Largo domingo de noviazgo (Jean-Pierre Jeunet, 2004)

Sep 4, 2018 | Una historia de película

En enero de 1917, en plena Gran Guerra, en mitad de una trinchera, en lo más crudo del invierno, cinco hombres son condenados a muerte por autolesionarse. Entre ellos se encuentra Manech, un joven que ha quedado trastornado por los horrores de la guerra. No solo ellos, sino también todos los demás soldados no tienen miedo, lo que sienten es pavor en seguir hundidos hasta la rodillas en el barro, ocultos como ratas, y sabiendo que su futuro no es otro que salir de la trinchera y morir en tierra de nadie. Sin embargo, estos cinco hombres serán arrojados en el campo de tiro que es el fragmento de tierra que hay entre la trinchera francesa y la alemana.

Tres años después, en junio de 1920, Mathilde, la novia de Manech, sigue creyendo que su amado no murió en el frente y que puede encontrarlo. A pesar de las secuelas de la poleo que sufrió de pequeña, Mathilde hará todo lo que esté en sus manos para seguir el rastro de lo que sucedió después de que Manech y los otros cuatro hombres fueran lanzados sin piedad en tierra de nadie.

Durante su investigación, en la que será ayudada por diferentes y curiosos personajes, como un detective privado, un abogado y amigo de la familia o un veterano de la trinchera en la que supuestamente murió Manech, Mathilde se topará con un sinfín de personajes que le ayudarán a descubrir lo que sucedió en aquel lugar conocido como Bingo Crepúsculo. Uno de estos personajes será la temible Tina Lombardi, una prostituta corsa cuya pareja fue uno de los condenados reconvertida en una cruel asesina, que, además de querer saber la verdad, se encargará de que los culpables de su muerte sean castigados.

Enero de 1917: La guerra de trincheras

Largo domingo de noviazgo se establece en dos líneas argumentales paralelas, cuyos enigmas se van desvelando a medida que la investigación de Mathilde avanza. Pero, ¿qué vemos en ellas? En la primera, hablando cronológicamente, la relacionada directamente con la Primera Guerra Mundial, si bien la guerra es un elemento presente, en realidad estamos viendo el día a día de los soldados en las trincheras de los campos de batalla de Europa.

Estos soldados no eran militares de carrera, eran gente corriente, como tantos otros, que se vieron obligados a servir a su país por un motivo u por otro. Alguno se alistó envalentonado por un ferviente sentimiento patriótico, pero la mayoría lo fueron a la fuerza o como compensación por algún crimen cometido. Sin embargo, una vez se ponían el uniforme y eran conducidos al frente, todos eran iguales a los ojos de la ley, es decir, a los ojos de sus superiores. Una vez un hombre se convertía en soldado, eran los oficiales los que decidirían su futuro. Pero no los de bajo rango, que sufrían igual que ellos, sino los de alta graduación, los que lucían más estrellas en sus galones, los que los utilizaban como meras fichas en el tablero de juego que era el campo de batalla, para intentar hacer avanzar una línea del frente que se movió muy poco durante la guerra.

¿Y cuál fue el lugar que ocuparon estos hombres durante la Gran Guerra? Las trincheras. Debido al inmovilismo del frente y a la necesidad de mantener las posiciones en un lugar desprovisto de fortalezas en las que guarecerse, se optó por cavar trincheras y crear un entramado de zanjas defensivas que recorría media Europa. En ellas, los hombres vivían prácticamente en la inmundicia. La lluvia, el frío, la falta de un buen alimento y de un buen lugar en el que cobijarse hizo que las enfermedades proliferasen y que la depresión se adueñase de ese lugar. Ya que los soldados no solo tenían que hacer frente a la intemperie, sino también a los ataques del enemigo con armas tan peligrosas como las basadas en gases venenosos, haciéndolos vivir envueltos de manera constante por el hedor de los cuerpos en descomposición de sus amigos y enemigos. En este sentido, y siguiendo la estela del brillante travelling que aparece en Senderos de gloria de Stanley Kubrick, solo empezar la película Jeunet nos ofrece un paseo a lo más desagradable de la Primera Guerra Mundial.

largo-domingo-de-noviazgo-01

Además, para agravar la situación, mientras los hombres sufrían solo por sobrevivir, los oficiales vivían como nobles en castillos embargados y convertidos en cuarteles generales, en los cuáles actuaban siguiendo sus propios criterios sin tener en cuenta nada más que los posibles ascensos que podrían conseguir. En este sentido, es interesante ver como el personaje del comandante Lavrouye —responsable de no transmitir el perdón a los cinco condenados de Bingo Crepúsculo—, no solo vive como un noble durante la guerra, sino que también lo hace a posteriori, tras el conflicto, viviendo a cuerpo de rey, sin ningún tipo de remordimiento por lo que ha vivido.
Ante la situación a que los hombres tenían que hacer frente y la poca preocupación que mostraban los oficiales —a los que solo importaba el número de efectivos que podrían enviar en la siguiente oleada—, los soldados tuvieron que agudizar su instinto y cargados de astucia, buscaron las mil y una maneras para salir de aquel lugar o, al menos, sobrevivir en él. Por lo que no es de extrañar que, si los oficiales hacían de las suyas, los soldados también, desde generar un sistema de estraperlo para poder llevarse a la boca algo más que un mendrugo de pan —en el caso que tuvieran—, a auto-mutilarse para ser llevados a la enfermería y abandonar el frente.
Ahora tal vez nos parece difícil de comprender la auto-mutilación como un recurso para huir, sin embargo, pasados los primeros meses de guerra, cuando el frente se estancó, los soldados pasaban largas temporadas en las trincheras, con el sufrimiento y los ataques del enemigo, los llevaba a una situación de estrés constante. Incluso, cuando un soldado «nuevo» llegaba al frente, por el camino se podía topar con hombres cavando tumbas, como dicen en la película: «para adelantar trabajo». Por lo que las expectativas de vivir eran más bien escasas.

Sin embargo, la auto-mutilación, como vemos en Largo domingo de noviazgo, no era un pasaporte directo a la libertad, ya que si se detectaba que alguien lo había cometido, y que no era una herida sufrida en combate, se juzgaba a los hombres en un tribunal militar como desertores, cuyo resultado, probablemente, sería una condena a muerte.

En un principio los ajusticiamientos militares se hacían mediante fusilamientos, pero a medida que avanzaba la guerra y los mandos intermedios veían que si obligaban a disparar unos hombres a otros no mejorarían la ya muy deteriorada moral de la tropa, se decantaron por métodos diferentes. Uno de ellos es el que vemos en la película, arrojar a los condenados a la tierra de nadie, y aunque no fue el más usado, dio lugar a una de las situaciones más rocambolescas de la guerra. Un soldado arrojado a tierra de nadie, tenía muchas posibilidades de sobrevivir las primeras horas, mientras la presión del enemigo no hiciera mella en su ánimo, por lo que si un ajusticiamiento en esas situaciones ya podía ser cruel, el hecho de alargar la ejecución de forma indeterminada, no lo mejoraba demasiado.

Aunque la película de Jeunet se focaliza en el bando francés, en este apartado he intentado hablar de forma neutra sobre lo que sucedía en las trincheras, ya que algo que descubriremos en la película de Jeunet es que la situación en el frente era igual para ambos bandos. Aunque sea poco y de manera muy discreta, en Largo domingo noviazgo se deja entrever que la contienda fue igual de dura para ambos bandos, ya que los soldados de las Potencias Centrales y de los Aliados pasaron por las mismas penurias, mostrándonos que el sufrimiento no hace distinciones por nacionalidad.

El frente del Somme y Verdún

En relación al apartado anterior, además de ver cuál era la situación de los soldados en las trincheras —tanto de un bando como del otro—, también es importante tener en cuenta el porqué de los enfrentamientos en estos lugares en concreto.

En Largo domingo de noviazgo se menciona que lo sucedido en la trinchera Bingo Crepúsculo se localiza en el frente del Somme —concretamente en los últimos meses del enfrentamiento en este lugar, ya que poco después las tropas alemanas se retirarían—, sin embargo no se dan más detalles, ya que la intención de la película no es relatar los acontecimientos que tuvieron lugar durante 1916 en este lugar, sino mostrar cuan cruel fue la Primera Guerra Mundial, en cualquiera de sus frentes.

Antes de poder pasar a hablar del Somme, debemos tener en cuenta que fue una consecuencia directa de lo sucedido en Verdún. Dos años después del estallido del conflicto ya había fracasado la idea de guerra-relámpago alemana y con la que se pretendía derrotar a Francia, antes de que los británicos acudieran en su ayuda. Tras las primeras semanas de guerra, los dos bandos combatieron en un frente de más de ochocientos quilómetros de trincheras que se extendía desde Flandes a la frontera Suiza.

Hubo un particular interés por parte alemana de asediar la ciudad de Verdún, a poco más de doscientos quilómetros de París, ya que constituía un verdadero obstáculo en su avance. Para ello, en febrero de 1916 todo estaba dispuesto para una gran ofensiva alemana, concentrando a trescientos mil soldados y más de dos millones de proyectiles de artillería.

Aunque todo estaba previsto para el día 12 de febrero, debido a las condiciones climáticas se retrasó al 21 del mismo mes, durante la mañana del cual utilizaron ochocientas cincuenta piezas de artillería pesada atacando más de veinticinco quilómetros de frente, que rompieron las defensas de alambre, hicieron estallar las trincheras y destruyeron las líneas telefónicas. Todo el entorno edificado se vio destruido completamente en cuestión de horas. Aunque los franceses pretendieron realizar un rápido contraataque, las defensas alemanas lo impidieron, dando lugar al desgaste de la guerra de posiciones.

A lo largo de los meses de batalla, aunque ambos bandos planificaban ataques con la intención de avanzar y romper la línea del enemigo, el único resultado de todos estos «pequeños» enfrentamientos fue la pérdida de numerosas vidas por parte de ambos bandos. Fue tal efecto de estos hechos, que ya en primavera de 1916 se hablaba de la batalla de Verdún como de una auténtica «máquina de trinchar carne».

A pesar de que finalmente los alemanes se retirarían de este frente, durante el enfrentamiento en Verdún, con el objetivo de compensar el asalto alemán, el 14 de junio de 1916 las fuerzas inglesas y francesas destacadas cerca del río Somme atacaron a las tropas enemigas. Mil quinientas unidades francesas y británicas bombardearon las líneas alemanas en un frente de apenas veinte quilómetros. Solo en un día murieron veintiséis mil hombres, un desastre que reflejó por igual la necesidad de un cambio en la guerra de trincheras, los errores de los mandos, la imprecisión de la artillería y la eficacia de los defensores.

A pesar de la introducción del carro de combate por parte de los ingleses, esto no fue suficiente para cambiar el signo de la batalla o incluso para darla por concluida, pues esta se alargó durante meses.

En este sentido, uno de los pocos defectos que presenta Largo domingo de noviazgo en lo referente al Somme, es la ausencia de la presencia británica entre los personajes. Bien es cierto que las tropas situadas en el frente del Somme fueron anglo-británicas y francesas, sin embargo el Somme fue para los ingleses lo que Verdún para los franceses, una auténtica carnicería provocada por el papel de los mandos y el número de tropas empleadas.

Algo curioso que descubriremos en esta película —concretamente en la parte protagonizada por Mathilde— es como se muestra el campo de batalla al cabo de tan solo dos años del fin de las hostilidades y, por lo tanto, del abandono de las trincheras por parte de los soldados. Cuando Mathilde viaja hasta el lugar en el que se encuentra la trinchera en la que Manech fue supuestamente ajusticiado, vemos que lo que había sido el infierno para muchos hombres, ahora se ha convertido en un extenso campo sin apenas rastro de las penurias que pasaron los soldados. Como el personaje de Poux —uno de los soldados de Bingo Crepúsculo, dedicado al estraperlo en el campo de batalla— dice al ver dónde hubo pasado tantas horas: «No reconozco nada». Ante esta afirmación y teniendo en cuenta lo anteriormente explicado, deberíamos preguntarnos: ¿aquellos hombres lucharon por nada?

Junio de 1920: El período de entreguerras

Si antes hablábamos de la parte enfocada a los soldados y a sus duras vidas en el campo de batalla, la otra línea argumental que sigue Largo domingo de noviazgo es la que transcurre durante la investigación de Mathilde, concretamente dos años después del fin de la Gran Guerra.

Ante todo tenemos que tener en cuenta que cuando terminó la Primera Guerra Mundial, aunque hubiera indicadores que el conflicto no había sido cerrado apropiadamente y podría acarrear consecuencias, nadie sabía que solo veinte años después los mismos contendientes se verían las caras en los mismos lugares. Con ello quiero decir que el período de entreguerras ha sido documentado a posteriori, no contemporáneamente.

Sin embargo, se supiera o no se supiera que los resultados de la Gran Guerra llevarían a un nuevo conflicto, estaba claro que los años de posguerra —sean del conflicto que sean y en el país que surjan—, siempre son convulsos. Es en sentido que vemos la película como son esos primeros años de posguerra, como la gente intenta recuperarse de un conflicto que parece muy lejano —recordemos como los campos de batalla parecían haber desaparecido—, cuando en realidad era muy reciente y había muchas heridas abiertas. Sin ir más lejos, son muchos los personajes que se sienten culpables por lo que hicieron durante la guerra, por el motivo que fuera —como la esposa de Gordes, que aún siente culpa por haberse enamorado del mejor amigo de su marido—, y serán muchos los que pagarán por ellos —desde el comandante Lavrouye a Thouvenel—, a manos de gente, como Tina Lombardi, que sigue teniendo muy presentes los sucesos de la guerra.

largo-domingo-de-noviazgo-02

A medida que seguimos los pasos de Mathilde por su investigación, nos da la sensación que los años de la Gran Guerra, aunque muy presentes en la realidad de todos —sean franceses o no—, parecen quererse olvidar en esos tiempos tan convulsos que serán los de posguerra. La gente no quiere hablar de la guerra, los documentos militares generados durante aquellos años son confusos sobre que sucedió en el frente —tanto en Bingo Crepúsculo como en todo el campo de batalla—, ya que eran muchos los interesados en que se olvidara todo. Será en este entorno, en esos primeros años después del armisticio, que la situación será tan oscuro e incierta que permitirá que dos desertores —los únicos supervivientes de los cinco condenados— puedan sobrevivir sin que nadie les haya ido a buscar para juzgarlos.

Es interesante ver como en esta Francia de la posguerra —aunque sucedió del mismo modo en muchos de los lugares involucrados en el conflicto—, se pueden ver dos bandos muy diferenciados sobre como tratar ese pasado tan incómodo como es la guerra. Por un lado están los que quieren pasar página, como los tíos de Mathilde o Célestin Poux, que son plenamente conscientes de lo que sucedió, pero que prefieren seguir adelante dejando que los muertos descansen en paz. Mientras que, por el otro lado, aunque de formas muy diferentes, están los personajes de Mathilde o Tina Lombardi, que quieren saber que pasó, buscando explicaciones y justicia respectivamente.

El período de entreguerras fue un momento muy convulso de la historia, y no solo por haber salido de una guerra y por estar a punto de entrar en otra, sino por todos los cambios que se vivieron en tan pocos años. Como consecuencia de la guerra, las fuerzas políticas que habían gobernado hasta entonces el mundo cambiaron o desaparecieron —como los imperios alemán y austro-húngaro—, las ideas políticas evolucionaron —el surgimiento del comunismo como algo más que un hecho aislado—, y la perdida de una generación, que hizo que los choques generacionales se incrementaran, llevando a la radicalización de la población. La escala de grises de la sociedad desapareció, solo existió el blanco y el negro.

Una película bélica en la que la guerra no es lo importante

Largo domingo de noviazgo no es la única película con un contexto bélico en el que factor humano juega un papel protagonista, sin embargo aquí es interesante ver como el equipo de Jean-Pierre Jeunet ha buscado, mediante la caracterización de unos pocos personajes, representar la realidad francesa de una época pasada.

Para llevar a cabo el retrato de dos momentos tan diferentes pero tan convulsos a la vez, Jeunet y su equipo se nutrieron de todo cuanto tuvieron a mano para recrear una época diferente. A parte de rodar en localizaciones en las que los elementos históricos aún estaban presentes, también se utilizaron objetos de la para dar vida a esos lugares, a la vez que se construyeron desde cero todo tipo de elementos, como mobiliario urbano de principio de siglo, para ser lo más fiel posible. Además, en este sentido, todos los fotogramas fueron examinado al detalle para eliminar digitalmente los elementos anacrónicos que se pudieran ver en la pantalla.

Para poder apreciar este altísimo nivel de ambientación —evidentemente buscado para reforzar la credibilidad de la historia— debemos fijarnos en dos elementos: la trinchera y el París de 1920.

En el primer caso, para dar vida al enero de 1917 se construyó una trinchera siguiendo las características de las que poblaron el este de Francia durante el conflicto armado. La intención no era solo que los personajes vivieran una historia, sino que el espectador se viera sumergido en esa época, sintiendo como la lluvia repiqueteaba en los cascos de los soldados, los pies empapados en los charcos y los silbidos de los obuses sobre sus cabezas.

Algo parecido sucede con el segundo caso, el París de 1920, en el que gracias a la tecnología y partiendo de las grabaciones de la Ópera de París —realizadas un día festivo a primera hora de la mañana—, se procedió a recrear el ajetreo de la capital francesa en un descampado con puntos de referencia. Dando como resultado unas imágenes en las que llegamos a dudar sobre si realmente no se cortó el tráfico de la ciudad y se vistió a los transeúntes con ropa de época. Con esta recreación, además de realizar un buena ambientación para la historia de Mathilde, también se quería contrastar la luz del París de 1920 frente la oscuridad de las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Además, en ambos casos, además de reconstruir de un modo u otro los escenarios, se procedió a preparar un excelente vestuario, no solo para los protagonistas, sino también para todos los extras que aparecen en escena a partir de imágenes y patrones de la época.. Desde los demacrados soldados —cuyas vestimentas tenían todos los detalles posibles—, a los alegres transeúntes ficticios de París —a los que el propio Jeunet se encargo de dar trasfondo a partir de su estilo—, todos fueron vestidos para la ocasión de recrear unos momentos muy particulares de la historia.

En este sentido, teniendo en cuenta el papel vital que juegan los personajes en Largo domingo de noviazgo, no solo interesaba recrear con exactitud su contexto, sino su forma de vida y la historia que había tras ellos.

Largo domingo de noviazgo como fuente histórica

A diferencia de otras muchas películas ambientadas en la Primera Guerra Mundial, Largo domingo de noviazgo quiere dar un paso adelante e ir más allá en la reconstrucción de unos hechos que consternaron a medio mundo. No solo se queda en el retrato de la vida de los soldados en las trincheras —faceta en la que Jeunet se defiende con maestría—, sino que además quiere realizar un retrato claro del día a día de la gente que tuvo que vivirlo y como lo hizo a posteriori, es decir, busca mostrarnos el «qué pasó después».

Gracias a un elaborado trabajo de ambientación —tanto de escenarios como de vestuario—, esta película, sin necesidad de valorar los hechos descritos, puede ser tomada como una reconstrucción de la época, en la que podremos ver las vidas de diferentes estratos de la sociedad de diferentes lugares. Si además añadimos los hechos narrados, la película gana en profundidad histórica, y aunque las historias son ficción —algo que se debe tener en cuenta si se quiere utilizar como fuente histórica—, muestran las realidades que coexistían a principios de siglo XX.

En resumidas cuentas, Largo domingo de noviazgo es el ejemplo perfecto de cómo una película histórica que narra unos hechos ficticios, puede ser igual de útil a la hora de estudiar el período histórico que representa.