Mon chien Stupide o Mi perro Estúpido —traducido en nuestro país por Buenos principios… una de esas cosas de las que es mejor hablar— es una historia introspectiva alrededor de una mente creativa que se ha quedado sin ideas debido a la rutina de su vida familiar. Henri Mohen es un escritor que después de veinte años de su primer y único éxito se ha quedado estancado en una vida en la que nada lo inspira y en la que las deudas empiezan a apilarse debido a la falta de ventas de sus libros posteriores… mierda, según él mismo. Por si esto fuese poco, su familia formada por una esposa alcohólica y adicta a las pastillas y cuatro hijos que lo culpan por todo, aunque no tenga nada que ver, lo tratan como cajero automático, criado y diana de todos sus problemas. Será justo en este momento de crisis, cuando aparezca un perro —un enorme mastín napolitano de mirada triste— en su jardín y se meta en su casa sin que nadie ni nada pueda sacarlo de ella. Aunque en un principio espera que el perro se vaya, con el paso de los días verá que el perro se siente cómodo en su sofá y, lo que es más importante, él se siente cómodo con el perro en su vida. A pesar de ello, el comportamiento del animal, sexualmente lascivo y sin demasiadas luces, llevará a que sea bautizado como Estúpido.

Para todos aquellos que crean que estamos ante la enésima versión de Beethoven, les digo que no, no es una comedia familiar, ni tan siquiera podemos considerarla comedia —aunque nos haga reír—, ya que se asemeja más a un realismo apabullante, lleno de verdades y sin medias tintas, muy en la línea de la narrativa de John Fante, autor de la obra en la que se basa la película. En realidad, el perro es la excusa, el detonante para que la vida estancada del protagonista desborde y, de un modo u otro, avance, aunque no sepa en que dirección. Incluso, podríamos afirmar que, si el perro solo fuera un sujeto elíptico, solo mencionado pero que no apareciera en pantalla, la historia iría en la misma dirección y de la misma forma; pero no nos engañemos, a todo el mundo le gusta ver a un perro de pieles anchas babeando sobre un sofá o fastidiando al personal a favor de su amo… todos querríamos un Estúpido en nuestras vidas.

La verdad sobre esta película —así como la novela original en la que se basa— es que es una manera de explorar los sentimientos de un hombre adulto y que no ve ninguna meta en su vida —no hace falta que sea creativa—, con una mujer que no siente interés y unos hijos que tienen edad para abandonar el nido —aunque no pretensión de hacerlo—, Henri es el sinónimo de la crisis de los cincuenta convertida en película.

Una de las virtudes de esta peli es que, a pesar de ser un cínico con mal humor, no nos costará nada conectar con Henri y ponernos en su piel, sentirnos ese escritor fracasado que siente nostalgia por Roma —destino idealizado por el recuerdo— en la que escribió su gran ópera prima; y eso es gracias al papel que juega Yvan Attal. En cada fotograma, en cada línea de diálogo y en cada pequeña brizna de la trama, podemos ver que se trata de un proyecto muy personal de Attal, que no solo ejerce como director, guionista y protagonista, sino que cuenta con su esposa, Charlotte Gainsbourg, y su hijo, Ben Attal, para dar vida a alguno de los pocos personajes de los que se compone, acercándose mucho al formato teatral.

Sin embargo, al mismo momento, esta gran virtud es también su gran defecto, ya que, si no conseguimos establecer esta conexión, no logramos meternos en la piel de Henri, nos parecerá un ejercicio pedante de autocomplacencia, sin otro objetivo que justificar los actos de un cincuentón sin ganas de vivir, pero con deseos de joder al personal. Además, aquellos que quieran ir en contra de este film —entre los que no me encuentro—, en seguida podrán calificarla de sosa y de demasiado francesa para que pueda ser comprendida más allá del país galo, sobre todo por un final muy plano y silencioso… en el que si nos detenemos un momento comprenderemos que el final feliz no reside en el hecho de lograr las metas, sino de ser felices con nuestra vida… como un perro. Algo que podemos comprender si, cuando aparecen los créditos, recordamos la voz en off de Henri cuando nos dice: «Si consigues quedarte sentado en silencio después de enterarte de una mala noticia; si cuando la suerte pega un vuelco te mantienes totalmente tranquilo; si puedes comer con alegría todo lo que se te pone en el plato; si puedes correr durante todo el día y dormirte por la noche sin una copa o una pastilla; si puedes sentir satisfacción independientemente del lugar en el que te encuentres… probablemente seas un perro».

A grandes rasgos, Mon chien Stupide es un historia intimista que busca representar ese momento en la vida de todos en los que la vida nos parece fútil y carente de significado, sin un objetivo real; algo que las mentes creativas tienden a sufrir siempre que intentan forzar a la musa de la inspiración para que les dé una buena idea.