
Podríamos hablar de Jackass: Best and Last que se estrena ahora en los cines de todo el mundo, pero esta nueva película no es más que un ejercicio de nostalgia tanto de los creadores como del público, que no por ello será aburrida o decepcionante, simplemente será un más de lo mismo, un broche de oro a más de un cuarto de siglo de golpes, bromas pesadas y situaciones incómodas que nos han hecho reír a todos, aunque nos cueste admitirlo.
Así pues, este artículo, más que una reseña al uso de la película en cuestión, es una reflexión sobre el fenómeno que revolucionó la televisión a principios del siglo XX. Lo sé, suena rimbombante para un programa basado en darse bofetadas sin ton ni son, pero es que Jackass formó parte de la MTV cuando esta era una televisión rompedora que a los padres no gustaba que vieras y muy alejada de los realities permisivos de Gandia Shore. En televisión fueron tres temporadas de bajo presupuesto que reunía a actores fracasados y gente del mundo del skate que se dedicaba a gastarse bromas y retarse a hacer acrobacias o desafíos estúpidos, además de las típicas secuencias de cámara oculta.
El argumento —si es que se puede llamar así— se podría resumir en un retahíla de Vídeos de Primera guionizados con el único fin de que nosotros, el público, nos partiéramos de risa ante todo tipo de situaciones. Y ya, no hay un hilo conductor, ni un mensaje, ni nada que esté enfocado a seguir una historia, son cortes más o menos breves de humor absurdo llevado a lo radical. Lo mismo sucedería en Jackass: Number Two, Jackass 3D y Jackass Forever, así como todos los productos derivados, que son unos cuantos. Es por ello que Jackass no es necesariamente una película o una serie, es un ente, un engendro diabólico, un enigma en el que a veces uno se pierde sin saber si es un corte del 2002 o de diez años más tarde.
A primera vista podríamos decir que no hay nada más que hablar, si te gustan los vídeos de trompazos, te miras las pelis, sino, pues no. Sin embargo, como decíamos, Jackass fue un producto de una época en el que la televisión se estaba renovando y ponía la vista en todo tipo de productos, y en este caso estaríamos casi en un género underground, rebelde o punk, adscrito a los deportes callejeros como el skate o la BMX, muy cercanos a la concepto de videojuego de Tony Hawk’s. Pero es que además, es un producto de genios, puede que no de los que estén frente a las cámaras dándose de lo lindo o sufriendo como idiotas —porque queda claro que muchos no tienen demasiadas luces—, pero sí de los que están detrás de las cámaras, con nombres propios como Spike Jonze, director de Como ser John Malkovich, El ladrón de orquídeas o Her, que se dice rápido. Y es que es una genialidad lograr que la gente pague una entrada al cine para ver esto, ya que se recurre al humor más básico —el gráfico y el slapstick clásico— renovado para las nuevas generaciones, ya que la humanidad se ha reído de las situaciones de sufrimiento ajeno desde los albores de la civilización. Sin ir más lejos, una de las primeras películas de los Hermanos Lumière fue El regador regado, en el que un tipo se mojaba por culpa de otro que le gastaba una broma con una manguera… ¿Podría ser un segmento de Jackass o no? Sí, pero el chorro debería ser de aguas fecales y seguro que encaja.
El caso es que después de un paso por la televisión, Jackass tuvo su momento culminante en esta película, la que, sin duda, les dio a conocer por todo el mundo, e hizo que algunos de ellos, como Johnny Knoxville, fueron rostros conocidos y vieran como sus carreras despegaran, dejando de ser meros desarrapados a auténticas estrellas televisivas, y solo por darse bofetadas, tirarse pedos o vomitar ante las cámaras. El reparto original al que dirigió Jeff Tremaine y que se mantuvo durante los primeros años, estaba formado por el mencionado Knoxville, pero también por Bam Margera —un skater profesional que estava casi a la altura de Tony Hawk en cuanto a popularidad en el mundillo—, Chris Pontius, Steve-O, Dave England, Ryan Dunn, Ehren McGhehey, Jason Acuña «Wee Man» y Preston Lacy, además de contar con cameos como el ya citado Hawk, Matt Hoffman o, incluso, Shaquille O’Neal, así como apariciones habituales de amigos y conocidos como el propio Spike Jonze o los padres de Margera. Vamos, que a pesar de todo, no eran un pringadetes con una cámara grabando vídeos de Youtube… bueno, sí que lo eran, pero con conexiones suficientes en la industria como para que MTV accediera a llevarlos a la gran pantalla y que Paramount les distribuyera una película. Lo dicho, una genialidad.
Ahora, veintitantos años más tarde, cascados por la edad, con achaques en todas partes y peinando muchas canas, todo el reparto al completo —salvo alguno que nos ha dejado por el camino—, regresan para un último baile por todo lo alto. Recordando lo mejor y subiendo el nivel, pero siendo plenamente conscientes que el patrón oro lo marcaron en 2002 y desde entonces lo único que se ha buscado es alcanzarlo y reproducirlo con más espectacularidad, pero la misma esencia que los hizo triunfar: no pensar en las consecuencias.
La película que se estrena ahora, sin haberla visto, es, con total seguridad, un producto para los nostálgicos —como un servidor— que vivieron el mejor momento de este grupillo de pirados y lo gozaron de lo lindo viéndolos cuando eran adolescentes… De repente, me siento viejo.
