento en el que había un clima de tensión en los Estados Unidos provocados por los enfrentamientos entre blancos y negros… Vamos, una situación no muy diferente a la que se vive hoy en día, en el que cada día tenemos noticias de asesinatos ilógicos.

Sin duda, ese es el motivo por el que Spike Lee, concienciado dónde los haya, no ha dudado en recuperar este argumento del baúl de los recuerdos de la historia reciente de Estados Unidos para hacernos pensar un poco. Sin embargo, en mi opinión, creo que ha pecado de condescendiente, como si no lo supiéramos lo suficiente. Además de que el rasero por el que se cortan algunas situaciones, que deberían ser pares por cada lado para ser estrictamente imparciales, al final no duda en mostrar crudas escenas reales de esas situaciones y ataques que hemos comentado un poco arriba. Sabemos que ocurre, sabemos que no es bueno, y sabemos que tenemos que hacer algo para resolverlo —sobre todo los americanos—, pero se podría haber hecho de forma más sutil, contando la historia tal cual fue y, que cada uno, sacara sus propias conclusiones, porque el caso que Ron Stallworth habla por sí mismo, no le hacían falta añadidos.

En cuanto a lo que respecta a cuestiones más cinematográficas o argumentales, lejos de las posibles interpretaciones que cada uno pueda sacar, la película, si bien es original y quiere beber de las cintas de blaxploitation con una música y un tono propio de esas películas que marcaron una época en Estados Unidos, influenciando a muchos cineastas —siendo uno de ellos Quentin Tarantino—, en algunos tramos peca de repetitiva, alargándose innecesariamente, llegando a hacerse un poco pesada. En diferentes ocasiones vemos como los protagonistas viven situaciones que, aunque no exactamente iguales, nos vienen a explicar lo mismo, por lo que nos cansan por reiterativas y no podemos evitar pensar: «otra vez con lo mismo, ya lo hemos pillado que es una situación incómoda para un afroamericano infiltrarse en el KKK».

Dicho todo esto, seguro que os preguntaréis: ¿la peli vale la pena o no? Sí, la vale, pero para verla tenemos que tener muy claro estos dos temas que ya he comentado, ya que si no, queramos o no, la vamos a castigar injustificadamente. La factura es muy acertada, desde el tono de humor —a pesar del tema peliagudo que trata—, a la ambientación, pasando por la banda sonora, e, incluso, la actitud de los actores frente a la cámara. En este sentido, no sé de quién fue la idea, pero el reparto es muy acertado, ya que encajan en el papel a la perfección, tanto los buenos como las malos, ya que los primeros son todo lo tensos que deben ser, y los segundos son lo atrevidos que tienen que ser. Es decir, todo el reparto lo borda, pero si alguno se merece mención, son John David Washington, que está increíble como Ron Stallworth, del mismo modo que Adam Driver se convierte en un Flip Zimmerman. Pero no solo ellos, incluso el bueno de Topher Grace, que a lo largo de su carrera nos ha regalado interpretaciones olvidables, aquí caracteriza a un David Duke puesto en ridículo constantemente que se convierte en un títere de las bromas telefónicas de Ron y sus compañeros.

En definitiva, estamos ante una película que, aun sin ser perfecta, cumple con lo que pretende, divierte, entretiene y no lo hace por que sí, sino que detrás hay una historia que puede hacernos pensar… aunque si se nos olvida, siempre estará Spike Lee para recordárnoslo al final.