Para mí Jim Jarmusch siempre había sido sinónimo de ese cine independiente para el que tienes que estar muy predispuesto a ver si es que tus pretensiones son entenderlo; pero ahora, para sorpresa de todos se nos presenta una peli de zombies que parece ser una anomalía en su filmografía… hasta que nos adentramos en ella.

La premisa, como en toda película de muertos vivientes, es muy sencilla, en este caso, debido a una desviación del eje terrestre toda la naturaleza se está trastocando: los animales se están volviendo locos, los días se alargan y se acortan sin control, y, lo que realmente nos interesa, está provocando que los muertos se levanten; algo que, a la vez, perturbará la vida del modesto pueblo de Centerville, en lo más profundo de América, y a sus habitantes, acostumbrados a las pequeñas cosas de la vida. Sin ir más lejos, el cuerpo de policía, formado por el jefe y dos oficiales, cuando se desata el apocalipsis zombie están investigando el robo de un pollo de una granja, por lo que, cuando se dan cuenta que los ataques violentos a personas no han sido hechos por un animal salvaje o varios animales salvajes, no tienen muy claro como actuar. Por suerte, en el pueblo hay aficionados a las pelis de terror que sabrán qué se debe hacer —al menos según George Romero— y una extraña encargada de la funeraria que, además de escocesa, tiene un gran dominio de las katanas.

A pesar de ser una peli terror, el planteamiento es desde un punto de vista cómico, que nos permite ver lo que acostumbra a pasar en este tipo de historias, con un planteamiento similar al que ya hicieron Edgar Wright y Simon Pegg en Zombies Party o Ruben Fleischer con Zombieland, es decir, gente normal frente a sucesos anormales. Además, la puesta en escena consigue que nos desternillemos por la bipolaridad de las reacciones de los personajes, mientras algunos sienten auténtico pavor por a lo que se tienen que enfrentar, otros se comportarán de forma impertérrita; así mientras el personaje de Chloë Sevigny se ve abrumada por la situación, sus compañeros policías, Adam Driver y Bill Murray —que tienen momentos estelares cuando cruzan la cuarta pared y hablan del tema principal de Sturgill Simpson, de Star Wars, del guión de la peli, o, incluso, del propio director—, harán gala de su vis cómica, al mirar a los zombies con un estoicismo que ni los tipos más duros del cine, oiga. A la vez, Tilda Swinton se mete una vez más en uno de esos papeles tan… tan… tan suyos, al interpretar a la escocesa asesina de zombies, que parece ser la única que sabe algo de lo que está sucediendo en Centerville. ¡Ah! Y no nos olvidemos de hacer una mención especial al Iggy Pop zombie, que aparece como el primer no-muerto que devora las primeras víctimas y se pirra por el café. Como podéis ver, Los muertos no mueren es una peli de amiguetes, ya que además de los mencionados, también aparece gente como RZA, Tom Waits, Danny Glover —que sigue siendo demasiado viejo para esta mierda—, Steve Buscemi, Caleb Landry Jones, Rosie Perez o Selena Gomez, la mayoría de ellos en pequeños papeles que solo parecen destinados a… morir.

Como no podía ser de otro modo, la cinta contiene todos los tópicos del género, zombies tambaleantes, pasajes oscuros, puertas traseras que nadie recuerda hasta que los muertos vivientes irrumpen por ellas, carnicerías llenas de carne muerta, y ese largo etcétera que toda buena peli de zombies tiene que incluir. Pero, al ir de la mano de un creador de cine independiente muy consciente de que las películas son un medio perfecto para trasmitir un mensaje, también nos da esas pizcas de sabiduría que todos conocemos, pero de las que no somos conscientes hasta que las vemos en una pantalla.

Aunque sea una peli que nos divierta a aquellos tengamos cierta predilección por el humor negro, absurdo y sin demasiado sentido, si examinamos fríamente la peli —como si fuéramos críticos de cine zombies—, veremos que, en realidad, tampoco es una película de zombies destacable, ni tampoco una de las mejores obras de su director. Sin embargo, cuando ahondamos más en ella, veremos que realmente ha sido un divertimento para que todo el equipo se lo pasase bien trabajando en ella, y es justamente ahí dónde reside la gracia de esta simpática cinta de «terror»; y es que cuando alguien disfruta con lo que hace, por mucho que pueda recibir críticas negativas, y consigue transmitir ese gozo al público, este se lo pasará bien si va a las salas sin pretensiones ni intelectuales ni mainstream.