Master and Commander: Al otro lado del mundo (Peter Weir, 2003)

Sep 25, 2018 | Una historia de película

En abril de 1805, en plenas guerras napoleónicas, las órdenes que tiene el buque de guerra británico HMS Surpirse, capitaneado por Jack Aubrey «el Afortunado», son las de localizar y capturar al navío corsario francés Acheron. Sin embargo, apenas las ha recibido, el barco francés ataca por sorpresa a los británicos, obligándolos a huir entre la niebla con un barco que deberá someterse a duras reparaciones, no solo para seguir con su misión, sino también para poder volver a casa. Aunque tiene las de perder, Aubrey contará con una ventaja inesperada, uno de sus marineros vio como construían el Acheron, ofreciéndole lo que más necesita para cumplir sus órdenes, conocer los pocos puntos débiles del navío francés. Con el Surprise listo para seguir navegando, la persecución se reemprenderá justo cuando ambas naves crucen el Cabo de Hornos, para acceder al Océano Pacífico, dónde los franceses se alimentarán cazando barcos balleneros, en las proximidades de las Islas Galápagos. Aunque en un principio no estaba en sus planes, Aubrey se verá obligado a detenerse en las islas cuando Stephen Maturin, el médico del barco e intimo amigo, sufra una herida de bala mientras los infantes de marina intentaban cazar un albatros, que requerirá bajar a tierra firme. Con la necesidad de que Maturin se recupere y de que su tripulación descanse tras el largo viaje y los dos encontronazos con el Acheron, Aubrey opta por permanecer unos días en las Galápagos, durante los cuáles, un convaleciente Maturin podrá examinar la extraordinaria fauna del pequeño archipiélago. Pero, para su mala suerte, durante sus expediciones descubrirá que, al otro lado de la isla, está atracado el Acheron. Muy a su pesar, pero sin dudarlo, el médico alertará a Aubrey que lo dispondrá todo para hacerse, de una vez por todas, con el escurridizo corsario francés.

Las novelas de Patrick O’Brian

Cuando se analiza Master and Commander: Al otro lado del mundo es inevitable referirse a las novelas que le sirvieron como base. En realidad estamos ante la adaptación cinematográfica de dichas novelas, por ello es muy importante tenerlas en cuenta. La serie de veinte novelas históricas de Aubrey-Maturin, escritas por Patrick O’Brian entre 1969 y 1999 nos abren las puertas a la Guerras Napoleónicas, pero desde una óptica un tanto diferente, la Guerra Naval, algo poco habitual, ya que ni el propio Napoleón le daba importancia.

Hijo de un médico de origen alemán y de una mujer de ascendencia irlandesa, Richard Patrick Russ nació en Buckinghamshire, Inglaterra, pero siempre se consideró irlandés por adopción, hasta el punto de afirmar que había nacido en Irlanda y cambiarse el nombre por el de Patrick O’Brian de forma legal en 1945. Con tan solo doce años escribió su primer libro. En la década de 1950, escribió tres obras para jóvenes, The Road to Samarcand, The Golden Ocean y The Unknown Shore. Los dos últimas se basaban en los hechos sucedidos durante la circunnavegación de George Anson en los años 1740-1743. Aunque escritas muchos años antes que la serie protagonizada por Aubrey y Maturin, sus protagonistas —Jack Byron y Tobias Barrow— son claramente sus antecedentes. Además de novelas históricas, O’Brian escribió tres novelas literarias, seis recopilaciones de cuentos y una historia de la Royal Navy para jóvenes. Asimismo, escribió una detallada biografía de Sir Joseph Banks, un destacado científico de finales del siglo XVIII y principios del XIX, gran impulsor de la colonización de Australia. También publicó una biografía de Picasso que constituye un detallado estudio sobre el pintor, a quien había conocido en Collioure, localidad francesa donde Picasso residió algún tiempo. O’Brian fue asimismo un respetado traductor del francés. Entre las obras que tradujo están Papillon, de Henri Charrière, la biografía de De Gaulle escrita por Jean Lacouture y varias obras de Simone de Beauvoir. Pero las obras que le ocuparon los últimos treinta años de su vida y por las que es conocido, fueron las aventuras de la pareja formada por el capitán de la marina británica Jack Aubrey y el cirujano Stephen Maturin. Para elaborar esta serie, O’Brian fue muy cuidadoso y se documentó para escribir y relatar correctamente hasta último detalle, dando lugar a una de las obras literarias más especializadas y bien elaboradas de la historia.

En el caso de esta película en concreto, el argumento se inspira casi por completo en la décima novela, La costa más lejana del mundo (1984). Tenemos que tener en cuenta que, aunque la principal fuente de inspiración fue la mencionada novela, aparecen elementos de otras de la serie, como de la primera, Capitán de mar y guerra (1969), la tercera, La fragata Surprise (1973), o la quinta, Isla Desolación (1978). A pesar de tratarse de una adaptación muy fiel a la novela, hubo capítulos que fueron descartados, como las historias amorosas y el espionaje, en pos de la aventura marítima. En el argumento de la novela de 1984, la HMS Surprise persigue por medio mundo a la fragata americana USS Norfolk durante la Guerra Anglo-Estadounidense de 1812, pero esta fue sustituida por el buque de guerra francés Acheron, ambientando los hechos siete años antes, durante las Guerras Napoleónicas, y así evitar el conflicto con el público norteamericano.

Un elemento que debemos tener en cuenta, tanto al ver la película como al leer los libros, es que el personaje de Jack Aubrey está inspirado en un personaje real, Lord Thomas Cochrane, un marino inglés que luchó a principios del siglo XIX en las Guerras Napoleónicas, y más tarde colaboró en la independencia de Chile y Perú, además de servir en las armadas de Brasil y Grecia.

La vida en el mar

La autenticidad buscada por Weir y su equipo —de la que hablaremos más adelante— se nos muestra a través de un sin fin de cuidados detalles. El primero que puede sorprender es la presencia de niños y jóvenes, algunos con tan sólo ocho años de edad, eran a menudo criados o «porteadores de pólvora», corriendo de un lado a otro para proveer de pólvora a las dotaciones de las baterías de cañones. En el caso de los oficiales, había un régimen de formación en el que jóvenes caballeros, muchos de noble cuna, podían ser tomados a bordo bajo la supervisión del capitán como guardiamarinas, estudiando y adquiriendo una educación a la que no podrían tener acceso en una escuela privada.

Otros de estos detalles que en seguida es perceptible es el alto grado de superstición que hay entre la tripulación. Este miedo a lo desconocido se nos muestra a través de dos elementos. El primero de ellos es que el Acheron es bautizado con el nombre de «el fantasma» por su supuesta e imposible superioridad naval —su velocidad, su indestructibilidad, o sus apariciones repentinas—, otorgándole así cierto grado de sobrenaturalidad. El segundo de ellos, también relacionado con los ataques del Acheron, es la mala suerte que arrastra un oficial, el Señor Hollom, que rápidamente es comparado con Jonás que trae la mala suerte a los marineros, en este caso de la HMS Surprise, ya que siempre es atacado, sufre tormentas o calmas tropicales cuando Hollom está de guardia.

Otro de los elementos que sorprende es el personaje del doctor Maturin, ya que habitualmente los barcos llevaban un cirujano que tan solo sacaba balas y amputaba, muchas veces comparado con un carnicero, «es un médico, no es un cirujano cualquiera, y entiende de aves y bestias. Llevadle un escarabajo y te dirá lo que piensa», dice uno de los marineros, dándole un grado de importancia a Maturin, ya que no es solo un matasanos, sino que sabe lo que hace y es culto, ya que además de médico es naturalista. Este detalle del «cirujano» de la Surprise nos da una breve visión del mundo en ese momento histórico, en el que se están produciendo nuevos avances científicos y descubrimientos en historia natural. Sus actividades dan a entender que Darwin estaba por llegar y que haría ciertos descubrimientos que posteriormente incorporaría a su teoría de la evolución. El respeto y veneración de la historia por las islas se ven reflejados en los estudios del doctor como naturalista y en su ferviente deseo de ver las mismas en el viaje.

Por otro lado, durante toda la película, los marineros y oficiales ingleses se refieren al Acheron y a sus tripulantes como corsarios, no los consideran miembros de la marina francesa, como ellos mismos afirman: «los corsarios reciben un papel de los franceses para que den caza a todo barco con nuestra bandera, y suelen atacar a ricos mercantes».

El 17 de diciembre de 1807, Napoleón promulgó los Decretos de Milán, en los que, entre otras medidas contra el comercio inglés, se multiplicaban las emisión de lettres de marque —más conocidas como patentes de corso— para incrementar el número de corsarios que acechaban a los mercantes británicos. Dichos corsarios, que mucho antes de este decreto ya actuaban en el Mediterráneo y en el Atlántico auspiciados por el gobierno de Napoleón, tenían una doble función. Por un lado de reducir el comercio británico ahogando así su economía, pero esta medida tuvo muy poco éxito, ya que aunque el volumen de tráfico comercial británico cayó en picado, sólo fue temporalmente. Mientras que por el otro atacaban las colonias británicas convirtiéndose en constantes quebraderos de cabeza para las escuadras de la Royal Navy que las protegían.

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Pero los navíos corsarios no eran los únicos que utilizaron esta táctica. En 1805, con la guerra abierta de nuevo, Napoleón desempolvó un viejo proyecto: la invasión de Gran Bretaña. Había que hacer frente directamente a Inglaterra, desembarcar en Dover y marchar sobre Londres. Ahora bien, para atravesar el Canal de la Mancha, era indispensable una superioridad naval, algo que los franceses no tenían. El plan de Napoleón era alejar las escuadras del bloqueo inglesas de la costa francesa y lanzar la invasión antes de que regresaran. Para ello, las flotas francesas y españolas zarparían por separado hacia las Antillas, atrayendo tras ellas los navíos ingleses y dejando el paso de la Mancha libre. Como dice uno de los oficiales del HMS Surprise al ver el poder del Acheron: «una fragata como esa en el Pacífico podría decantar la guerra a favor de Napoleón», ya que obligaría a la flota británica a abandonar el canal en pos de una guerra en el otro extremo del mundo, dejando completamente indefensa la isla de Gran Bretaña. Lo que no tuvo en cuenta Napoleón fueron las órdenes dadas por el almirantazgo británico de no perseguir las naves francesas si suponían una amenaza para la defensa del canal. Por lo que esta estrategia de distracción fue contraproducente, ya que cuando la flota de Villeneuve abandonó el puerto de Cádiz, no tuvo más remedio que enfrentarse con la flota británica en la famosa batalla de Trafalgar.

Nelson y Napoleón

Master and Commander: Al otro lado del mundo es una película ambientada en las Guerras Napoleónicas —a pesar de que en ningún momento aparece el continente europeo, principal escenario de sus batallas, ni el personaje que le da nombre—, pero en este caso se nos muestran los hechos desde la óptica de los británicos, por ello durante toda la película, además de tener constantes referencias negativas hacia la figura de Napoleón, tenemos un amor casi reverencial hacia la de Nelson. A Napoleón lo tildan de loco, egomaníaco, tirano, incluso de ser el mismísimo diablo. Podemos ver como los británicos despreciaban al corso —no tanto por la opinión que tenían de él, sino por su superioridad en el campo de batalla, pero su inferioridad en el mar—, y lo hacían a través sobrenombres, como Boney el Ogro, El viejo Bueno-en-parte. Del mismo modo, en las novelas de Patrick O’Brian también se hacen menciones a esta visión desvirtualizada de Napoleón. Y no sólo a él, sino también a todos los franceses, algo propio de un estado de guerra directa: «¡Bogad como si un francés fuera a violar a vuestra madre!».

Por otro lado, lo que es interesante de ver es la imagina, extremadamente idealizada que se tenía del almirante Lord Horatio Nelson. Al contrario de Napoleón, se hacen constantes alabanzas al almirante, por pertenecer al mismo bando y ser el maestro de muchos de los capitanes británicos —incluso del ficticio Jack Aubrey—, incluso ponen en sus manos en el destino de Inglaterra: «[El almirante Nelson] es la única esperanza que tenemos si Bonaparte se propone invadirnos». Además hay un guiño, bastante evidente hacia Nelson, ya que el joven Lord Blakeney pierde un brazo durante la primera batalla, y más tarde regresa al servicio alentado por el hecho de que si Nelson, a pesar de faltarle un brazo, llegó hasta donde había llegado, él podía hacer lo mismo. Un detalle que debemos tener en cuenta es que Nelson murió en Trafalgar, pero los tripulantes del HMS Surprise, desconocedores de esta noticia, lo siguen alabando, los jóvenes oficiales esperan conocerle, y confían en verlo vencer a Napoleón, cuando probablemente ya había perecido en las costas españolas.

Como vemos, Napoleón no es la única figura inspiradora y evocadora de esta película, sino que rivaliza directamente con otro gran militar de la época, Nelson. Ambos personajes, para bien o para mal, se convierten en figuras que superan su plano físico para convertirse en leyendas, en algo más que simples hombres. Por un lado tenemos a Nelson que se convierte en el héroe de los protagonistas, y no solo por ser un buen marino —algo que ponen en duda algunos personajes—, sino por ser un líder.

En el polo opuesto encontramos a Napoleón que es comparado con el propio diablo y al que deben hacer frente con la ayuda de Nelson. Lo interesante es ver como toda la tripulación del HMS Surprise, a pesar de estar luchando con unos marineros franceses, tienen en mente luchar y derrotar a Napoleón, como si el enemigo de Inglaterra solo fuera Napoleón y no Francia. Algo que nos demuestra dos cosas, primera, que la propaganda en contra Bonaparte funcionaba a la perfección. Y segunda, que la mayoría de gente consideraba que el principal problema de Francia, no eran tanto los efectos derivados de la Revolución, sino la presencia de Napoleón, como si fuera un lastre para todos los franceses que los lleva hacia el mal camino.

La autenticidad de Master and Commander

Peter Weir —que aceptó el proyecto después de que los productores le regalaran una réplica de la espada de Jack Aubrey— quería que Master and Commander: Al otro lado del mundo diera a los espectadores la impresión más exacta posible de la vida a bordo de un barco de guerra en la época. Él y su equipo de asesores históricos fueron implacables en su búsqueda de la autenticidad de la época. Después de decidir centrarse en la décima entrega de la serie, comenzó un largo proceso en el que la meticulosidad de Weir se puso en marcha para, tras unos meses estudiando la época histórica en que se desarrollaría el film —llegando incluso a embarcarse en un navío para saber los modos de vida en el mismo—, encerrarse durante un año para redactar el guión de la cinta junto al médico escocés John Collee. «Yo mismo, estaba rodeado de artefactos de la época mientras trabajaba en el guión; espadas, hebillas de cinturón, mapas… Esperando que me visitaran las musas», afirma Weir, y añade: «la música era otra gran ayuda, cuando andaba a tientas tratando de encontrar la forma de regresar a la época». Weir y Collee siempre tuvieron claro que debían incluir en el guión y todo aquello que debía quedarse fuera, perdiéndose por el camino las mencionadas tramas de espionaje y los momentos románticos de las novelas.

Tras embarcarse dos veces en el Endeavor —una réplica del barco del capitán Cook—, el equipo de producción se hizo con la fragata de madera de tres mástiles Rose, una réplica de un barco de mediados del siglo XIX de la Marina Real británica, que antiguamente había sido el buque escuela más grande de los Estados Unidos. El Rose navegó desde Rhode Island, su base, hasta la costa oeste, a través del Canal de Panamá, soportando un huracán y la ruptura de un mástil antes de llegar a un dique seco donde se preparó su transformación en el HMS Surprise. Como tal, el Rose fue utilizado durante varias semanas de rodaje en el mar por parte de la primera y segunda unidad. Este incomparable «escenario de rodaje» se modificó para ser fidedigno al período, así como también para permitir acomodar al reparto principal, a los realizadores, a los equipos de cámaras, maquillaje, peluquería, vestuario, atrezo y demás departamentos necesarios para rodar las escenas.

Además, los realizadores construyeron un segundo HMS Surprise —un barco en un tanque con sesenta toneladas de agua— en poco más de cuatro meses. Se colocó el barco en un tanque de agua de algo más dos hectáreas y media en los estudios de la Fox en Baja; el hogar del Titanic de James Cameron. Sobre este impresionante tanque fue construido un cardán especialmente diseñado al efecto, el más grande usado jamás en la producción de una película. Potentes mecanismos hidráulicos hacían funcionar este gigantesco mecanismo, que permitía un gran radio de acción, reproduciendo los movimientos de un velero en el mar. «Hicimos toda la travesía desde Brasil a las islas Galápagos en ese tanque», dice Weir. Del mismo modo, se construyó el Acheron en terrenos de un aparcamiento cercano a la entrada principal del estudio, y una vez terminado, fue cuidadosamente partido en cuatro trozos y trasladado con una gigantesca grúa hasta el tanque para usarlo en la batalla final.

Al mismo tiempo, la compañía de efectos especiales neozelandesa Weta Workshop, responsable de los efectos de la trilogía de El Señor de los Anillos, construyó barcos en miniatura. Su Surprise tenía una eslora de algo más de ocho metros. También se construyeron digitalmente otros modelos en los ordenadores de la empresa de efectos visuales Asylum. Además, en los propios estudios de la Fox en Baja, se crearon escenarios independientes de las cubiertas de ambos barcos, los camarotes de la tripulación del Surprise y el Gran Camarote del capitán Aubrey.

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El realismo fue la máxima que imperó en todo el proceso de producción, sacrificándose por ejemplo la comodidad del movimiento de las cámaras en aras de que los techos de las cubiertas del navío tuvieran la altura que habrían tenido en realidad, contándose para ello con los planos originales de la verdadera HMS Surprise.

Cuando los decorados estuvieron listos, los actores que interpretaban a los oficiales y a la tripulación de la Surprise siguieron un proceso de aprendizaje para sumergirse en los rigores de la vida a bordo de un barco. Se entrenaron en mar abierto navegando en el Rose, subiendo por las jarcias, ejercitándose en la navegación, manejando armas cortas, cañones, lucha de espadas, etiqueta militar y aprendiendo a hacer el trabajo de los personajes a los que encarnan en el film.

Para recrear esta época, desde los barcos al vestuario, pasando por el maquillaje, o el atrezo, los realizadores utilizaron, además de su equipo de asesores, una gran cantidad de recursos históricos puestos a su disposición. Incluyendo la colaboración de varios museos, el acceso a objetos de la época, pinturas, diarios, ilustraciones, cuadernos de bitácora, diseños originales, así como también el mundo ricamente recreado y descrito por Patrick O’Brian en sus novelas. Se montó una gran biblioteca de apoyo en el estudio, animando y alentando al reparto y al equipo de realización a hacer uso de la misma.

Como curiosidad, la producción de Master and Commander: Al otro lado del mundo tiene el honor de ser la única película que se ha rodado hasta ahora en las Galápagos. Provincia de Ecuador, las Galápagos son el hogar de un gran ecosistema de plantas y especies animales únicas en el mundo, incluyendo las casi extinguidas tortugas gigantes. Antes de obtener los pertinentes permisos para rodar en las Galápagos, los realizadores se pasaron meses tratando la cuestión con el gobierno ecuatoriano y los representantes del Parque Nacional de las Galápagos, respecto a la envergadura de las actividades de la productora en el parque así como en lo tocante a la forma de presentar las islas dentro de la historia. A pesar de que durante los siete días de rodaje se obtuvo un material impresionante, los requerimientos logísticos determinaron que también habían de recrear el lugar en Baja. El pintor de máscaras digitales Robert Stromberg de Digital Backlot trabajó con ILM para transformar los grises acantilados de Baja en el fantástico paisaje de las Galápagos. Además, Asylum reprodujo de forma digital pájaros, iguanas y otras especies de la fauna original de las Galápagos, para las escenas rodadas en Baja.

Master and Commander como fuente histórica

La funcionalidad de esta película es, a primera vista, más que evidente, mostrarnos el día a día de un barco de principios del siglo XIX. Y no solo un barco británico, sino también francés, ya que si bien la vida a bordo tenía sus diferencias según la cultura de cada país, a grandes rasgos la forma como se comportaban un grupo de marineros y oficiales embarcados en una fragata, por ejemplo, difería más bien poco.

Ahora bien, cuando uno presta más atención al ver Master and Commander: Al otro lado del mundo, podrá ver que esta película no tan solo nos muestra la vida a bordo de un barco, sino que es un retrato de la sociedad de la época. Desde las relaciones entre las diferentes clases sociales —por ejemplo, el joven guardiamarina Blakeney es tratado por todos, incluso el capitán, de Lord, por su origen familiar—, a el papel que jugaban los oficios en ella —como, por ejemplo, el personaje del doctor, que no es solo un cirujano, sino que tiene conocimientos—, sin olvidarnos de la presencia de un incipiente naturalismo, testigo de las épocas que están por venir.

Finalmente, tal vez el que sea el elemento más importante de la película —en cuanto a interpretación histórica—, es como los personajes caracterizan a sus héroes, dándonos un contrapunto a la clásica imagen del Napoleón heroico. En este caso, además de criticar la figura del emperador, se nos presenta a un personaje que es comparable a éste, el Almirante Nelson.