Un grupo de cinco amigos —casualmente formado por los clásicos estereotipos de universitarios americanos— deciden ir a pasar un fin de semana en una cabaña en mitad del bosque —como el título de la peli indica—, completamente desconectados del mundo. Si bien por un lado parece una escapada idílica para que el deportista y la chica guapa —y rubia de último momento— tengan intimidad, y la chica tímida conozca al listo del grupo, mientras que el fumetas desvaría; por el otro, también parece el escenario perfecto para una pesadilla… tal como va a suceder. Como era de esperar, al llegar la primera noche, todo tipo de sucesos extraños empiezan a tener lugar, que los encaminan hacia un terrible destino protagonizado por… una familia de zombis asesinos cuyo objetivo parece ser matarlos uno a uno entre gritos de pavor, chillidos de terror, y una amplia gama de alaridos espeluznantes.

Hasta aquí podríamos estar hablando de la típica película de terror adolescente que solo consiste en ir eliminando a los protagonistas de las formas más sangrientas y sádicas posibles. Sin embargo, a la vez que se nos narra esta historia de manual, descubrimos a los técnicos de una extraña fábrica —si es que se puede llamar así— que controlan todos los sucesos que rodean a la cabaña y a sus nuevos inquilinos. Desde el viejo loco que los advierte hasta la luz de la luna atravesando las ramas de un claro en el bosque, poseen el dominio absoluto sobre todo lo que acontece en ese pequeño paraje apartado del mundo; de todo excepto de una cosa: la manera de morir del grupo de jóvenes… sobre el que no dudan en hacer apuestas.

Drew Goddard y Joss Whedon —en una jugada muy parecida a la que hace poco ha realizado James Gunn en Brightburn— nos presentan la enésima revisión de un género tan trillado como es el slasher… pero lo hacen con un genio y una originalidad que lo lleva al siguiente nivel. The Cabin in the Woods es una vuelta de tuerca más a las películas de terror, a la vez que hace un velado —al principio, pero no al final— tributo a todo el género; no solo por utilizar los típicos tópicos a los que estamos acostumbrados, sino también por querer darles un significado e, incluso, un mundo compartido, como si todas las pelis de terror que se han hecho pudieran convivir en un mismo universo.

Realmente se trata de una película muy difícil de comentar sin cometer el error de destripar el final —o parte de ella—, ya que es una sorpresa tras otra, porque, además, no pretende ser trascendental o dramática, más bien lo contrario. A medida que se avanza en la historia —aunque los técnicos son cachondos desde el primer minuto— cada vez va girando un poco más hacia el humor —negro, evidentemente—, rozando incluso el estilo de Juerga hasta al fin, aunque sin llegar al extremo de la socarronería y gamberrismo de Seth Rogen y Evan Goldberg. En este sentido, llegado a cierto punto de la película, inevitablemente nos vamos a preguntar sino estamos ante una parodia, muy ingeniosa, pero parodia, al fin y al cabo, en la que los realizadores se ríen de todas este tipo de películas y sus tópicos, porque no se dejan ninguno… Que oímos ruidos en casa, pues vamos a enrollarnos fuera; que los oímos en el bosque, pues nos desnudamos como si no hubiera un mañana —porque no lo habrá—; que unos zombis asesinos decapitan a uno de nosotros, pues nos separamos; que estamos rodeados por todos lados, pues bajamos al sótano a oscuras, aún sabiendo que era una sala de tortura… Y así continuamente, mientras las secuencias subidas de tono —siempre dentro de cánones aceptables— y el consumo de drogas indiscriminado —porque aquí los cánones se diluyen siempre… como el humo de un porro— se van intercalando hasta hacernos comprender que los cinco chicos están muertos desde el momento en que se suben al coche para ir a la cabaña.

Aunque la historia y la trama podrían haber entrado en un espiral de autodestrucción derivando en una versión un poco más seria de Scary Movie, como ya hemos dicho, una de las virtudes de esta cinta es el ingenio con la que ha sido elaborada. Es decir, a pesar de que desde el principio el espectador ve que hay cosas que no encajan, se consigue mantener la tensión hasta el final, obligándonos a preguntarnos constantemente qué está sucediendo y, más importante, porqué. Es precisamente este porqué el que consigue mantenernos pegados a los asientos hasta el final, momento en el que los levantamos y solo podemos aplaudir y vitorear, no solo la premisa, sino también su evolución y el magnífico giro final. El espectador no tarda en ver que los técnicos juegan con los chavales, pero el motivo que los lleva a hacerlo es el que nos mantiene en vilo, así como la inútil esperanza de que, al final, alguno sobreviva… pero en este caso no habrá un oportuno policía o un cazador bonachón que los saque del aprieto.

Además, por si eso no fuera poco, la puesta en escena es brillante, haciendo contrastar la cabaña con el lugar de trabajo de los técnicos; mientras que el segundo está limpio e impoluto —en la línea de la mejor fábrica japonesa—, el primero es polvo, tierra, barro, sangre, vísceras y, en definitiva, todo tipo de guarrerías que cubren por completo a un reparto que se deja la piel. Los «chicos» —entre los que se encuentra un joven Thor— resultan tan convincentes como Paris Hilton en La casa de cera, pero es que en este caso es la intención, y juegan sus roles con auténtico talento, llegándose a cuestionar sus actos, como si no tuvieran muy claro porque actúan como lo hacen o como si fueran conscientes de que están en una película. Por otro lado, para dar vida a los técnicos y demás «villanos», se recurrió a grandes secundarios de esos que siempre cumplen con su trabajo y bordan sus papeles, como Richard Jenkins, Bradley Whitford, Tim DeZarn, Terry Notary o, incluso, Sigourney Weaver.

Aunque creo que ya he hablado más de la cuenta, La cabaña en el bosque es una de esas películas que debe ser descubierta, no se puede explicar, se debe vivir y sentir la tensión y la angustia que impregna toda la cinta, así como el suspense por saber que está sucediendo más allá de las paredes de esa terrorífica cabaña.