
El spaghetti western alcanzó su madurez a finales de los años sesenta, con directores como Sergio Leone, Sergio Corbucci y Sergio Sollima llevando el género a nuevas alturas. Sin embargo, en 1970, Le llamaban Trinidad rompió con las convenciones del género al introducir un tono humorístico que parodiaba los clichés del western italiano, que, a la vez, ya había parodiado al western americano.
Protagonizada por Terence Hill y Bud Spencer, esta película no solo redefinió la carrera de sus dos protagonistas, sino que también dio inicio a una nueva oleada de westerns cómicos que marcarían, para bien o para mal, el cine europeo en la década de los setenta.
Trinidad es un pistolero despreocupado, perezoso y carismático, conocido por su velocidad con el revólver que, viajando por el desierto, descubre que su hermano, Bambino, un forajido tosco pero de buen corazón, se ha hecho pasar por sheriff de un pueblo con la intención de aprovecharse de la situación. El problema es que el pueblo está dominado por un terrateniente corrupto, el Mayor Harriman, quien, junto con una banda de pistoleros, quiere apoderarse de las tierras de una comunidad de colonos mormones. A regañadientes, los dos hermanos se ven envueltos en el conflicto, con Trinidad usando su astucia y Bambino su fuerza bruta para ayudar a los mormones mientras intentan sacar algún provecho de la situación.
Si bien la premisa es simple, la película no es solo una comedia absurda. También funciona como una parodia inteligente del spaghetti western, subvirtiendo las expectativas de los espectadores con personajes que, en lugar de seguir el código del antihéroe trágico y violento, prefieren resolver problemas con ingenio y puñetazos.
Si por algo destaca esta peli, entre otras cosas, es por la presencia del dúo protagonista. Por un lado, Terence Hill brilla en el papel de Trinidad, un vaquero carismático, desaliñado y holgazán, pero increíblemente rápido con el revólver. Su encanto despreocupado y su habilidad para resolver situaciones sin despeinarse lo convierten en un personaje entrañable. Por el otro, Bud Spencer, en el papel de Bambino, es el complemento y contrapunto perfectos. Mientras que Trinidad es ágil y astuto, Bambino es fuerte y malhumorado, pero en el fondo tiene un gran corazón. Su estilo de pelea basado en bofetadas y golpes brutales es una de las señas de identidad de la película… y del actor.
Enzo Barboni logra un equilibrio perfecto entre el western tradicional y la comedia slapstick. Si bien la película conserva los elementos visuales característicos del spaghetti western —paisajes áridos, primeros planos intensos, duelos tensos y ese largo etcétera que ya conocemos—, su tono es más ligero y desenfadado. Uno de los mayores logros del filme es su ritmo: nunca se siente apresurado ni aburrido. Las escenas de acción, aunque humorísticas, están bien coreografiadas, y los momentos de comedia física son efectivos gracias a la química impecable entre Terence Hill y Bud Spencer.
Como decíamos antes hay muchos elementos que hacen destacar a Le llamaban Trinidad, a parte del carisma de sus protagonistas, también veremos peleas coreografiadas como comedia física, personajes más exagerados si cabe y diálogos ingeniosos. En lugar de duelos sangrientos, las peleas son espectáculos divertidos en los que Bud Spencer reparte bofetadas con la fuerza de un martillo y Terence Hill humilla a sus oponentes con movimientos rápidos y burlones. Y es que los villanos no son los típicos pistoleros despiadados, sino ineptos secuaces que a menudo terminan más ridiculizados que derrotados. Todo ello aderezado con líneas mordaces, sarcasmo y chistes que juegan con los estereotipos del western.

Un ejemplo icónico del humor de la película es la famosa escena de la comida, en la que Trinidad devora un plato de judías con una velocidad impresionante, mientras Bambino lo observa con fastidio. Esta escena se convirtió en un referente del cine de Terence Hill y Bud Spencer, y ha sido homenajeada en numerosas ocasiones.
La música, compuesta por Franco Micalizzi y Guido y Maurizio De Angelis, es otro de los aspectos memorables de la película. El tema principal —quizás uno de los mejores del género— con su ritmo relajado y su melodía pegajosa, encapsula perfectamente el tono del filme: aventurero, pero sin tomarse demasiado en serio. A diferencia de las épicas bandas sonoras de Ennio Morricone, la música de Le llamaban Trinidad opta por un enfoque más ligero y desenfadado, en sintonía con la atmósfera humorística de la historia.
El éxito de Le llamaban Trinidad fue inmediato y masivo, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras del spaghetti western y catapultando a Terence Hill y Bud Spencer al estrellato internacional, cuyo dúo ya venía de años atrás, pero fue aquí donde encontró realmente su lugar. Gracias a su popularidad, en 1971 se estrenó una secuela, que mantuvo el mismo tono humorístico y fue igualmente exitosa.
Más allá de la franquicia de Trinidad, la película influyó en la evolución del spaghetti western, impulsando una ola de westerns cómicos que dominarían el género en los años setenta. Hill y Spencer seguirían trabajando juntos en numerosas películas de acción y comedia, consolidando su estatus como uno de los dúos más queridos del cine europeo. Incluso décadas después, Le llamaban Trinidad sigue siendo un clásico de culto, con millones de fanáticos en todo el mundo. Su combinación de humor y western la hace accesible para todo tipo de público, incluso para aquellos que no son aficionados al género.
Así pues, Le llamaban Trinidad, de una manera un tanto peculiar, es una obra maestra del spaghetti western, una película que combina acción, comedia y carisma en una historia sencilla pero entretenida. Su tono relajado, sus personajes entrañables y su humor físico la convierten en una de las películas más memorables del cine italiano y en una de las mejores comedias western de todos los tiempos.